Una nueva tendencia parece dibujarse en España desde hace varios meses: cualquiera puede inmiscuirse en el debate político. Ya no hace falta ocupar un cargo político o institucional, ni tampoco ser un especialista en la materia. Basta con disponer de un micrófono, una voz y una opinión, esté o no fundamentada. Tras las intervenciones de presidentes de federaciones y directivos deportivos, son ahora los exfutbolistas quienes se introducen en una cuestión que supera con creces los terrenos de juego: la atribución de la final del Mundial 2030, organizado conjuntamente por Marruecos, España y Portugal.
Santi Cañizares, exguardameta de la Roja y figura emblemática del Valencia CF, viene a confirmar esta tendencia. Invitado en el programa «Tiempo de Juego», el exportero se pronunció sobre la sede del partido más trascendental del futuro torneo, con tres recintos en liza: el Gran Estadio Hassan II, el Santiago Bernabéu y el Camp Nou.
Desde hace meses, el debate sobre el estadio llamado a albergar la final enfrente las aspiraciones españolas con la candidatura marroquí. Recientemente, algunos no dudan en interpretar esta pugna bajo el prisma político, llegando incluso a difamar sobre una supuesta injerencia de Marruecos en los pasillos de decisión.
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«Puesto que todo es política, creo que el pescado está vendido», soltó Cañizares, en declaraciones recogidas por la cadena COPE. Una afirmación de peso, al presentar la política como un factor determinante en la concesión de la final sin aportar elemento alguno que sustente su lectura.
En su intervención, Cañizares sostiene que las infraestructuras no serían el único factor determinante en la decisión de la FIFA. Sin embargo, la final —el choque más relevante de la competición— debe responder a las exigencias de un evento que congregará a miles de espectadores en las gradas y a millones tras las pantallas. Las infraestructuras constituyen, por tanto, un elemento central en la elección. Sobre este aspecto, el Gran Estadio Hassan II de Casablanca está llamado precisamente a convertirse en un templo capaz de acoger las mayores citas internacionales, al igual que el Santiago Bernabéu y el Camp Nou.
Model of the Grand Hassan II Stadium in Benslimane.
Pero para Cañizares, el argumento de las infraestructuras resulta insuficiente para explicar la elección final. El exportero afirma que «Marruecos está actualmente mejor preparado que Madrid para albergar una final, sean cuales sean las circunstancias», sugiriendo que la decisión podría jugarse en otro terreno: el de las bambalinas y los pulsos de poder. Una puerta abierta a las elucubraciones políticas que siguieron.
El exguardameta prosigue asegurando que el futuro de la sede de la final podría depender también de la continuidad de Gianni Infantino al frente de la FIFA, presentando este dato como una de las claves de la adjudicación.
A partir de ahí, la argumentación de Cañizares abandona progresivamente el terreno futbolístico para adentrarse en la geopolítica. La final del Mundial 2030 termina así vinculada a las relaciones entre Washington y Rabat, invocándose los lazos entre Estados Unidos y Marruecos para poner de relieve el supuesto peso político del Reino en la escena internacional.
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Una lectura que conduce finalmente al exportero de la Roja a una conclusión especialmente severa con su propio país: «Nosotros no somos nadie actualmente, España no es Marruecos».
El problema no radica en que un exfutbolista opine sobre la final del Mundial. El problema surge cuando esa opinión se transforma en una lectura política de una decisión institucional y deriva en insinuaciones sobre intenciones y alianzas entre actores, sin aportar pruebas concretas que las respalden.
A estas alturas, la asignación de la final sigue siendo una cuestión organizativa del Mundial 2030 y una elección entre los distintos estadios propuestos por los países anfitriones, sujetos a la evaluación de la FIFA. El Gran Estadio Hassan II, el Santiago Bernabéu y el Camp Nou figuran en la nómina de recintos presentados para albergar la gran cita, y aún no se ha adoptado ninguna decisión oficial.
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Pese a ello, en España hay quienes insisten en presentar esta candidatura conjunta como un enfrentamiento político entre Madrid y Rabat, o como el resultado de los acuerdos internacionales del Reino. A golpe de declaraciones, la cuestión se convierte en el pretexto perfecto para sugerir pactos en la sombra y señalar a Marruecos como el causante de una decisión que ni siquiera ha sido tomada y que compete exclusivamente al proceso decisorio de la FIFA.
En este debate, todos parecen atribuirse el papel de analista político al albur de una declaración. Aunque su campo de conocimiento original no sea otro que el fútbol.









