Durante años, Juanito Valderrama fue una presencia familiar en los escenarios y las ondas de Tetuán, donde el flamenco gozaba de una enorme popularidad. Pero su relación con Marruecos dejó una huella todavía más profunda. Fue en una habitación de hotel de Tánger, después de encontrarse con españoles exiliados que no podían regresar a su país, donde el artista terminó de escribir El emigrante, una canción que acabaría convirtiéndose en un himno de la nostalgia y el desarraigo.