Es una novela negra de las que solo sabe escribir el régimen argelino. El título lo puso TSA el 20 de octubre: «Argelia, ¿quién se ha “comido” la carne importada?». El crimen está claro. Al país han llegado cantidades que la prensa califica de «enormes», pero el precio de la carne no ha bajado. La producción local supera los 3.300 dinares por kilo. La carne importada, que al principio se vendía entre 800 y 1.200 dinares, ha terminado alcanzando el mismo precio. En algún punto entre el puerto y el mostrador, la carne cambió de precio y nadie sabe cómo.
El Consejo de Ministros del 18 de octubre abrió la investigación. Detectó «monopolios constituidos por algunos importadores», carniceros que venden la carne importada al precio de la local y diferencias de precios «entre provincias y entre barrios». El presidente Tebboune encargó al primer ministro que investigara el asunto. Al día siguiente, el Ministerio de Comercio envió a sus agentes sobre el terreno. Se esperan los resultados. A menudo tardan en llegar. Mucho.
Para ayudar a los investigadores, conviene recordar los hechos. En septiembre de 2023, el Ministerio de Agricultura abrió las importaciones de carne a través de una plataforma digital en la que la Administración decide quién puede importar. En abril de 2024, un decreto ejecutivo fijó los márgenes máximos: un 4% para el importador, un 5% para el mayorista y un 8% para el minorista. La Ley de Finanzas de 2026 redujo los aranceles al 5%, y el proyecto de Ley de Finanzas de 2027 propone prorrogar esa ventaja hasta 2029. Cada etapa del circuito lleva la firma del Estado. El sospechoso ha dejado sus huellas por todas partes.
El régimen, sin embargo, ya ha encontrado a los culpables: el importador, el carnicero y el intermediario. El reparto es el de siempre. Hace unas semanas, el Ejército señaló a Amir Dz, un youtuber exiliado, como responsable de los incendios forestales. Esta semana, el carnicero del barrio es quien deja a la nación sin carne. En la Argelia de Tebboune, cada problema tiene un culpable, que nunca es quien gobierna.
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Las soluciones anunciadas están a la altura del diagnóstico. El Consejo de Ministros aprobó siete medidas. Los gobernadores comprarán los excedentes de producción, los almacenarán y los devolverán al mercado cuando suban los precios. El Ministerio de Comercio fijará precios máximos y márgenes para las verduras, las legumbres, la pasta y la carne. Brigadas de control realizarán inspecciones diarias durante todo el año. Una base de datos digital alertará a las autoridades si detecta una subida anormal. Una ley regulará la actividad de los intermediarios. El gobernador se convierte en mayorista, el funcionario en carnicero y el ordenador vigila las patatas.
Hay que reconocer que todo encaja. Un sistema que creó una renta al elegir a los importadores responde al problema designando a otros agentes para vigilar a los primeros. Si la carne desaparece entre el puerto y el mostrador, se añade una ventanilla más en medio. La economía administrada argelina no se reforma, se le van sumando capas.
Las cifras de la Oficina Nacional de Estadística dan una idea de la magnitud del problema. En agosto de 2026, los precios de los productos frescos subieron un 4,7% en un mes. El pollo se encareció un 40,5% y la fruta, un 22,8%. Los precios al consumo acumulan una subida interanual del 8,3%. Estas cifras se conocen mientras el ministro de Energía anuncia unos ingresos de 37.500 millones de dólares por hidrocarburos en nueve meses. Argelia nunca había tenido tantos petrodólares. Nunca había pagado tan caro el pollo.
Lo más llamativo de este caso es la sorpresa del Gobierno. El Consejo de Ministros parece descubrir ahora que la carne importada se vende al precio de la local. Cualquier argelino que haya hecho la compra durante los últimos tres años ya lo sabía. El régimen, en cambio, se ha enterado en una reunión, en el palacio.
La investigación quizá revele quién se ha comido la carne. No dirá quién puso la mesa.
