Cada mes de septiembre, las calles próximas a la Alcazaba y la Plaza Alta de Badajoz recuperan el nombre de Batalyaws. El mercado, las representaciones históricas, la música, los talleres y las indumentarias de inspiración árabe recuerdan el periodo en el que la ciudad fue uno de los grandes centros políticos y culturales del occidente de Al Ándalus.
La celebración se llama Almossassa, una palabra que significa «la fundación». Desde 1998, la ciudad conmemora con esta fiesta el nacimiento de Badajoz en el año 875 y la figura de Abd al-Rahman Ibn Marwan al-Yilliqi. Sin embargo, la fundación de la ciudad y la aparición de la taifa de Badajoz no fueron un mismo acontecimiento. Entre ambos episodios transcurrió cerca de un siglo y medio.
Una ciudad nacida de una rebelión
El territorio en el que actualmente se encuentra Badajoz estuvo ocupado desde tiempos prehistóricos y conserva restos de diferentes periodos. No obstante, las instituciones locales consideran que su configuración como ciudad se produjo durante la etapa musulmana.
En el año 875, Abd al-Rahman Ibn Marwan, conocido como al-Yilliqi, fundó Batalyaws sobre el cerro de la Muela, el lugar en el que hoy se levanta la Alcazaba. Era un dirigente muladí originario de Mérida que se había rebelado contra el poder del emirato omeya de Córdoba.
Leer también : Al-Ghassani, el embajador de Moulay Ismaïl que contó la España de 1690
Tras años de enfrentamientos, Ibn Marwan alcanzó un acuerdo con el emir Muhammad I que le permitió establecerse junto al Guadiana. Allí levantó su centro de poder, protegido por una posición elevada y estratégica. Las primeras defensas de la ciudad se construyeron con adobe y tapial y constituyeron el origen del recinto fortificado que sería ampliado por los distintos gobiernos posteriores.
Batalyaws nació así como el refugio de un rebelde, pero también como un nuevo centro político en el oeste de Al Ándalus. Durante varias décadas, Ibn Marwan y sus descendientes mantuvieron una amplia autonomía frente a Córdoba, tejiendo alianzas según las necesidades militares y políticas del momento.
Esta primera etapa independiente terminó en el año 930, cuando Abd al-Rahman III incorporó Badajoz al Califato de Córdoba. La ciudad quedó integrada en el poder califal, pero su posición estratégica, próxima al Guadiana y a las rutas del occidente peninsular, le permitió conservar una importancia política y militar creciente.
El nacimiento de la taifa de Badajoz
La taifa apareció mucho después de la fundación de la ciudad. A comienzos del siglo XI, el Califato de Córdoba entró en una profunda descomposición que fragmentó Al Ándalus en diferentes reinos independientes.
En ese contexto, Sabur al-Saqlabi consolidó en Badajoz un poder autónomo. Antiguo esclavo de origen oriental vinculado a la administración cordobesa, Sabur gobernó la ciudad hasta su muerte en 1022 y sentó las bases del nuevo reino.
Tras su fallecimiento, Abdallah ibn al-Aftas tomó el poder y fundó la dinastía aftasí, que gobernaría Badajoz durante cerca de siete décadas. Comenzaba entonces el periodo de mayor esplendor político de Batalyaws.
La taifa llegó a abarcar cerca de 100.000 kilómetros cuadrados. En su momento de máxima extensión, sus dominios alcanzaron el Atlántico y comprendieron amplias zonas de los actuales territorios de España y Portugal. El reino limitaba con Galicia y León al norte, con Sevilla y Sierra Morena al sur y con el Algarve al oeste, de acuerdo con la reconstrucción histórica del Ayuntamiento de Badajoz.
Badajoz no era, por tanto, una pequeña ciudad periférica. Era la capital de un extenso reino que ocupaba buena parte del occidente peninsular y controlaba territorios y rutas esenciales. Su historia estuvo estrechamente vinculada a ciudades como Mérida, Évora, Lisboa y Santarém, además de las plazas situadas a ambos lados de la actual frontera entre España y Portugal.
Una corte entre la guerra y la cultura
La extensión territorial de la taifa no garantizó su estabilidad. Los aftasíes tuvieron que enfrentarse a otros reinos musulmanes, especialmente a la taifa de Sevilla, además de soportar la creciente presión militar de los reinos cristianos del norte.
Las guerras, las disputas internas y el pago de tributos coexistieron, sin embargo, con una intensa actividad cultural. La corte de Badajoz se convirtió en un lugar de encuentro para poetas, juristas, escritores y eruditos.
Uno de sus soberanos más destacados fue al-Muzaffar, que gobernó entre 1045 y 1067 o 1068. Además de dirigir política y militarmente el reino, fue un hombre de letras y promovió una gran enciclopedia conocida como «Al-Muzaffariyya». Los estudios sobre la literatura de Al Ándalus sitúan a la corte aftasí entre los principales focos culturales del siglo XI.
Entre las figuras relacionadas con aquel ambiente cultural se encuentra Ibn Abdun de Évora, poeta y prosista vinculado al último periodo de la dinastía. Su trayectoria refleja una corte en la que el ejercicio del poder convivía con la literatura, la poesía y el conocimiento.
Leer también : Ahmad ibn al-Mahdi al-Ghazzal, un marroquí por la España de Carlos III
Este esplendor cultural se produjo en medio de una creciente fragilidad política. Como han señalado los estudios dedicados a la taifa de Badajoz, el florecimiento de las letras avanzó al mismo tiempo que aumentaban las amenazas militares y las divisiones que terminarían debilitando al reino.
El final de los aftasíes
El último gran soberano de la taifa fue al-Mutawakkil. Su reinado estuvo marcado por la presión de Alfonso VI de León y Castilla y por la llegada de los almorávides a la península ibérica.
Los almorávides habían sido llamados desde el Magreb para ayudar a los reinos andalusíes frente al avance cristiano, pero terminaron incorporando las taifas a su propio imperio. Badajoz fue ocupada en 1094 o 1095 y al-Mutawakkil fue ejecutado junto con varios miembros de su familia. Con su muerte terminó la dinastía aftasí.
La desaparición de la taifa no puso fin inmediatamente a la etapa musulmana de Badajoz. La ciudad permaneció bajo dominio almorávide y posteriormente almohade hasta su conquista por Alfonso IX de León en 1230. En total, Badajoz fue una ciudad musulmana durante cerca de cuatro siglos.
La Alcazaba continúa siendo el principal testimonio monumental de ese periodo. Aunque experimentó numerosas ampliaciones y transformaciones, su origen se encuentra en el asentamiento levantado por Ibn Marwan en el siglo IX. Desde aquel cerro comenzó el desarrollo de la ciudad que terminaría convirtiéndose en capital de la taifa.
Una historia que vuelve cada septiembre
Almossassa recupera actualmente estos dos grandes capítulos de la historia pacense. Por un lado, recuerda la fundación de Batalyaws por Ibn Marwan en el año 875. Por otro, evoca el esplendor posterior del reino aftasí, aunque la taifa no surgiera hasta el siglo XI.
La fiesta ha trasladado esa memoria desde los libros y los restos arqueológicos hasta las calles. La Alcazaba, la Plaza Alta y el casco antiguo se convierten durante varios días en escenarios de representaciones, conferencias, mercados y actividades relacionadas con el pasado andalusí de la ciudad.
Más que recrear con exactitud una única época, Almossassa reúne diferentes momentos de los casi cuatro siglos de presencia musulmana en Badajoz. Esa mezcla explica que la celebración hable al mismo tiempo de Ibn Marwan, de la taifa, de los aftasíes y de Batalyaws.
Detrás de los puestos, los turbantes y las chilabas se encuentra, por tanto, una historia mucho más amplia. Es la historia de una ciudad fundada por un rebelde, integrada después en el Califato de Córdoba y convertida finalmente en la capital de uno de los mayores reinos del occidente de Al Ándalus.
