Oficialmente, la inflación se mantiene moderada en Marruecos. El Índice de Precios al Consumo (IPC), principal indicador utilizado para medir la evolución de los precios y del coste de vida, aumentó una media del 0,3 % durante los ocho primeros meses de 2026.
En cuanto a las previsiones, Bank Al-Maghrib (BAM) anticipa una inflación del 0,7 % para el conjunto del año, antes de repuntar hasta el 1,5 % en 2027, impulsada especialmente por su componente subyacente. Sin embargo, los consumidores siguen denunciando un elevado coste de vida, particularmente en los productos de primera necesidad.
Esta aparente contradicción se explica, en primer lugar, por la diferencia entre la tasa de inflación, que mide la variación de los precios durante un periodo determinado, y el nivel de los precios, que corresponde a las cantidades que los hogares pagan realmente. Una inflación baja significa que los precios aumentan poco, no que regresen a los niveles anteriores a las subidas acumuladas.
Las expectativas de inflación continúan, además, bien ancladas, de acuerdo con Bank Al-Maghrib. Los expertos del sector financiero consultados durante el tercer trimestre de 2026 en la encuesta trimestral del Banco Central prevén una inflación media del 2,1 % en un horizonte de ocho trimestres y del 2,2 % en doce trimestres.
Para analizar la diferencia entre la moderación de la tasa oficial de inflación y el elevado nivel de determinados precios al consumo, Le360 consultó al economista Khalid Doumou. A su juicio, es necesario comenzar por los mecanismos que generan inflación y los indicadores utilizados para medirla.
Dos mecanismos detrás de la inflación
Khalid Doumou identifica dos grandes causas de los fenómenos inflacionistas. La primera es la inflación de demanda, que aparece cuando la demanda de un bien, servicio o insumo supera las capacidades de producción disponibles. Como la oferta no consigue responder a esa demanda, los precios aumentan.
Los economistas resumen esta situación con la expresión inglesa «too many dollars chasing too few goods», que, adaptada al contexto marroquí, significa demasiados dírhams para una cantidad insuficiente de bienes.
La segunda es la inflación de costes. Se produce cuando las empresas afrontan un incremento de sus costes de producción debido, especialmente, al encarecimiento de las materias primas, la energía o los salarios. Una parte de estos costes adicionales puede trasladarse a los precios de venta para preservar los márgenes empresariales.
El economista recuerda que la inflación consiste en una subida generalizada y duradera de los precios. Dos indicadores principales permiten medir esta evolución: el Índice de Precios al Consumo y el Índice de Precios de Producción.
El IPC mide la evolución de los precios de una cesta de bienes y servicios consumidos por los hogares, entre ellos la alimentación, la energía, el transporte y la vivienda. Constituye el indicador de referencia para evaluar la evolución del coste de vida y, por tanto, del poder adquisitivo de las familias.
Evolución del IPC hasta finales de agosto de 2026 (fuente: HCP)
| Productos alimentarios | 131,4 | 129,2 | −1,7 % |
| Alimentos y bebidas no alcohólicas | 130,9 | 128,4 | −1,9 % |
| Bebidas alcohólicas y tabaco | 144,6 | 150,1 | +3,8 % |
| Productos no alimentarios | 112,1 | 114,0 | +1,7 % |
| Ropa y calzado | 116,8 | 117,9 | +0,9 % |
| Vivienda, agua, electricidad y otros combustibles | 109,2 | 110,3 | +1,0 % |
| Muebles, artículos para el hogar y mantenimiento corriente | 112,7 | 113,7 | +0,9 % |
| Sanidad | 101,4 | 101,6 | +0,2 % |
| Transporte | 116,8 | 121,1 | +3,7 % |
| Comunicaciones | 104,0 | 103,7 | −0,3 % |
| Ocio y cultura | 105,0 | 104,9 | −0,1 % |
| Enseñanza | 121,8 | 124,4 | +2,1 % |
| Restaurantes y hoteles | 120,9 | 123,5 | +2,2 % |
| Bienes y servicios diversos | 116,5 | 120,4 | +3,3 % |
| Conjunto | 119,7 | 120,0 | +0,3 % |
El Índice de Precios de Producción mide, por su parte, la evolución de los precios de venta de los bienes y servicios cuando salen de las fábricas o explotaciones, antes de entrar en el circuito de distribución. Permite seguir la evolución de los costes que soportan las empresas y que pueden terminar repercutiendo en los precios al consumo.
En Marruecos, el Alto Comisionado para la Planificación (HCP) se encarga de calcular estos indicadores. El IPC actual utiliza como base 100 el año 2017 y mide la variación relativa de los precios de una cesta compuesta por 546 artículos y 1.391 variedades de productos consumidos por los hogares marroquíes.
El índice está organizado en distintas categorías de consumo. En agosto de 2026, el IPC de «Sanidad» se situaba en 101,70, frente a 122,70 en «Enseñanza» y 125,80 en «Transporte», tomando como referencia la base 100 de 2017. Esta estructura estadística permite medir la evolución de las distintas partidas que componen el presupuesto familiar.
La cesta del IPC se divide en dos grandes bloques, productos alimentarios y no alimentarios, subdivididos a su vez en doce categorías: alimentos y bebidas no alcohólicas; bebidas alcohólicas, tabaco y estupefacientes; ropa y calzado; vivienda, agua, gas, electricidad y otros combustibles; muebles, artículos para el hogar y mantenimiento corriente; sanidad; transporte; comunicaciones; ocio y cultura; enseñanza; restaurantes y hoteles; y bienes y servicios diversos.
Esta distribución permite tener en cuenta la diversidad de los gastos familiares, explica Khalid Doumou. Cada hogar debe repartir sus ingresos entre alimentación, vivienda, transporte, sanidad, educación, consumo y ahorro, en función de sus necesidades y recursos.
Sin embargo, es la evolución acumulada de los precios la que permite comprender por qué una inflación baja en 2026 no significa que los precios hayan regresado a los niveles anteriores a las fuertes subidas de los últimos años.
De acuerdo con los datos expuestos por el economista, entre 2017 y 2026 el índice general medio del coste de vida en Marruecos alcanzó aproximadamente los 121 puntos, lo que equivale a un incremento acumulado cercano al 21 %.
Este aumento estuvo impulsado principalmente por los alimentos y el transporte. Debido al efecto combinado de la sequía y del encarecimiento mundial de las materias primas, los precios de numerosos productos alimentarios aumentaron considerablemente entre 2022 y 2025.
El índice alimentario superó así los 132 puntos a comienzos de 2025, equivalente a una inflación acumulada superior al 32 % en la cesta alimentaria en menos de cuatro años. El índice de precios del transporte alcanzó, por su parte, los 125 puntos.
Los hogares perciben directamente estas subidas acumuladas en sus gastos cotidianos, incluso cuando la tasa de inflación registrada durante un año determinado pasa a ser baja.
Carne, frutas y verduras
La carne roja constituye uno de los ejemplos más visibles de la diferencia entre la evolución de la tasa de inflación y el nivel real de los precios. Khalid Doumou señala que la carne de vacuno pasó de costar entre 65 y 75 dírhams por kilogramo en 2021 a alrededor de 120 dírhams en 2026. Durante el verano llegó incluso a alcanzar los 200 dírhams en algunas carnicerías de alta gama.
El economista atribuye esta evolución, en gran medida, a las consecuencias de varios años de sequía sobre la cabaña ganadera nacional.
Recuerda que el llamamiento del rey Mohammed VI en junio de 2025, mediante el que invitó a los marroquíes a renunciar al sacrificio ritual por primera vez en 29 años, pretendía preservar una cabaña ganadera castigada por seis años consecutivos de sequía y contener una subida de los precios que se había vuelto insoportable para los hogares.
En un año normal, la demanda marroquí durante el Aid al-Adha se sitúa entre 5,5 y 6 millones de cabezas, principalmente ovinos machos, para atender las necesidades de cerca del 87 % de los hogares del país.
En 2026, aunque las autoridades contabilizaron una oferta global cercana a los ocho millones de cabezas, la demanda real continuó siendo débil, frenada por la pérdida de poder adquisitivo ante la escalada de los precios.
Los precios medios superaron frecuentemente los 5.000 dírhams por animal y alcanzaron entre 75 y 85 dírhams por kilogramo de peso vivo. Esta situación llevó a numerosas familias con ingresos modestos a renunciar a la compra o recurrir a alternativas más asequibles, como las cabras o los corderos de menor tamaño.
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El Estado adoptó paralelamente medidas de apoyo al sector ganadero, recuerda Khalid Doumou, quien menciona una dotación de 13.100 millones de dírhams para el periodo 2022-2026 —o de 464 millones de dírhams, de acuerdo con el Gobierno—.
Las importaciones de ovinos procedentes, entre otros países, de España y Australia fueron acompañadas de una ayuda de 500 dírhams por cabeza, así como de la supresión del IVA y de los aranceles aduaneros hasta finales de 2026.
Pese a estas medidas, el efecto esperado sobre los precios pagados por los consumidores no se materializó por completo. El economista destaca también el papel de los intermediarios, conocidos comúnmente como chennaqa, los costes de transporte y las condiciones en las que se forman los precios mayoristas.
El mismo desfase afecta a las frutas y verduras. Aunque Marruecos continúa siendo un importante exportador de productos agrícolas, registró elevados niveles de importación en 2025 y 2026 para cubrir determinados déficits del mercado interior.
Las importaciones incluyen plátanos procedentes de Costa Rica, Ecuador, Canarias y Madeira; peras de España y Portugal; y manzanas de Francia, Italia y España.
También se importan frutas tropicales, como mangos y piñas de Costa Rica, así como kiwis de Senegal, Burkina Faso y Costa de Marfil. El volumen citado de importaciones de kiwi alcanzó las 21.900 toneladas en 2025.
Por qué algunas subidas se perciben más
Más allá del nivel general del IPC, la estructura de los gastos familiares explica por qué determinadas subidas resultan mucho más visibles que otras.
La alimentación representa el 38,2 % de la cesta media de consumo de los hogares marroquíes. Cualquier variación importante en esta partida repercute directamente sobre los gastos cotidianos.
Los productos frescos, especialmente la carne, el pescado y las verduras, están particularmente expuestos a la volatilidad de los precios. El estrés hídrico sufrido por Marruecos durante los últimos años afectó a la oferta agrícola y ganadera, mientras que la evolución del precio de los insumos y del transporte también repercutió sobre los precios finales.
A ello se suman los reajustes de determinadas tarifas públicas. Khalid Doumou señala que la reforma de las ayudas sociales directas está acompañada de una retirada progresiva de las subvenciones, con aumentos escalonados del precio de la bombona de gas butano y reajustes relacionados con el azúcar.
Como estos productos son utilizados directa o indirectamente por los hogares, sus variaciones pueden intensificar la percepción de encarecimiento.
Para las clases medias urbanas, la presión también procede de los servicios privados. Algunas familias destinan sumas importantes a la enseñanza privada, el transporte escolar y las consultas y tratamientos médicos privados, especialmente cuando la oferta pública no responde a sus necesidades.
La percepción de un elevado coste de vida no se explica únicamente por la evolución del IPC durante un periodo corto. También responde a la acumulación de subidas durante varios años y al peso que tienen los gastos esenciales dentro del presupuesto familiar.
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La cuestión ahora es saber si la actual debilidad de la inflación se mantendrá. Bank Al-Maghrib prevé que la inflación general aumente hasta el 1,5 % en 2027.
Las expectativas recogidas entre los expertos financieros durante el tercer trimestre de 2026 también apuntan a niveles superiores a los actuales, con un 2,1 % en un horizonte de ocho trimestres y un 2,2 % en doce trimestres.
La inflación subyacente constituye en este contexto un indicador importante. Khalid Doumou la define como una herramienta que permite identificar la tendencia de fondo de los precios excluyendo determinadas variaciones temporales o accidentales relacionadas con las condiciones climáticas, acontecimientos excepcionales o tensiones geopolíticas.
Para calcularla, el IPC general se corrige excluyendo determinadas categorías de productos con precios volátiles, así como tarifas públicas o reguladas que no dependen directamente del libre juego de la oferta y la demanda.
De acuerdo con las proyecciones del Banco Central, la inflación subyacente pasaría del −0,2 % en 2026 al 2,2 % en 2027. Esta evolución debe interpretarse en un contexto en el que varios factores pueden continuar influyendo sobre los precios, especialmente las tensiones geopolíticas internacionales y las condiciones climáticas.
Marruecos comienza además a dejar atrás un largo periodo de sequía. Khalid Doumou recuerda que 2026 estuvo marcado por unas precipitaciones excepcionales y una producción de cereales de 93 millones de quintales, después de varios años de escasez de lluvias.
El riesgo de sobrecalentamiento económico
Para el economista, la evolución futura de los precios dependerá también de la capacidad de la economía para absorber las numerosas inversiones y grandes obras estructurantes iniciadas en el país.
La preparación del Mundial 2030, la renovación urbana, la modernización de las infraestructuras de transporte, carreteras, autopistas, trenes, puertos y aeropuertos, así como las inversiones en hospitales, la flota aérea, las escuelas y las transiciones energética y digital, junto con la culminación del gran proyecto de regionalización avanzada, podrían incrementar considerablemente la demanda.
En este contexto, el economista advierte del riesgo de sobrecalentamiento económico. En macroeconomía, este fenómeno se produce cuando la demanda total supera ampliamente las capacidades productivas del país. Este desequilibrio puede ejercer una presión adicional sobre los precios.
Controlar esta dinámica dependerá también de la capacidad para desarrollar la oferta al mismo ritmo que la inversión y la demanda. El objetivo es evitar que una aceleración excesiva de la demanda provoque nuevas tensiones inflacionistas.
La cuestión del poder adquisitivo continúa directamente vinculada a los precios de los gastos ineludibles. Cuando la alimentación, la vivienda, la energía, la escolarización o el transporte absorben una parte importante del presupuesto, una inflación anual baja puede coexistir con una persistente percepción de encarecimiento.
El debate sobre el nivel de vida no se limita, por tanto, a la tasa de inflación publicada cada mes. También afecta al nivel en el que se han instalado los precios después de varios años de subidas, a la estructura de la cesta de consumo de los hogares y a la evolución real de sus ingresos.
