Al tomar la delantera frente a los demás países africanos, Marruecos ya se consolida como un líder continental en la carrera mundial hacia el hidrógeno verde. Así se desprende del informe titulado «Global Hydrogen Review 2026», publicado por la Agencia Internacional de la Energía (AIE).
El Reino ha aventajado a estos países al dotarse de una estrategia nacional ya en 2021, antes que Namibia (2022), Argelia, Kenia y Mauritania (2023), Sudáfrica (2023), Túnez y Egipto (2024), que se sumaron después, señala el informe.
Para ejecutar esta estrategia, el Reino se ha esmerado en implantar un marco normativo y en atraer a socios industriales mientras otros países se encontraban todavía en fase de consulta.
La AIE ha indicado que la estrategia marroquí se basa exclusivamente en el hidrógeno renovable y no contempla en absoluto soluciones fósiles con captura de carbono, a diferencia de Argelia, que sí las integra en su visión para 2040.
«Oferta Marruecos»: un mecanismo para atraer inversores
El objetivo de Marruecos es doble: abastecer a la industria nacional de fertilizantes nitrogenados y, posteriormente, exportar a los mercados europeos a medida que disminuyan los costes de producción, apunta el informe. De aquí a 2030, el Reino aspira a una producción de entre 415.000 y 905.000 toneladas anuales, movilizando entre 2,8 y 5,2 GW de electrolizadores y entre 8 y 15 GW de capacidad renovable.
El Reino también se ha fijado metas de cara al año 2050: entre 31 y 53 GW de electrólisis y una producción de 4,6 a 9,2 millones de toneladas anuales, de las cuales el 75% se destinará a la exportación. Estas proyecciones requerirían unas inversiones acumuladas de entre 85.000 y 114.000 millones de dólares desde 2020.
Para materializar estas ambiciones, el país ha diseñado la «Oferta Marruecos», articulada en varios pilares. Estos incluyen un acceso facilitado al suelo con unas 300.000 hectáreas en una primera fase (habiendo identificado el Gobierno cerca de un millón de hectáreas potencialmente aptas), ayudas de hasta el 30% del importe invertido, exenciones fiscales e incentivos para el desarrollo de infraestructuras vinculadas.
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El proceso de selección está centralizado en una ventanilla única. En febrero de 2026 se procedió a la firma de los acuerdos preliminares de reserva de suelo para seis proyectos dentro de esta primera fase.
Los autores del informe subrayan que este marco de incentivos es uno de los más logrados del continente en cuanto a claridad de los procedimientos. Esto contrasta con otros países como Túnez, cuya estrategia aún no se ha traducido en una legislación concreta, o con Sudáfrica, cuyos incentivos fiscales dedicados al hidrógeno o no son específicos o ya han expirado.
Además del marco normativo, la AIE destaca que la competitividad de Marruecos en el campo del hidrógeno verde se apoya en unos recursos de energía solar y eólica que figuran entre los más accesibles económicamente de todo el continente.
Costes de producción entre los más bajos
La Agencia determina que el coste de producción de hidrógeno verde más bajo de África es el marroquí, situándose en 3,2 dólares por kilogramo. Esto es menos que en Kenia (a partir de 4,2 $/kg), Mauritania (5,1 $/kg), Angola y Namibia (en torno a 6,5 $/kg).
Esta competitividad se debe principalmente al coste del capital, según el informe. Marruecos presenta un coste medio ponderado del capital (WACC) de entre el 6,6% y el 8,3%, lo que le sitúa en el grupo de cabeza africano junto a Namibia y Sudáfrica, lejos de Alemania (2,3% en 2024) o China (3,6%), pero muy por debajo de Túnez o Ghana, que rozan el 16%. Los expertos de la AIE recuerdan que es este coste del capital, más que los gastos de inversión (CAPEX) o los factores de capacidad de las instalaciones, lo que determina en gran medida el precio de coste final del hidrógeno africano.
El informe también recoge que Marruecos figura en el trío de cabeza africano de proyectos de hidrógeno de bajas emisiones anunciados para antes de 2030, junto a Egipto y Namibia, países que acaparan juntos más del 80% de la cartera de proyectos del continente.
A escala africana, se contabilizan 31 proyectos con fecha de inicio anterior a 2030, que suman un total de 1,2 millones de toneladas al año. No obstante, advierte la AIE, solo el 2% de la capacidad en cartera ha alcanzado la decisión final de inversión. Muchos proyectos no han publicado avances desde hace años.
En Marruecos, la AIE señala que las cosas avanzan. En 2026, recuerda, el grupo chino Guofu Hydrogen firmó un contrato para suministrar un electrolizador de 20 MW a GF Hydrogen Africa por un valor de 6,2 millones de dólares (es decir, 310 $/kW). El mismo operador prevé invertir 30 millones de dólares para construir una fábrica de electrolizadores con una capacidad anual de 1 GW en Marruecos, además de respaldar allí un centro de investigación con ingenieros y equipos especializados.
En líneas generales, la AIE observa que en África los proyectos de gran envergadura son los más expuestos a riesgos de retraso, como ocurre en Namibia o en Mauritania, donde los dos proyectos más ambiciosos, que representan por sí solos 20 millones de toneladas de amoníaco, han quedado en suspenso.
Túnez aspira, por su parte, a alcanzar 3,9 GW de electrólisis y 5 GW de renovables para 2030, cuando en 2024 disponía de menos de 1 GW de renovables; un esfuerzo que implica multiplicar la capacidad por cinco en seis años y sin una legislación de desarrollo en vigor.
En comparación, Marruecos presenta un perfil más equilibrado con una demanda interna identificada (los fertilizantes), una estrategia centrada en volúmenes alcanzables a corto plazo y un mecanismo de atracción de inversores que ya está operativo, según la Agencia.
El amoníaco: un factor de soberanía para el Reino
Por otra parte, el informe destaca el papel determinante del amoníaco en cualquier estrategia de hidrógeno verde. Recuerda a este respecto que Marruecos cubre la totalidad de sus necesidades de amoníaco mediante importaciones, de las cuales el 40% procede de Oriente Medio, una región cuyas capacidades de suministro se ven directamente afectadas por el conflicto actual en la zona. Añade que Marruecos tuvo en el pasado una pequeña producción de hidrógeno derivada del refino, la cual ya ha perdido.
La AIE resalta a este propósito que la producción local de amoníaco verde representa para Marruecos no solo una oportunidad de exportación, sino una palanca de seguridad alimentaria y de reducción de la vulnerabilidad ante choques externos. Apunta que la estrategia marroquí se diferencia de la de Namibia o Mauritania en que estos dos países se enfocan casi exclusivamente en la exportación, mientras que Marruecos persigue ambas metas, atendiendo primero la demanda interna antes de exportar los excedentes.
El informe indica que África depende masivamente de las importaciones de amoníaco, de las que dos tercios provienen de Oriente Medio o de otros países africanos. Por este motivo, el desarrollo de una producción marroquí competitiva podría reorientar una parte de estos flujos comerciales.
A nivel global, la AIE subraya que África en su conjunto se enfrenta a un desafío mayúsculo: el alto coste de la financiación, que deteriora mecánicamente la competitividad de cualquier proyecto con un fuerte contenido de capital, como las plantas de electrólisis. Incluso con un WACC que figura entre los más bajos de África, Marruecos sigue estando muy lejos de las condiciones de financiación disponibles en Europa o China.
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La Agencia también advierte de la gran importancia que reviste la cuestión de la electricidad y de la red eléctrica. Recuerda que en 2024 casi el 60% de la producción eléctrica marroquí dependía aún del carbón, una proporción similar a la de Sudáfrica y muy superior a las ambiciones verdes proclamadas. Ahora bien, para que el hidrógeno obtenido mediante electrólisis sea calificado como de «bajas emisiones», la electricidad utilizada debe presentar una intensidad inferior a los 200-240 gramos de CO2 por kWh, recuerda. Desarrollar capacidad renovable adicional dedicada al hidrógeno sin desabastecer la red nacional en fase de desarrollo seguirá siendo un equilibrio delicado.
Obstáculos sistémicos
La AIE insiste en la necesidad de que todos los países africanos comprometidos con el hidrógeno vinculen sus estrategias a la planificación global del sector eléctrico. Se cita como buena práctica el condicionar el apoyo a la mejora del acceso a la electricidad y al agua en las regiones de implantación de los proyectos, y el agua, precisamente, constituye una dimensión que a menudo se subestima. Al generar agua a partir de la desalinización, las plantas de electrólisis podrían con el tiempo abastecer usos locales de agua potable, siempre que los proyectos estén bien dimensionados.
En materia de certificación, Marruecos aún no ha definido unos criterios de sostenibilidad que incluyan umbrales de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) para el hidrógeno y el amoníaco, una debilidad que comparte con casi todos sus vecinos, a excepción notable de Kenia. Sin embargo, los mercados importadores europeos, principal destino al que apuntan los exportadores africanos, exigirán este tipo de marcos de referencia para permitir el acceso a sus mecanismos de ayuda.
Desarrollar un marco de certificación sólido y reconocido mutuamente con los socios comerciales es una de las tareas prioritarias identificadas por la AIE para transformar las ambiciones africanas en contratos de suministro efectivos.
