La apertura en Tánger de la 44ª reunión del Comité de Expertos y de la 58ª sesión de la Comisión Económica para África (CEA) marca un momento de convergencia entre prioridades nacionales y ambiciones continentales. Al acoger esta secuencia institucional de primer orden, Marruecos reafirma su papel como interfaz entre las dinámicas africanas y las transformaciones globales.
Durante su intervención, Mohammed Tarik Bchir, director del Tesoro y de Finanzas Exteriores, marcó el tono de un encuentro orientado a la acción al recordar que «la tecnología y la innovación se imponen hoy como motores esenciales del desarrollo».
Este planteamiento inicial se inscribe en una lectura más amplia de las transformaciones en curso a escala global. La economía internacional atraviesa una profunda reconfiguración impulsada por los avances tecnológicos, el uso masivo de datos y la digitalización de las actividades productivas.
El tema elegido para esta edición —«Crecimiento a través de la innovación: aprovechar los datos y las tecnologías avanzadas para la transformación económica en África»— refleja este cambio estructural. Mohammed Tarik Bchir evocó así «una revolución tecnológica multidimensional que ha transformado profundamente las estructuras productivas, las dinámicas de crecimiento y los equilibrios económicos», subrayando la magnitud de los cambios en marcha.
Tánger acoge una sesión dedicada a la transformación económica africana.
Más allá de este diagnóstico global, la intervención fue centrando progresivamente el debate en sus implicaciones concretas para las economías africanas. La expansión de lo digital ya no se limita a los sectores tecnológicos: redefine las formas de organización del trabajo, impulsa el comercio electrónico y transforma los circuitos de producción del conocimiento. Este movimiento de fondo abre importantes perspectivas para el continente, especialmente en materia de diversificación económica y creación de empleo cualificado.
El director del Tesoro subrayó en este sentido que estas transformaciones «representan una gran oportunidad para los países africanos», siempre que sepan integrarlas en trayectorias de desarrollo coherentes.
En la prolongación de este análisis, la cuestión de los modelos económicos se impone como un elemento clave. Una gran parte de las economías africanas sigue estructurada en torno a la explotación de recursos naturales, lo que limita su capacidad de integración en las cadenas de valor tecnológicas. Mohammed Tarik Bchir abogó por «una revisión de los modelos económicos aún ampliamente dependientes de los recursos naturales». Este cambio implica decisiones públicas estructurantes, que articulen la inversión en capital humano, la modernización de los marcos regulatorios y la mejora de la gobernanza económica.
Esta reflexión encuentra su prolongación natural en la cuestión de la cooperación regional. La escala nacional, por sí sola, no permite aprovechar plenamente los beneficios de las tecnologías avanzadas, especialmente por las necesidades de financiación e infraestructuras. En este contexto, la integración africana se presenta como un factor determinante. El responsable marroquí insistió en la necesidad de «compartir inversiones, favorecer el intercambio de recursos y competencias, y armonizar los marcos regulatorios».
Este marco analítico pone de relieve la trayectoria seguida por Marruecos, presentada como un ejemplo de reposicionamiento progresivo hacia una economía más basada en el conocimiento. Bajo el impulso del rey Mohammed VI, el país ha emprendido «una transformación profunda basada en lo digital y la innovación», recordó el responsable. Esta orientación se materializa especialmente a través de la estrategia «Marruecos Digital 2030», concebida como una hoja de ruta destinada a acelerar la digitalización de la economía y reforzar el atractivo del país en los sectores tecnológicos.
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Al detallar los ejes de esta estrategia, Mohammed Tarik Bchir destacó varias prioridades estructurantes: el desarrollo de infraestructuras digitales, la modernización de los servicios públicos, el refuerzo de las competencias digitales y el apoyo al ecosistema emprendedor. A estos pilares se suma una clara ambición de posicionar a Marruecos como hub tecnológico regional, capaz de atraer inversiones en tecnologías avanzadas y desarrollar actividades de alto valor añadido, especialmente en el ámbito del offshoring. Esta dinámica se acompaña también de un esfuerzo sostenido en materia de soberanía digital y gobernanza de los datos.
Este posicionamiento nacional se inscribe en una lógica de proyección a escala continental. Al compartir su experiencia, Marruecos busca contribuir a la construcción de un ecosistema africano más integrado y resiliente. Mohammed Tarik Bchir subrayó que «la materialización de la ambición de una África que integre plenamente la tecnología en su modelo de desarrollo requiere un enfoque colectivo», destacando la importancia de una coordinación reforzada entre Estados, instituciones y actores privados.
En esta línea, el énfasis en la juventud africana aparece como un hilo conductor de los trabajos desarrollados en Tánger. El potencial demográfico del continente constituye un activo clave, siempre que vaya acompañado de políticas de formación adecuadas y de oportunidades de inserción en sectores innovadores. La inversión en capital humano se convierte así en un factor determinante para el éxito de las estrategias digitales, en estrecha relación con los retos de competitividad e inclusión.
Así, más allá de su dimensión protocolaria, la secuencia de Tánger se inscribe en una dinámica más amplia de reposicionamiento estratégico de África. El dominio de los datos, la innovación tecnológica y la integración económica emergen como pilares estructurantes de una nueva fase de desarrollo cuyos contornos comienzan a definirse con mayor claridad.







