Hidrocarburos. Hasta 34 años: por qué la ejecución de los proyectos se retrasa tanto en África

La competencia energética africana ya no se limita al descubrimiento de nuevos yacimientos, sino a la capacidad de reducir los plazos de entrada en producción.

El 28/05/2026 a las 19h30

El desarrollo de los grandes proyectos petroleros y gasísticos africanos sigue poniendo de manifiesto una debilidad estructural de las economías extractivas del continente, donde transcurre un tiempo extremadamente largo entre la firma de los contratos y la entrada efectiva en producción. Según un informe basado en datos de Rystad Energy UCube, la duración media es de 16,3 años en África, con diferencias considerables según los países, la geología del yacimiento y las políticas públicas.

El continente africano aún no ha logrado revertir esta situación. Los plazos de explotación de los proyectos petroleros y gasísticos pesan enormemente sobre la capacidad de los Estados africanos para transformar rápidamente los descubrimientos energéticos en ingresos presupuestarios, infraestructuras o capacidades industriales locales.

El informe «Pipe Dreams and How Oil and Gas Have Failed to Develop Africa» muestra así que varios proyectos emblemáticos necesitaron más de dos décadas antes de entrar en explotación, revelando la pesadez de los ciclos de exploración, evaluación y desarrollo en el continente.

El caso del complejo petrolero de Doba, en Chad, ilustra esta lentitud. Descubierto en 1969, firmado en 1975 y puesto en producción solo en 2003, el proyecto necesitó 34 años antes de producir sus primeros barriles. Esta duración supera los estándares observados en varias regiones productoras de Oriente Medio o América del Norte, donde algunos proyectos pueden entrar en explotación en menos de diez años.

La situación resulta aún más marcada en el gas natural, especialmente en los proyectos offshore profundos. El informe de Rystad Energy muestra que los grandes proyectos gasísticos de Mozambique figuran entre los más largos del continente.

El proyecto Mozambique Area 4, estimado en 6.591 millones de barriles equivalentes de petróleo, presenta un horizonte de 27 años entre la firma del contrato y la primera producción prevista en 2033. El proyecto Area 1, aún más amplio con 11.742 millones de barriles equivalentes de petróleo, requiere un ciclo estimado de 25 años.

Esta lentitud no se debe únicamente a la complejidad técnica de los proyectos offshore. También refleja las dificultades africanas para asegurar financiación, estabilizar los entornos de seguridad y estructurar cadenas logísticas adaptadas a los grandes proyectos energéticos.

Mozambique ilustra precisamente esta fragilidad. Las tensiones de seguridad en la provincia de Cabo Delgado han perturbado profundamente varias grandes inversiones gasísticas, retrasando los calendarios industriales pese a la importancia estratégica de las reservas descubiertas.

Senegal y Namibia: el desafío de la paciencia energética

Los nuevos productores africanos se enfrentan ahora a la misma paradoja: grandes descubrimientos, pero ingresos que siguen estando lejos en el tiempo.

El yacimiento senegalés de Sangomar, primer proyecto petrolero offshore del país, necesitó veinte años entre la firma del contrato en 2004 y la primera producción en 2024. El proyecto gasístico Yakaar-Teranga sigue una trayectoria aún más larga. Según el informe, la primera producción no está prevista hasta 2030, es decir, veintiséis años después de la contractualización inicial.

Esta realidad modifica profundamente las expectativas económicas en torno a los hidrocarburos africanos. Los anuncios de descubrimientos suelen generar rápidas expectativas de crecimiento, mientras que los ingresos públicos, las infraestructuras asociadas y los efectos industriales siguen aplazados durante largos periodos.

Namibia, nueva frontera petrolera africana tras los descubrimientos del campo Venus en 2022, también podría entrar en esta lógica de largo plazo. Rystad Energy estima una primera producción alrededor de 2030, es decir, dieciocho años después de la firma inicial del contrato.

Plazos de desarrollo de los principales proyectos petroleros y gasísticos africanos

Sin embargo, algunos productores históricos presentan ciclos más cortos. Angola figura entre los pocos países africanos que han logrado reducir progresivamente los plazos gracias a la experiencia acumulada en el offshore profundo.

El proyecto Girasol, descubierto en 1996, entró en producción en 2001 tras solo siete años entre la contractualización y la explotación. El campo Dalia presenta un ciclo de once años, sensiblemente inferior a la media africana.

Egipto también presenta desarrollos relativamente rápidos en algunos proyectos históricos offshore de poca profundidad. El campo October solo necesitó cinco años entre la firma del contrato y la primera producción.

No obstante, estos resultados se apoyan en factores difíciles de reproducir rápidamente en otras partes del continente: infraestructuras existentes, madurez regulatoria, presencia histórica de las grandes compañías internacionales y capacidades locales ya estructuradas.

Una dependencia persistente de los capitales extranjeros

El informe de Rystad Energy subraya implícitamente otra realidad africana: los hidrocarburos del continente siguen dependiendo en gran medida de las decisiones de inversión extranjeras.

Las fases de evaluación y desarrollo representan por sí solas cerca de once años acumulados de media antes de la explotación. Esta duración refleja la prudencia de los inversores internacionales en entornos frecuentemente expuestos a riesgos políticos, de seguridad o regulatorios.

Esta dependencia reduce el control africano sobre el ritmo de desarrollo de sus propios recursos. Los calendarios energéticos siguen estando fuertemente condicionados por los arbitrajes financieros de las majors, los precios mundiales del petróleo y del gas, así como por las tensiones geopolíticas internacionales.

El contraste resulta especialmente fuerte frente a las ambiciones proclamadas por varios Estados africanos, que presentan los hidrocarburos como palancas rápidas de transformación económica.

La competencia energética africana ya no se limita al descubrimiento de nuevos yacimientos. Ahora se desplaza hacia la capacidad de los Estados para reducir los plazos de entrada en producción.

Esta evolución se vuelve decisiva en un contexto mundial marcado por la aceleración de la transición energética. Cuanto más lentamente avancen los proyectos africanos, mayor será el riesgo de que parte de las reservas lleguen al mercado mundial en un entorno menos favorable para los hidrocarburos.

El informe muestra además que los proyectos más recientes siguen presentando horizontes muy largos pese a los avances tecnológicos. Esta situación plantea una cuestión central para varias economías africanas: cómo transformar unos abundantes recursos energéticos en una verdadera potencia económica cuando los ingresos siguen aplazados durante dos décadas o más.

Por Mouhamet Ndiongue
El 28/05/2026 a las 19h30