Mientras Marruecos acelera su ritmo de crecimiento, impulsado en particular por las importantes inversiones movilizadas en relación con la organización del Mundial 2030 y por las reformas emprendidas, un informe inédito del Banco Mundial, titulado Scaling the Atlas: Growth and Jobs for a Prosperous Morocco, presenta un diagnóstico sin concesiones sobre el crecimiento y el empleo en el país.
Los expertos de la institución financiera internacional señalan una paradoja persistente: pese a una acumulación masiva de capital y a una estabilidad macroeconómica ejemplar, Marruecos no crea suficientes empleos y sigue sin lograr transformar su potencial humano en un motor de productividad.
El informe indica que, desde los años 2000, Marruecos ha mostrado una disciplina macroeconómica notable. Recuerda que el país presenta uno de los niveles de inversión más elevados del mundo, cercano al 30% del PIB, impulsado por una política pública activa y por infraestructuras modernas. Sin embargo, entre 2000 y 2024, la economía marroquí generó de media 215.000 empleos menos al año de los necesarios para estabilizar la tasa de empleo.
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Los autores del informe subrayan que el crecimiento es cada vez menos «elástico» en términos de empleo. Mientras que en los años 2000 cada punto de crecimiento generaba unos 22.500 empleos netos, hoy esa cifra ha caído a solo 5.800.
Atribuyen este desequilibrio a un crecimiento impulsado en un 85% por la acumulación de capital desde 2010, en detrimento de las ganancias de productividad. En otras palabras, Marruecos ha invertido masivamente sin lograr hacer sus empresas lo suficientemente eficientes.
La institución también destaca un dato llamativo: a diferencia de las economías dinámicas, donde el tamaño suele ir acompañado de mayor eficiencia, las grandes empresas marroquíes son, de media, menos productivas que las pymes. Asimismo, en Marruecos, una empresa que ha logrado sobrevivir diez años es, en promedio, solo un tercio más grande que al inicio, es decir, dos veces menos que las empresas vietnamitas.
A esta mala asignación de recursos se suma un problema de competencia, según el informe. Cerca de una cuarta parte de los sectores industriales marroquíes presentan signos de baja competencia, situación a menudo vinculada a una regulación demasiado restrictiva y a una fuerte presencia del Estado como accionista.
Descenso notable de la tasa de actividad
El informe señala que Marruecos participa directamente en 17 de los 24 sectores analizados por el índice de regulación, frente a 11 de media en la OCDE. Como consecuencia, los márgenes, impuestos y subvenciones internas generan «distorsiones» que penalizan a las empresas más eficientes.
En el plano social, el Banco Mundial habla de un despilfarro silencioso. Explica que Marruecos ha elevado considerablemente el nivel educativo de su población activa. Sin embargo, el 43% de los titulados superiores está sobrecualificado para su puesto, mientras que la tasa de actividad global ha descendido del 53,1% en 2000 al 43,5% en 2024.
Los autores del informe mencionan una «desconexión entre las expectativas salariales y la realidad del mercado». Señalan que los salarios iniciales se estancan, mientras que las remesas de los marroquíes en el extranjero —que representan el 8% del PIB— elevan los salarios de reserva, es decir, el nivel de remuneración por debajo del cual una persona prefiere no trabajar, especialmente entre las mujeres.
La tasa de actividad femenina cae hasta solo el 19% en 2024, pese a la clara mejora del nivel educativo de las jóvenes. Un experimento aleatorio realizado para el informe muestra que los responsables de recursos humanos, a igualdad de currículum, eligen sistemáticamente a un hombre en lugar de a una mujer, incluso cuando esta está más cualificada.
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Este panorama contrastado no impide que el Banco Mundial destaque las reformas recientes emprendidas por Marruecos. Menciona en particular la reforma de la Carta de Inversiones, la revisión de la fiscalidad empresarial —con un tipo del impuesto de sociedades del 20% para la mayoría—, la reforma de las empresas públicas y la generalización de la protección social. Estas medidas ya han aumentado el potencial de crecimiento del país en 0,6 puntos anuales, según la institución.
No obstante, matiza que esto no bastará para duplicar el PIB per cápita de aquí a 2035, objetivo del Nuevo Modelo de Desarrollo. En un escenario «tendencial», Marruecos no alcanzaría esta meta hasta 2044, con nueve años de retraso.
El informe modeliza un escenario de reformas estructurales basado en cuatro pilares: la eficiencia de los mercados mediante el refuerzo de la competencia, la dinamización empresarial gracias a la financiación de pymes y a la reducción de cargas sociales sobre los salarios bajos, la eficiencia de la inversión pública y, por último, la integración masiva de mujeres y jóvenes en el mercado laboral.
Potencial infrautilizado
Los resultados de la simulación son significativos. Para 2035, el PIB real sería un 17% superior al escenario base, y cerca de un 24% en 2050. Esto se traduciría en 1,7 millones de empleos adicionales y mejor remunerados para 2035, y 2,5 millones para 2050. Los salarios reales serían un 15% más altos.
Sin embargo, el informe advierte que una política de integración de la mano de obra —especialmente femenina— sin mejoras en la productividad provocaría una caída mecánica de los salarios. Para crear empleos de calidad, es necesario reformar en profundidad la competencia y la flexibilidad del mercado laboral.
El informe del Banco Mundial concluye que Marruecos dispone de numerosos activos —infraestructuras, estabilidad macroeconómica y demografía—, pero también se enfrenta a una serie de «bloqueos microeconómicos»: falta de selección de las empresas más eficientes, rigidez del mercado laboral, peso de las distorsiones fiscales y subutilización crónica del talento femenino.
