Mientras Marruecos avanza en la construcción de infraestructuras de gran escala, incluido un estadio de nueva generación pensado precisamente para albergar los mayores eventos del torneo, el Ejecutivo español da señales de considerar la final prácticamente como un objetivo propio, hasta el punto de que el debate se centra ya en qué ciudad del país la acogería.
Las declaraciones de la ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, Milagros Tolón, han reforzado esta percepción. «La final tiene que ser en España», afirmó durante un foro organizado por Europa Press, subrayando la voluntad política de asegurar el partido más emblemático del torneo frente a sus socios en la candidatura conjunta, Marruecos y Portugal.
Sin embargo, la ministra evitó pronunciarse sobre la sede concreta, en un momento en el que varias ciudades españolas aspiran a posicionarse. El Estadio Santiago Bernabéu aparece como favorito, aunque otras opciones siguen sobre la mesa, lo que abre una competencia interna cada vez más visible.
Esta dinámica contrasta con la estrategia marroquí, más enfocada en consolidar una oferta estructurada y ambiciosa. El Reino no solo será sede clave del Mundial 2030, sino que trabaja en infraestructuras diseñadas para marcar un salto cualitativo, tanto en capacidad como en estándares internacionales, reforzando su candidatura para acoger encuentros de máximo nivel.
Maqueta del Gran Estadio Hassan II de Benslimane
Desde el lado español, el Gobierno insiste en que está «implicado desde el minuto uno», en respuesta a las demandas de la Real Federación Española de Fútbol. Para ello, ha creado una comisión interministerial con ocho grupos de trabajo centrados en aspectos clave como la seguridad, la movilidad y las infraestructuras.









