Hay inauguraciones que amplían una oferta cultural y otras que reescriben una parte de la memoria colectiva. La celebrada este sábado en Granada pertenece sin duda a la segunda categoría. Bajo el sol de junio y entre los jardines del Carmen de los Porcel, dentro del recinto de la Alhambra, autoridades españolas y marroquíes, diplomáticos, historiadores, artistas e intelectuales asistieron a la apertura oficial del nuevo Espacio Amazigh, un museo permanente que reivindica el papel fundamental de las dinastías amazighes en la historia de Granada y de Al-Ándalus.
La elección del lugar no podría ser más simbólica. La Alhambra no es únicamente el monumento más visitado de España. Es también uno de los grandes símbolos del legado andalusí y mediterráneo. Desde ahora, quienes recorran sus palacios, patios y jardines podrán detenerse también en este nuevo espacio para descubrir una parte esencial de la historia de Granada que con frecuencia permanece en segundo plano.
La ceremonia reunió a destacadas personalidades de ambos países, entre ellas André Azoulay, consejero del Rey Mohammed VI; Karima Benyaich, embajadora del Reino de Marruecos en España; Patricia del Pozo Fernández, consejera de Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía; Othman Benjelloun y Dounia Benjelloun, presidente y vicepresidenta de la Fundación Doctora Leila Mezian.
Pero más allá de la relevancia institucional del acto, la jornada estuvo marcada por una emoción muy particular.
La huella de Leila Mezian en cada rincón del museo
La inauguración estuvo marcada por el recuerdo de la doctora Leila Mezian Benjelloun, impulsora de este proyecto y gran defensora del patrimonio amazigh.
El momento más emotivo de la ceremonia llegó con la intervención de su hija, Dounia Benjelloun, vicepresidenta de la Fundación Doctora Leila Mezian. Con visible emoción, recordó que este nuevo espacio constituye la materialización de una visión largamente acariciada por su madre. «Mi madre, la difunta doctora Leila Mezian Benjelloun, no está hoy a nuestro lado y, sin embargo, está en todas partes aquí», afirmó ante los asistentes.
Dounia Benjelloun explicó que el Espacio Amazigh representa «la realización de una visión» y «el cumplimiento del sueño» de su madre: ver la riqueza del patrimonio amazigh reconocida y expuesta en un lugar tan simbólico como la Alhambra, monumento universal y símbolo del diálogo entre civilizaciones.
Sus palabras resonaron especialmente entre quienes conocieron de cerca el compromiso de Leila Mezian con la preservación y promoción de la cultura amazigh. Buena parte de las piezas expuestas proceden precisamente de la colección que reunió durante más de cincuenta años y que hoy constituye el núcleo de este museo
El único espacio amazigh de Europa
Durante su intervención, Patricia del Pozo destacó la dimensión excepcional de la nueva institución. «Abrimos un nuevo espacio cultural en Andalucía, pero también el único espacio amazigh de toda Europa», subrayó.
La consejera recordó que el proyecto comenzó a tomar forma en 2019 y destacó el trabajo conjunto realizado por las instituciones andaluzas y marroquíes para convertir una idea en una realidad. Para Del Pozo, el nuevo museo representa mucho más que una colección patrimonial. Simboliza un lugar de encuentro entre culturas, un espacio de convivencia y una manera de recordar las raíces históricas que unen Andalucía y Marruecos desde hace siglos.
La responsable andaluza quiso además agradecer expresamente la generosidad de las familias Benjelloun y Dezcallar, cuyas colecciones y apoyo han hecho posible la creación de este nuevo espacio.
Un viaje por la historia amazigh
El nuevo museo ocupa 250 metros cuadrados en el Carmen de los Porcel y propone una auténtica inmersión en la historia y la cultura amazigh. El recorrido comienza mucho antes de la fundación de Granada y acompaña al visitante a través de siglos de historia, desde la Antigüedad hasta la actualidad.
Las vitrinas reúnen joyas ceremoniales, tejidos, armas, cerámicas y objetos cotidianos que permiten descubrir la extraordinaria riqueza artística y simbólica de los pueblos amazighes. Entre las piezas más destacadas figuran diademas Taounza, fíbulas, collares, pectorales y conjuntos completos de joyería tradicional elaborados en plata, coral y esmaltes.
Cinco conjuntos completos de indumentaria tradicional permiten además imaginar cómo lucían estas piezas en la vida cotidiana y en las grandes celebraciones familiares.
La experiencia se completa con diecisiete producciones audiovisuales que transportan al visitante a las montañas del Atlas, los oasis del sur marroquí, los ksour, las kasbahs y las celebraciones tradicionales amazighes. El resultado es mucho más que una exposición, es una inmersión en una cultura viva.
Si hay una idea que atraviesa todo el museo es la de una historia compartida. La exposición recuerda que Granada fue fundada por la dinastía zirí, de origen amazigh, y que otras grandes dinastías bereberes como los almorávides, almohades y meriníes desempeñaron un papel decisivo en la evolución política, cultural y artística de Al-Ándalus.
A través de mapas, explicaciones históricas y piezas patrimoniales, el visitante comprende hasta qué punto las relaciones entre Granada, Fez y el conjunto del Magreb fueron constantes durante siglos. Lejos de presentar dos historias separadas, el Espacio Amazigh muestra la profundidad de los intercambios humanos, culturales y artísticos que han unido ambas orillas del Mediterráneo.
«Granada es una fundación amazigh»
Cuando la ceremonia oficial ya había terminado y los invitados recorrían las salas del museo, Jerónimo Páez observaba con evidente satisfacción el resultado de años de trabajo. Fue entonces cuando, en declaraciones a Le360, explicó por qué consideraba este proyecto tan importante.
«Granada no es una fundación árabe, es una fundación amazigh», afirmó sin rodeos. El historiador recordó que cuando Othman Benjelloun le planteó por primera vez la posibilidad de crear un museo amazigh en la Alhambra comprendió inmediatamente la importancia de la iniciativa, aunque también era consciente de las dificultades que implicaba.
Para Páez, este museo ayuda a explicar una realidad histórica que con frecuencia ha quedado relegada a un segundo plano: la enorme influencia de Marruecos y de las dinastías amazighes en la construcción de Granada y de Andalucía.
«Marruecos ha condicionado la historia de España y de Andalucía tanto como España ha condicionado la historia de Marruecos», señaló.
A su juicio, la belleza de Granada no puede entenderse sin la influencia arquitectónica y cultural llegada del Magreb y particularmente del Reino de Marruecos.
El historiador insistió además en que este nuevo espacio no pretende únicamente mostrar objetos bellos. Su verdadera ambición es explicar una historia. «La gente debe saber qué fueron las dinastías bereberes y qué aportaron», explicó.
Por eso considera que el Espacio Amazigh constituye mucho más que un museo. Es una herramienta para comprender mejor el pasado común de ambos países y una invitación a fortalecer los vínculos entre dos pueblos cuyas historias han permanecido entrelazadas durante siglos. «Pertenecemos a un mundo unido que debería estar todavía más unido», concluyó.
Una nueva parada imprescindible para quienes visiten Granada
Cuando las puertas del nuevo museo se abrieron finalmente al público, la sensación compartida por muchos asistentes era que la Alhambra acababa de ganar una nueva dimensión. Porque este espacio no añade simplemente una sala más al recorrido monumental. Añade contexto y memoria y ayuda a comprender que la historia de Granada, de Andalucía y de Marruecos nunca ha sido una historia de fronteras estancas, sino de encuentros, intercambios e influencias mutuas.
Desde este 13 de junio de 2026, esa historia tiene por fin un lugar permanente en la Alhambra. Y todo indica que se convertirá rápidamente en una de las visitas imprescindibles para quienes quieran descubrir el alma más profunda de Granada.





