Numerosos periodistas y defensores de los derechos humanos languidecen en las prisiones argelinas, víctimas de la estrategia del régimen para criminalizar las voces disidentes. Entre ellos se encuentra Hassan Bouras, un activista contra la corrupción. Con estas acciones, el poder político persigue un doble objetivo encaminado a criminalizar las opiniones independientes y borrarlas de la conciencia colectiva, en un contexto donde la prensa y los partidos políticos ya han sido silenciados.