Sáhara marroquí: el alza del precio de la carne de camello desespera a los consumidores

El 30/03/2026 a las 15h20

VídeoEn las provincias del sur, el precio de la carne de camello se ha disparado hasta los 135 dirhams por kilogramo, frente a los menos de 80 dirhams de antes. Impulsada por el aumento de los costes energéticos, las secuelas de la sequía y las tensiones en los circuitos de abastecimiento, esta escalada alimenta el malestar de los consumidores.

Los precios de la carne de camello han registrado una clara subida en las provincias del sur, hasta alcanzar los 135 dirhams por kg, frente a los menos de 80 dirhams de antes.

Esta escalada se inscribe en un contexto nacional marcado por un aumento generalizado del precio de las carnes, observado tanto en las regiones del sur como en el norte del Reino.

Numerosos analistas económicos atribuyen esta tendencia a factores vinculados a las fluctuaciones de los mercados internacionales y a su impacto en los circuitos locales de abastecimiento.

Esta situación ha suscitado un creciente malestar entre los habitantes. Es el caso de Mokhtar, residente en Laayoune, que expresa su ira ante el encarecimiento del coste de la vida.

Confiesa que ya no puede soportar la evolución del precio de la carne de camello y que se plantea revisar sus hábitos alimentarios y sus prioridades presupuestarias. Incluso asegura que, en ocasiones, se conforma con comidas sencillas, como arroz con leche, renunciando así a una carne que, sin embargo, ocupa un lugar central en su alimentación cotidiana.

En efecto, la carne de camello desempeña un papel esencial en la cultura culinaria local. Está omnipresente en las comidas, especialmente en el seno de la cultura hassanía, donde la cría de dromedarios constituye un pilar identitario y económico.

Para Abdessalam Ben Abidine, notable saharaui y presidente de la asociación provincial de gestión pastoral de ganaderos en la región de Laayoune, esta subida se explica principalmente por factores objetivos. Cita, en particular, el aumento del precio del petróleo y de sus derivados, que repercute directamente en los costes de transporte, logística y mano de obra.

Según explica, el encarecimiento de los carburantes afecta al conjunto de la cadena de valor, desde el desplazamiento de los rebaños hasta su comercialización, pasando por las condiciones de trabajo de los pastores y los gastos vinculados a su alimentación y alojamiento. A ello se suma la subida del precio de los piensos, pese a los dispositivos de apoyo existentes.

No obstante, nuestro interlocutor subraya los esfuerzos desplegados por las autoridades públicas, especialmente en materia de perforación de pozos en las zonas afectadas por la sequía. Aun así, pide reforzar las ayudas destinadas a los ganaderos, en un contexto marcado por un persistente déficit de precipitaciones en varias zonas pastorales.

Noureddine, carnicero especializado en carne de camello, confirma que la subida de los precios obedece a la conjunción de varios factores, entre ellos el aumento del coste de los carburantes y los efectos de la sequía que afectó a la región antes de las recientes lluvias.

Precisa que estas precipitaciones, aunque beneficiosas, no han alcanzado a todas las zonas de cría, lo que limita su impacto sobre la reconstitución de la cabaña ganadera y la disponibilidad de recursos forrajeros. Esta situación sigue pesando sobre la actividad comercial y sobre el equilibrio del mercado.

El Aid al-Adha podría complicar aún más la situación

Lassiad Bourazza, miembro de la antena local de la Asociación Marroquí de Protección del Consumidor, rebate estas justificaciones. A su juicio, no existe ninguna razón objetiva que explique una escalada de precios de tal magnitud, especialmente tras la mejora relativa de las precipitaciones y la mayor disponibilidad de pastos.

Según él, estas condiciones deberían haber favorecido, por el contrario, una bajada de los precios. También pone el foco en la proximidad del Aid al-Adha, periodo en el que la demanda de carne roja suele aumentar con fuerza. En las provincias del sur, algunas familias optan por la compra colectiva de un camello para el sacrificio, lo que intensifica aún más la presión sobre los precios.

En este contexto, el consumidor se ve obligado a adaptarse a una nueva realidad económica. Entre los efectos de la sequía, el encarecimiento de los insumos y la subida de los costes energéticos, la recomposición de los hábitos de consumo parece inevitable, a la espera de medidas capaces de preservar el poder adquisitivo y restablecer cierto equilibrio en el mercado.

Por Hamdi Yara
El 30/03/2026 a las 15h20