Con «Tourat», Omary lleva la aita, el beldi y la ghaita a la música electrónica

Omary, DJ y productor musical marroquí. (K. Essalak/Le360)

El 21/10/2026 a las 13h40

VídeoEl DJ y productor Omary publica «Tourat», su segundo álbum. Sus doce temas fusionan la ghaita, la aita, el beldi, la música amazigh y la música clásica árabe con sonidos electrónicos. En esta entrevista con Le360, habla de sus colaboraciones artísticas, de sus influencias turcas y de la grabación de un tema junto a su padre, en la intimidad familiar.

Omary creció escuchando música clásica árabe y marroquí, que se cantaba en su familia. Fue su padre, Abdo, quien le enseñó música. Más tarde se adentró en la electrónica y ofreció su primera sesión como DJ en 2008, en Casablanca. En noviembre de 2022 publicó su primer álbum, «Soul Of Winds», inspirado en las músicas de África, Oriente Próximo y Asia, con instrumentos de viento de distintos países, desde el ney y el bansuri hasta el saxofón. Con «Tourat», que sale este viernes 23 de octubre, vuelve al patrimonio marroquí en el que creció. Cuenta que pasó años preparando el disco y trabajando con músicos y cantantes tradicionales para conocer sus códigos.

Le360 «Tourat» significa patrimonio. ¿Qué representa esta palabra para usted y por qué la eligió como título del álbum?

Omary Remite, ante todo, al patrimonio de Marruecos, el país del que vengo, pero también al mío, al que forma parte de mi historia. Desde muy joven escuchaba música clásica árabe y marroquí. Esas dos identidades forman parte de mí y había llegado el momento de llevarlas a la música que hago hoy, la electrónica. De ahí el título del álbum.

El disco empieza con la ghaita. ¿Qué imagen o recuerdo de infancia le viene primero a la cabeza cuando escucha este instrumento?

El Aid al-Adha o el Aid al-Fitr, las dos grandes fiestas religiosas del país. Para celebrar cualquiera de ellas, igual que en las bodas, se suele recurrir a este instrumento, que acompaña la alegría de la ocasión. Por eso era esencial para mí abrir el álbum con la ghaita, que da acceso a toda la riqueza del patrimonio musical marroquí.

¿Cómo encontró el equilibrio entre la energía electrónica y la profundidad de las voces tradicionales?

Crecí escuchando música tradicional, así que no tuve que adaptarme a ella. Forma parte de mis raíces. Cuando la escuchas tanto, educas el oído y trasladarla a un estilo nuevo, como la electrónica, se vuelve algo natural. Eso sí, hay que respetar sus códigos. Escucharla está bien, pero entenderla es aún mejor. Por eso he tratado con muchos músicos y cantantes tradicionales, tanto de música marroquí como de música clásica árabe, para comprender los rasgos y los significados propios de cada universo. Llevo años trabajando en ello y por eso la producción de este álbum ha llevado tanto tiempo.

Doce temas y otros tantos encuentros con Khalid Elhamri, Nourani, Aziz Ozouss, Badr Sabry, Yasser Radif… ¿Cómo eligió a estos artistas?

Con pasión y, a veces, por casualidad. A la mayoría no los conocía. Me los presentaron o coincidí con ellos en los lugares donde trabajaba por entonces. Venían a cantar y nos decíamos que teníamos que hacer algo juntos. Recuerdo muy bien que, al principio, ni siquiera estaba previsto que Badr Sabry participara en el proyecto. Hace unos años los dos teníamos mucha actividad en el circuito de eventos de Rabat. Allí donde yo pinchaba, él cantaba, y viceversa. Pasamos por casi todos los restaurantes y locales de ocio de la ciudad. Como es muy conocido por sus canciones de aita y su repertorio tradicional, un día nos sentamos y pensamos que por qué no. Era la persona más indicada para este estilo, porque llevar la aita a la electrónica no es nada sencillo.

Yasser Radif había interpretado este estilo en la primera edición de «Starlight». Suelo seguir programas de este tipo para descubrir talentos, pero me fijo desde el principio. Nunca espero a que termine el programa para decidir con quién quiero colaborar. Desde los primeros episodios, señalo a alguien y pienso que puede funcionar. Él no ganó el programa, pero yo sí lo gané a él. Es un cantante muy bueno.

Khalid Elhamri es, para mí, uno de los pocos grandes intérpretes de beldi. Tiene un estilo muy depurado que hoy ya casi no se encuentra. Es letrista y compositor, y domina un registro que apenas se escucha ya en Marruecos. Tuvo que adaptarse a mi universo electrónico. No fue fácil, pero superó el reto.

Aziz Ozouss es un maestro de la música amazigh. Domina el rabab, el laúd y los instrumentos de cuerda en general, además de tener una gran voz. Lo que me conquistó de él es que no estaba previsto que participara en el álbum. Llevaba varios meses en Dubái y echaba de menos Marruecos. Necesitaba recuperar ese toque marroquí, así que empecé a crear temas inspirados en nuestro patrimonio musical para pincharlos en los locales donde trabajaba allí. Le dije: «Aziz, necesito algo puramente tradicional, amazigh, que conecte con las raíces». Y así surgió.

En el álbum no hay solo cantantes, también participan DJ. Conozco muy bien a todos mis colaboradores. No impuse nada a nadie y nadie me impuso nada a mí. La conexión, la buena relación humana y artística, fue lo que dio lugar a estas colaboraciones.

Con «Horasan» se adentra en Turquía, mientras que el resto del álbum habla de sus raíces marroquíes y árabes. ¿Qué dice esta apertura sobre su manera de entender el patrimonio?

Turquía no fue una elección casual. Fue el primer país extranjero al que viajé, también por motivos profesionales, y sigue siendo una de las experiencias que más me han marcado. Su historia es de una riqueza excepcional y siempre ha sido una fuente de inspiración para mí.

Ya había dedicado un tema a Turquía en mi primer álbum, «Sufi», y me pareció natural repetir la experiencia en este segundo disco. Pero esta vez fui más lejos. El tema se inspira en una antigua leyenda turca. Quería incorporar esa dimensión cultural al álbum.

En «Diwane», su padre, Abdo, canta quién es usted y en quién se ha convertido…

Para ser sincero, esta canción se escribió a mi lado, durante la etapa más difícil de mi vida personal y profesional. Él cantaba y ni siquiera sabíamos qué haríamos con la grabación. Pero le dije: «Eres mi padre, estás cantando, nos lo estamos pasando bien y tú me enseñaste música. Por supuesto que tienes que estar en mi álbum».

¿Por qué no contó con su padre en su primer álbum?

Estaba previsto, pero atravesamos algunas dificultades familiares, como ocurre en cualquier familia, y consideré que no era el momento adecuado. Así que aplazamos el proyecto. Fue hace cinco años. Cuando volví a verlo, le dije: «Voy a publicar mi segundo álbum y “Tourat” soy yo, es Omary en toda su autenticidad. Pase lo que pase, esta canción verá la luz». La grabación se hizo en condiciones caóticas, en mi casa, en mi despacho, de manera espontánea y con los medios que teníamos a mano. Aun así, quería incluir ese tema en el álbum a toda costa.

¿Qué sintió la primera vez que escuchó sus palabras en la voz de su padre?

Fue muy emocionante. Era él quien cantaba, pero la letra era enteramente mía. La canción cuenta quién soy y qué represento. Por eso estaba claro que tenía que formar parte del álbum. Escuchar a tu padre cantar una letra que habla de ti es profundamente conmovedor.

Después de «Tourat», ¿qué quiere transmitir?

¡Harían falta tres entrevistas como esta para responder! Mi prioridad es transmitir la riqueza de nuestra cultura. Es una lucha de todos los días. Como DJ y productor, sería muy fácil no adentrarme en ella, no complicarme la vida y hacer música electrónica como todo el mundo, con piano, guitarra y ordenador. Ya lo he hecho. Pero basta con mirar lo que ocurre en el mundo. Cada artista, ya sea productor, DJ o proceda de cualquier otra disciplina, intenta transmitir lo que siente, quién es y de dónde viene. Para mí, esos tres elementos son esenciales. Todos los DJ conocidos en el mundo comparten algo ligado a sus orígenes. Los artistas franceses no dejan de hablar de la French Touch; los sudafricanos defienden la música africana, la historia de África y lo que ocurre hoy en el continente. Como artista, tengo que sentirme orgulloso de mi cultura marroquí. Hoy viajo por todo el mundo y me enorgullece ser embajador de la música marroquí. Cada día trabajo para llevar la riqueza de Marruecos a todos los rincones del mundo.

Por Camilia Serraj y Khalil Essalak
El 21/10/2026 a las 13h40