La rápida degradación de las infraestructuras energéticas en el Golfo y la paralización parcial del tráfico marítimo han provocado una brusca contracción de la oferta mundial. Los flujos petroleros, estimados en cerca de 20 millones de barriles diarios antes del conflicto, se han reducido con fuerza, llevando a los productores a recortar su producción en al menos 10 millones de barriles al día. Ante este shock, la Agencia Internacional de la Energía ha puesto en marcha una liberación excepcional de 400 millones de barriles de reservas, de los cuales 172 millones han sido aportados por Estados Unidos, sostiene el Policy Brief del Centro Sanabil de Estudios e Investigación.
La reacción de los mercados fue inmediata, subraya el Centro Sanabil: el barril de Brent avanzó un 27% antes de estabilizarse en torno a los 105-110 dólares (en la fecha de elaboración del Policy Brief). Este lunes alcanzó los 115 dólares. Los precios del gas siguieron una trayectoria aún más acusada, con una subida del 85% en Europa y del 70% —en el mismo periodo— en Asia, en apenas unos días. Según el informe, esta evolución reaviva el riesgo de una crisis energética duradera, comparable a los grandes shocks históricos, aunque con una propagación más rápida debido a la integración de los mercados.
Las tensiones geopolíticas han provocado una brusca revalorización del riesgo a escala mundial. Los principales índices bursátiles asiáticos han registrado caídas de hasta el 14,2%, mientras que los mercados europeos han cedido entre un 7% y un 9%. Este movimiento de repliegue ha favorecido a los activos refugio, en particular el oro, cuyo precio ha superado los 3.200 dólares la onza.
El Centro Sanabil subraya que esta volatilidad se explica por la dependencia energética de las grandes áreas económicas, especialmente Asia, donde cerca del 80% de las importaciones de gas transitan por el estrecho de Ormuz. Estados Unidos aparece relativamente menos expuesto debido a su condición de productor, lo que atenúa el impacto sobre sus mercados financieros.
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En cuanto a la situación marroquí, el think tank del partido Movimiento Popular subraya que ilustra la vulnerabilidad de las economías fuertemente dependientes de las importaciones energéticas. El Policy Brief recuerda que más del 90% de las necesidades energéticas del Reino se cubren con suministros del exterior, una realidad compartida por numerosas economías emergentes. Esta dependencia se traduce mecánicamente en un aumento de la factura energética y en una mayor presión sobre la balanza comercial.
Los datos recientes muestran que las importaciones de energía y lubricantes habían retrocedido hasta los 6,85 mil millones de dirhams en enero de 2026, contribuyendo a limitar el déficit comercial a 25,52 mil millones de dirhams. No obstante, la prolongación del conflicto podría invertir esta tendencia y elevar el déficit comercial hasta el 21,1% del PIB, según las proyecciones recogidas en el documento.
Paralelamente, la moneda nacional sufre presiones ligadas a los movimientos de capital hacia el dólar, considerado valor refugio. Esta evolución encarece el coste de las importaciones y agrava el servicio de la deuda exterior, amplificando los efectos del shock energético.
Inflación y poder adquisitivo bajo presión
El impacto sobre los precios internos ya resulta tangible. El Centro Sanabil señala una reciente subida de los carburantes, con un gasóleo que alcanza aproximadamente los 12,80 dirhams por litro y un incremento del precio del combustible superior a 2 dirhams en marzo de 2026. Esta subida, la segunda en quince días, alimenta una propagación inflacionista al conjunto de los sectores dependientes del transporte y de la energía.
Esta dinámica inflacionista se produce en un contexto en el que la economía nacional aún no ha absorbido por completo los efectos de la anterior crisis energética. Una nueva subida de los precios podría, por tanto, lastrar el consumo de los hogares, principal motor del crecimiento, y debilitar aún más los equilibrios sociales.
El Policy Brief estima que el crecimiento económico podría verse recortado entre 0,4 y 0,8 puntos en 2026, en función de la duración del conflicto. Identifica tres canales principales: el aumento de los costes de producción, el retroceso del poder adquisitivo y la desaceleración de la demanda exterior, especialmente la procedente de Europa.
Algunos sectores aparecen particularmente expuestos. El turismo podría registrar una caída de la afluencia debido a las incertidumbres regionales, mientras que la industria automovilística sigue dependiendo de cadenas de suministro mundiales vulnerables a las perturbaciones logísticas. La agricultura, por su parte, sufre el encarecimiento de los costes de los insumos, en particular los fertilizantes.
Una oportunidad relativa para los fosfatos
Paralelamente a estas presiones, el Centro Sanabil identifica un factor de resiliencia en el sector de los fosfatos y los fertilizantes. Marruecos posee alrededor del 70% de las reservas mundiales de fosfato, lo que le confiere una posición estratégica. Las exportaciones de fertilizantes alcanzaron cerca de 99,8 mil millones de dirhams en 2025, un 14,6% más.
La desorganización de la producción en el Golfo, especialmente en Catar, así como las perturbaciones procedentes de Rusia, sostienen los precios internacionales. Los fertilizantes han registrado subidas que, en algunas zonas, superan el 80%. Esta situación refuerza la demanda de las exportaciones marroquíes, especialmente en los mercados europeos.
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No obstante, el documento subraya una dependencia persistente del amoníaco importado, derivado del gas natural. Esta dependencia limita la capacidad de aprovechar plenamente la subida de los precios, al exponer a la industria local a las tensiones de los mercados energéticos.
Las finanzas públicas también aparecen expuestas, advierte el Centro Sanabil. La institución estima que el apoyo a los precios del gas butano y de los productos básicos, presupuestado en 13,77 mil millones de dirhams para 2026, podría requerir ajustes si la crisis se prolonga. Un aumento sostenido de los precios de la energía incrementaría las necesidades de financiación y plantearía un delicado arbitraje entre el gasto social y la inversión pública.
El nivel de deuda, estimado en torno al 70% del PIB, reduce los márgenes de maniobra presupuestarios. El Centro Sanabil contempla así un posible recurso a mecanismos de financiación internacional, en un entorno marcado por un endurecimiento de las condiciones de acceso a los mercados.
Más allá de los efectos coyunturales, el análisis insiste en una fragilidad estructural vinculada a la insuficiencia de las reservas estratégicas. Las existencias de carburantes no superarían entre 15 y 31 días, según las estimaciones, mientras que la normativa fija un umbral de 60 días. Este desfase expone directamente a la economía nacional a los shocks externos.
