El asunto podría haber quedado en un plano técnico. Se ha vuelto político, identitario y ahora también parlamentario. El 26 de febrero de 2026, el presidente Brice Clotaire Oligui Nguema promulgó una ordenanza que revisa en profundidad el Código de la nacionalidad. Pero fue la salida del silencio del Gobierno, el 1 de abril, lo que reactivó el debate: el texto no es definitivo y el Parlamento tendrá la última palabra antes de su ratificación.
«El procedimiento se ha respetado en su forma jurídica», aseguró el portavoz del Gobierno, el profesor Charles Edgar Mombo, rechazando las acusaciones de precipitación o de imposición.
El núcleo del debate reside en la propia definición de lo que es un «gabonés de origen». Geoffroy Foumboula Libeka, actor cívico, celebra un retorno al espíritu de los padres fundadores: «Este código vuelve a las disposiciones del código inicial de Gabón. En 1962, el artículo 9 establecía que el gabonés de origen es aquel nacido de al menos un progenitor de ascendencia gabonesa.»
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Según él, la modificación de 1999, que había eliminado la mención «de ascendencia gabonesa», abrió la puerta a derivas al conceder los mismos derechos a hijos de extranjeros nacidos en Gabón. «El presidente Oligui, al reintroducir la ascendencia autóctona, restaura la dignidad del pueblo gabonés», defiende.
Frente a esta interpretación, surge otra voz, más alarmista. Marlène Essola Efountame, jurista, denuncia una ruptura con los principios republicanos. «No somos una dictadura. Una república se rige por la libertad, la igualdad y la fraternidad. Aquí se jerarquiza a los gaboneses. Se crea división y heridas.»
Su preocupación también se centra en los riesgos jurídicos concretos. El nuevo código prevería la retirada de la nacionalidad por vía administrativa, sin un marco previamente definido.
«Todo puede considerarse una amenaza a la nación. Quedará a discreción del presidente. Entonces, ¿quién se atreverá a invertir en Gabón arriesgándose a perderlo todo de un día para otro?», se pregunta.
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Por ahora, el texto es una espada de Damocles suspendida sobre el debate. El Gobierno ha prometido un examen «por las dos cámaras del Parlamento, con posibilidad de modificaciones». Solo esta etapa, seguida de una ratificación, dará carácter definitivo a la ley.
Queda una pregunta en el aire: ¿se atreverá el poder legislativo a modificar una reforma impulsada por el Ejecutivo, sobre un asunto tan divisivo? Las próximas semanas en la Asamblea Nacional de Libreville dirán si Gabón opta por la «restauración identitaria» o por el mantenimiento de un código de carácter universalista.
