Precios, distancias y calor, las advertencias del Mundial 2026 para 2030

Ceremonia de clausura del Mundial 2026 en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, el 19 de julio de 2026, durante la final entre Argentina y España.. AFP or licensors

El 26/09/2026 a las 14h00

El torneo organizado por Estados Unidos, Canadá y México confirmó el enorme potencial económico del nuevo formato de 48 selecciones, pero también expuso problemas relacionados con los desplazamientos, el calor, la recuperación de los jugadores, el precio de las entradas y el peso creciente de los intereses comerciales. Un editorial académico analiza unas dificultades que adquieren especial relevancia ante un Mundial 2030 repartido entre seis países y tres continentes.

El Mundial de 2026 debía mostrar la capacidad del fútbol para organizar su mayor competición hasta la fecha. Con 48 selecciones, 104 partidos y 16 ciudades anfitrionas distribuidas entre Estados Unidos, Canadá y México, el torneo rompió varias de las dimensiones conocidas hasta entonces. También dejó al descubierto las dificultades que acompañan a una competición cada vez más extensa, dispersa y sometida a enormes intereses económicos.

Estas tensiones son analizadas por Néstor Ordoñez-Saavedra, académico de la Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales de Bogotá, en un editorial publicado por la Revista Digital Actividad Física y Deporte. El texto examina el Mundial norteamericano desde la perspectiva de la integridad deportiva y plantea una pregunta que va más allá de los resultados obtenidos sobre el terreno de juego. ¿Puede una competición de estas dimensiones garantizar al mismo tiempo el bienestar de los futbolistas, la igualdad deportiva, el acceso de los aficionados y la transparencia económica?

El interrogante también interesa directamente a los organizadores del Mundial de 2030. Marruecos, España y Portugal acogerán la mayor parte de la competición, mientras que Uruguay, Argentina y Paraguay albergarán un partido conmemorativo cada uno para celebrar el centenario del torneo. La próxima edición volverá a reunir a 48 selecciones, pero extenderá su escenario a seis países y tres continentes.

El precio de un Mundial gigantesco

La ampliación del torneo ha permitido incorporar a 16 selecciones más que en Qatar 2022 y aumentar considerablemente el número de encuentros. La edición de 2026 fue la primera con 48 equipos y 104 partidos, 40 más que en el formato anterior.

Ese crecimiento amplió la representación internacional, pero también incrementó la presión sobre el calendario, las sedes y los futbolistas. Ordoñez-Saavedra toma como ejemplo el recorrido de Colombia, obligada a jugar en cinco ciudades y a desplazarse entre México, Estados Unidos y Canadá. El equipo tuvo que adaptarse en pocas semanas a diferentes husos horarios, temperaturas y condiciones ambientales.

El caso colombiano permite ilustrar un problema común a las selecciones participantes. Las distancias entre las sedes dificultaron la recuperación, obligaron a acumular horas de vuelo y sometieron a los jugadores a cambios constantes de clima. A ello se añadió el desgaste que muchos futbolistas ya arrastraban después de completar la temporada con sus clubes.

La FIFA aseguró que el calendario había sido elaborado para reducir los desplazamientos y garantizar el mayor número posible de jornadas de descanso. Sin embargo, la extensión geográfica del torneo hizo inevitable que algunas selecciones recorrieran miles de kilómetros durante la competición.

El precedente importa para 2030. Aunque Marruecos, España y Portugal forman un espacio geográfico mucho más compacto que el norteamericano, la distribución de partidos entre los tres países exigirá una coordinación precisa del calendario, los transportes y las concentraciones de las selecciones. A ello se sumarán los tres encuentros conmemorativos previstos en Sudamérica antes del traslado de la competición a las sedes principales.

La fórmula permitirá celebrar el centenario en el continente donde nació el Mundial, pero también introduce un desafío inédito. Los equipos que disputen esos primeros encuentros tendrán que cruzar el Atlántico para continuar el torneo, con las consecuencias que ello puede tener sobre el descanso y la igualdad de condiciones.

El calor convertido en problema deportivo

Las temperaturas extremas ocuparon un lugar importante durante el Mundial de 2026. Algunos encuentros se disputaron con una sensación térmica cercana o superior a los 40 grados, una circunstancia que obligó a reforzar las pausas de hidratación y las medidas de protección.

El editorial reconoce la utilidad de estas interrupciones, pero señala también su aprovechamiento como nuevas ventanas publicitarias durante las retransmisiones. Una medida creada para proteger la salud de los jugadores terminó así incorporada a la explotación comercial del torneo.

El episodio resume una de las principales críticas del autor. Las decisiones deportivas y sanitarias conviven cada vez más con los intereses de los patrocinadores, las cadenas de televisión y los operadores comerciales. La integridad de la competición no depende únicamente de combatir el dopaje, el racismo, las apuestas ilegales o el amaño de partidos. También exige que la salud de los jugadores no quede subordinada al espectáculo ni a la rentabilidad.

Marruecos, España y Portugal deberán enfrentarse a esta misma cuestión en 2030, especialmente si una parte de los partidos se programa en horarios pensados para maximizar las audiencias internacionales. Las temperaturas estivales pueden variar considerablemente entre las ciudades candidatas y obligarán a combinar las exigencias televisivas con la protección de futbolistas y aficionados.

La entrada al estadio como producto de lujo

El Mundial de 2026 confirmó igualmente el extraordinario valor económico alcanzado por la competición. La FIFA distribuyó 655 millones de dólares en premios, con 50 millones para la selección campeona y 33 millones para la finalista.

Sin embargo, el crecimiento de los ingresos coincidió con una fuerte presión sobre el precio de las entradas, los viajes y el alojamiento. El editorial advierte de que los elevados costes restringieron el acceso de una parte de los aficionados y debilitaron la dimensión popular de un acontecimiento presentado como una celebración mundial.

La reventa constituye otro de los puntos cuestionados. Cuando el acceso al estadio depende de plataformas secundarias y precios desorbitados, el aficionado deja de ocupar el centro del torneo y pasa a convertirse en una fuente adicional de rentabilidad.

Esta será otra prueba para 2030. El Mundial repartido entre varios países puede abrir la competición a públicos diferentes, pero también elevar el coste de los desplazamientos. La coordinación de la venta de entradas, las conexiones ferroviarias y aéreas, el alojamiento y el transporte entre sedes será esencial para evitar que el torneo quede reservado a quienes puedan asumir un presupuesto elevado.

Una advertencia para seis países

La edición de 2030 no reproducirá exactamente el modelo norteamericano. Marruecos, España y Portugal están separados por distancias menores y cuentan con conexiones marítimas y aéreas ya consolidadas. El desarrollo de nuevas líneas ferroviarias, aeropuertos, estadios e infraestructuras puede reducir parte de las dificultades observadas en 2026.

No obstante, la experiencia norteamericana demuestra que el éxito organizativo no puede medirse únicamente por la audiencia, los ingresos o el número de partidos. También dependerá del impacto sobre las ciudades anfitrionas, del uso posterior de las infraestructuras, del gasto público asumido y de la capacidad para mantener el fútbol al alcance de los aficionados.

Cuanto mayor se vuelve el Mundial, más difícil resulta equilibrar los intereses de la FIFA, las federaciones, los patrocinadores, las televisiones, los gobiernos, las selecciones y el público. El desafío para 2030 será todavía más complejo. Marruecos, España, Portugal, Uruguay, Argentina y Paraguay deberán coordinar una competición que quiere celebrar un siglo de historia y, al mismo tiempo, presentarse como un modelo para el futuro. La lección de 2026 es clara. Organizar el Mundial más grande no bastará. También habrá que conseguir que su tamaño no termine jugando contra el propio fútbol.

Por Faiza Rhoul
El 26/09/2026 a las 14h00