Un breve paseo en el jardín de El Mundo

El 12/06/2026 a las 09h30

ColumnaMohamed Benabdelkader, doctor en Ciencias de la Información y de la Comunicación y exministro de Justicia, analiza el tratamiento mediático que algunos medios españoles hacen de Marruecos a partir de la reciente muerte de un responsable de la milicia separatista del Polisario durante una operación militar.

El comunicado difundido por el Frente Polisario el pasado 7 de junio, en el que anunciaba la muerte de Lahbib Mohamed Abdelaziz, hijo del antiguo jefe histórico del movimiento, Mohamed Abdelaziz, junto con otros dos miembros de la banda separatista durante una operación militar, despertó un interés particularmente significativo en los medios de comunicación españoles, tanto públicos como privados.

La cobertura informativa y los análisis publicados adoptaron, en su mayor parte, un enfoque descriptivo, presentando el acontecimiento como un episodio significativo dentro de la evolución del conflicto del Sáhara, con énfasis especial en la dimensión simbólica de la muerte del joven dirigente, considerado por diversos observadores como uno de los candidatos más sólidos para suceder a Brahim Ghali al frente del Polisario, así como en el creciente protagonismo de los drones en la estrategia militar marroquí. Todo ello fue interpretado a la luz de un contexto particularmente sensible, marcado por la visita a los campamentos de Tinduf del enviado personal del Secretario General de las Naciones Unidas para el Sáhara Occidental, Staffan de Mistura.

Un encuadre favorito y una aburrida narrativa

En este contexto, El Mundo se distinguió dentro del panorama mediático español al mantenerse fiel, una vez más, a uno de sus encuadres favoritos. Más que centrarse en las implicaciones internas para el Polisario o en las verdaderas responsabilidades del acontecimiento, el diario optó por inscribirlo en la aburrida narrativa de la amenaza estratégica que representaría Marruecos para España.

Asi, con una insoportable ligereza, el episodio fue incorporado a un discurso recurrente en el que la modernización militar marroquí, sus capacidades tecnológicas emergentes y su creciente proyección regional son presentadas como factores susceptibles de alterar el equilibrio de seguridad en el entorno estratégico español.

En los debates políticos y mediáticos en Marruecos se ha popularizado un chiste que funciona como metáfora perfecta para describir a quien todo lo lleva a su tema favorito, distorsionando todos los acontecimientos para que encajen en un único molde preestablecido, independientemente de su relación con el tema en cuestión. Se cuenta que en una escuela había un alumno al que solo le salía bien un tema en expresión escrita: la descripción de jardines. Era su obsesión. Llegó el día del examen y el profesor les pidió redactar un texto sobre «un viaje en avión». El alumno, impertérrito, comenzó así: «El avión despegó del aeropuerto con normalidad, pero de repente tuvo una avería técnica, perdió altura y se estrelló directamente en un hermoso jardín…». Y a partir de ahí, el resto del examen eran páginas y páginas llenas de detalladas descripciones de flores, árboles, fuentes, césped perfectamente cortado y senderos empedrados. Imposible apartarlo de su jardín.

A este tipo de personas se les llama en Marruecos «el derribador de aviones»: aquel que, por mucho que el tema inicial sea otro, siempre encuentra la manera de estrellar el avión en su obsesión favorita para poder hablar de ella. Pues bien, leyendo el artículo de El Mundo sobre la muerte de un dirigente separatista cuando intentaba atacar a Marruecos, uno no puede evitar acordarse de aquel alumno de los jardines.

El titulara dice “Marruecos lanza una guerra de drones en el conflicto silencioso del Sáhara”, seguido de un «lead insinuante» anunciando que “La muerte del heredero del Polisario revela un músculo tecnológico en aparatos no tripulados muy superior al de España” ya desde la entrada el avión se estrella estrepitosamente en el jardín del supuesto “peligro marroquí” !

El “derribador de aviones”

Incluso en el periodismo, con toda su diversidad de enfoques, parece que la última palabra suele a veces corresponder al “derribador de aviones”. Sin embargo, esta estrategia de “caída en jardines” pone de manifiesto sus evidentes límites analíticos, al imponer un encuadre que tiende a simplificar en exceso la realidad y a forzar su integración en narrativas ya conocidas, lo que reduce la comprensión del tema en cuestión y orienta la opinión pública hacia esquemas interpretativos simplificados y potencialmente alarmistas.

Si bien es evidente que la informatividad en la labor periodística depende de la capacidad de un artículo o reportaje para aportar información útil, novedosa, relevante o incluso inesperada para el receptor, también es preciso subrayar que la calidad de un producto mediático debe sustentarse en la transmisión de datos, hechos y acontecimientos de interés público de manera objetiva, veraz y clara.

Sin embargo, este ideal normativo de la informatividad contrasta con determinadas prácticas de encuadre mediático que reinterpretan de manera selectiva aquello que se considera “noticia relevante”. En este sentido, El Mundo parece entender el principio de la informatividad a su propia manera, que podríamos calificar como la del “derribador de aviones”, al desplazar el foco del acontecimiento concreto - la muerte de un separatista armado en plena operación militar- hacia lo que presenta como su verdadera dimensión informativa: el uso por parte de Marruecos de drones de última generación (Bayraktar, Wing Loong, entre otros), percibidos como un factor de alarma estratégica en términos de vigilancia y potencial proyección de una supuesta amenaza para el Estrecho, así como para Ceuta y Melilla. Desde esta perspectiva, se subraya la existencia de un posible desequilibrio militar asimétrico en un país vecino con el que España mantiene relaciones complejas, lo que permite transformar un episodio geográficamente distante en un asunto de interés directo para la seguridad nacional.

Jugar a destruir aviones encima de jardines se ha convertido para El Mundo en una estrategia sistemática de reencuadre periodístico. Da igual el punto de partida - una operación militar en el Sáhara, una acción bilateral o cualquier acontecimiento diplomático en la región-, el avión siempre termina estrellándose en el mismo jardín: el de un Marruecos inquietante, emergente y amenazante.

La estratagema de Schopenhauer

Cada vez que el tema principal amenaza con adentrarse en terrenos incómodos, el periódico recurre a su técnica favorita de hacer caer el avión en el jardín, un recurso que guarda un notable paralelismo con la célebre estratagema 29 de Schopenhauer en El arte de tener razón. Según este, cuando se está perdiendo el argumento o la narrativa propia, lo más eficaz es cambiar bruscamente de tema hacia otro vagamente relacionado (o completamente ajeno), preferiblemente para atacar al adversario en su punto más débil.

Así se produce en los titulares de El Mundo una distracción deliberada, de repente se empieza a hablar de algo completamente distinto - en este caso, el “peligro marroquí” para España - fingiendo que guarda una relación lógica y constituye un contraargumento profundo. Ya desde el titular, el lead o la entradilla, el avión del relato original se estrella estrepitosamente en el jardín obsesivo: Marruecos como vecino inquietante, emergente y amenazante.

El mismo artificio fue aplicado con precisión quirúrgica en la cobertura de la Reunión de Alto Nivel del 3 de diciembre de 2025 en Madrid. Siguiendo el manual al pie de la letra, el titular principal rezaba: “El Gobierno blinda la reunión de alto nivel con Marruecos con una advertencia del Frente Polisario: ‘Una vez consolidada la ocupación del Sáhara lo siguiente será Canarias’. Con una increíble economía narrativa, el periódico lograba, en una sola línea, involucrar al Polisario y a las islas Canarias, sirviendo así a la opinión pública española el cóctel ideal: una generosa dosis de manipulación, un toque de miedo existencial y la reconfortante certeza de que el enemigo, como buen enemigo, nunca descansa. Todo ello, por supuesto, bajo la apariencia de un periodismo profesional y responsable.

Moros en la costa!

Esta distracción, ya sea sutil y casi imperceptible o descaradamente burda, obedece siempre al mismo mecanismo: establece una conexión forzada, artificiosa y a menudo ridícula con el tema inicial. Apenas un hilo tenue, pero suficiente para guardar las apariencias de coherencia periodística.

El verdadero propósito de El Mundo no es informar, sino desviar la atención del núcleo incómodo del suceso hacia un terreno más propicio. Es entonces cuando el periódico sube a toda prisa a la torre de vigilancia, agita la campana con dramatismo y grita con voz alarmada: “Moros en la costa!”.

De esta manera, lo que podría haber sido un análisis serio y concreto se transforma en una nueva entrega del eterno y aburrido relato de amenaza existencial. El lector, convenientemente distraído, ya no piensa en lo que realmente estaba ocurriendo, sino en el peligro ancestral que, una vez más, acecha desde el sur. El truco nunca falla: cuando la verdad molesta, siempre hay un moro oportuno dispuesto a invadir el titular.

La verdad es que algunos sectores políticos y mediáticos españoles no soportan ver un Marruecos fuerte, en buena forma diplomática y militar. Cada vez que Rabat demuestra capacidad operativa (como en este ataque con dron), se activan los nervios, las alarmas y las ridículas exigencias de condena, como si la mera existencia de un vecino soberano y asertivo fuera en sí misma una amenaza intolerable.

Esta reacción contrasta abiertamente con el discurso oficial repetido por los altos cargos del Estado español, que no dejan de elogiar a Marruecos como socio fiable y estratégico para la seguridad de España en materia de control de migración, cooperación antiterrorista, estabilidad en el Estrecho y en el Magreb. Mientras La Moncloa y Exteriores perciben la relación como madura y ventajosa, ciertos medios y formaciones políticas parecen incapaces de aceptar que un Marruecos más potente forme parte de esa ecuación.

En el fondo, lo que les molesta no es tanto la muerte de un mando del Polisario en plena operación militar, sino la imagen de un Marruecos que avanza, moderniza su ejército y gana posiciones. Esa incomodidad revela más sobre las propias contradicciones y nostalgias ideológicas de estos actores, que, sobre la realidad de Marruecos o la dinámica regional del conflicto del Sahara.

Por Mohamed Benabdelkader
El 12/06/2026 a las 09h30