El pacto elimina más del 90% de los aranceles entre ambos bloques y abre un mercado conjunto que representa cerca del 30% del PIB mundial y más de 700 millones de consumidores. Para Bruselas, se trata de un movimiento estratégico en un contexto global marcado por tensiones comerciales y la necesidad de diversificar socios frente a potencias como Estados Unidos o China.
«Las ventajas son reales y ya perceptibles. Los aranceles comienzan a bajar. Las empresas acceden a nuevos mercados. Los inversores se benefician de la previsibilidad que necesitan», afirmó la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
Desde este viernes, productos europeos como automóviles, vino o farmacéuticos verán reducidos o eliminados sus aranceles en países como Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. A cambio, el mercado europeo se abrirá a importaciones agrícolas sudamericanas como carne de vacuno, aves, azúcar o soja.
El acuerdo, sin embargo, sigue generando una fuerte división en Europa. Francia lidera la oposición por el impacto que podría tener en su sector agrícola, temeroso de una competencia basada en costes más bajos y estándares diferentes. «En realidad, es un día muy sombrío», advirtió la eurodiputada Manon Aubry, alertando de una «competencia desleal» para los productores europeos.
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Por el contrario, países como España y Alemania han respaldado el tratado, subrayando su importancia estratégica. El comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, lo calificó como «un gran día» y un acuerdo «histórico».
La entrada en vigor provisional se produce en paralelo a un pulso político dentro de la UE, donde París ha intentado sin éxito bloquear el tratado, generando tensiones con Berlín. A nivel internacional, líderes como el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva han defendido el acuerdo como un avance del multilateralismo frente al auge del proteccionismo.
Más allá de Europa y América Latina, este nuevo marco comercial podría tener efectos indirectos en regiones como el norte de África, donde países como Marruecos compiten en sectores agrícolas e industriales sensibles ante la apertura del mercado europeo a nuevos actores.
