El Banco Africano de Desarrollo (BAD) prevé una desaceleración del crecimiento económico en Marruecos en 2026. Según su último informe «Perspectivas Económicas en África 2026», el crecimiento del PIB marroquí, estimado en un 4,7% en 2025, debería ralentizarse hasta el 4,2% en 2026 antes de estabilizarse en torno al 4,3% en 2027.
Este crecimiento estaría respaldado por el consumo de los hogares y las inversiones en infraestructuras, apoyándose especialmente en la agricultura, la industria manufacturera, la construcción y el turismo, que «deberían seguir siendo los principales motores del crecimiento».
Esta desaceleración es consecuencia directa de las tensiones geopolíticas mundiales, concretamente del conflicto en Oriente Medio y de las perturbaciones en el estrecho de Ormuz, según los economistas del BAD. Los canales de transmisión identificados incluyen el aumento del coste de los fertilizantes y de la energía, así como el encarecimiento de las importaciones. El dirham se ha depreciado, lo que incrementaría la factura energética y deterioraría, en consecuencia, la situación presupuestaria, estima el informe.
Marruecos no es el único país en esta situación. En Egipto, otro gran importador neto de petróleo del norte de África, el crecimiento debería pasar del 4,4% en 2025 al 4% en 2026, antes de repuntar hasta el 4,3% en 2027.
En cuanto a la inflación en Marruecos, esta debería mantenerse controlada, situándose en el 2,4% en 2026 y en el 2,3% en 2027. Niveles relativamente bajos en comparación con varias grandes economías africanas que siguen enfrentándose a una inflación de dos dígitos, como Nigeria (16,2% en 2026), Angola (17,7%) o Egipto (14,7%). Gracias a una política monetaria prudente y a mecanismos de subvenciones focalizadas, Marruecos parece contener mejor las repercusiones de la subida mundial de los precios del petróleo y del gas.
En el plano presupuestario, Marruecos presenta una trayectoria de saneamiento. El déficit presupuestario, estimado en el 3,5% del PIB en 2025, debería aumentar hasta el 3,7% en 2026 debido al incremento de los costes salariales y de los gastos destinados a controlar la inflación, antes de retroceder al 3,2% en 2027, «gracias a un aumento de los ingresos fiscales».
Desafíos por afrontar
En cambio, el déficit por cuenta corriente debería registrar un importante aumento, pasando del 2% del PIB en 2025 al 3,5% en 2026 y al 3,4% en 2027, «como consecuencia del aumento de las importaciones de bienes de equipo y del mayor coste de las importaciones energéticas», según el informe.
En materia de endeudamiento, el informe clasifica a Marruecos entre los países —junto con Sudáfrica, Mauricio y Egipto— que han implantado prácticas transparentes de gestión de la deuda interna. Según los expertos del BAD, estas experiencias pueden «constituir referencias útiles en el marco del aprendizaje entre pares para los países donde estas prácticas siguen siendo insuficientes». Una transparencia que también contribuye a «mejorar la rendición de cuentas, los análisis de sostenibilidad de la deuda y la confianza de los inversores».
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En el ámbito financiero, el informe cita el ejemplo de TAMWILCOM, la sociedad marroquí de garantía, considerada un caso de estudio para los bancos nacionales de desarrollo. El modelo de reparto de riesgos (que cubre entre el 50% y el 80% del importe de los créditos a particulares) movilizó 4.750 millones de dólares en 2024, demostrando que es posible ampliar el crédito a las pymes sin aumentar las posibles cargas del Estado, subraya el BAD.
Asimismo, aunque reconoce los avances logrados por Marruecos, los economistas del BAD mencionan varios desafíos pendientes. Entre ellos figura «movilizar financiación a gran escala para el desarrollo del país en un mundo fragmentado».
Los autores del informe destacan así que Marruecos ha puesto en marcha varias iniciativas destinadas a reforzar la financiación de su desarrollo, especialmente a través de la reforma fiscal, la carta de inversión y el recurso a mecanismos de financiación innovadores. No obstante, matizan este diagnóstico señalando que la fragmentación de los mercados y el endurecimiento de las condiciones financieras, que han provocado un aumento de 70 puntos básicos en el coste medio de la deuda pública externa, exigen una movilización más importante y una mayor diversificación de las fuentes de financiación.
Según ellos, el Reino podría reforzar especialmente las asociaciones público-privadas y acelerar el desarrollo de las fintech, al tiempo que orienta una parte de las transferencias de la diáspora hacia inversiones productivas.
El informe subraya además que Marruecos dispone de un sistema financiero relativamente desarrollado, con una capitalización bursátil equivalente al 47,1% del PIB en 2024 y un acceso considerado favorable a los mercados financieros internacionales. Sin embargo, este sistema sigue limitado por varias fragilidades estructurales, entre ellas el predominio del sector bancario, el aún tímido desarrollo de las finanzas participativas, un mercado de bonos ampliamente centrado en el segmento soberano y una base reducida de apenas 77 empresas cotizadas en Bolsa.
La financiación a gran escala
El BAD también destaca que el refuerzo de la integración regional y de la interconectividad financiera ofrece a Marruecos un potencial de cooperación financiera. Esto permitiría, estima la institución, atraer financiación aprovechando la expansión de sus grupos bancarios panafricanos y de su polo financiero, Casablanca Finance City (CFC).
Asimismo, señala que, a corto plazo, la financiación a gran escala puede reforzarse desarrollando aún más las asociaciones público-privadas para la construcción de infraestructuras hidroagrícolas, así como en los sectores industrial y logístico.
A medio y largo plazo, explica el informe, «este objetivo puede alcanzarse continuando los esfuerzos destinados a profundizar los mercados financieros y diversificar los instrumentos financieros, especialmente los instrumentos verdes, ampliando la base fiscal, desarrollando las TPME gracias a la carta de inversión e integrando el sector informal mediante incentivos fiscales, un mejor acceso a la financiación y un marco operativo simplificado para el entorno empresarial».
