Mohamed Tebboune, el Saïd Bouteflika de la «nueva Argelia»

El 28/10/2026 a las 10h38

No tiene cargo, mandato ni despacho oficial. Sin embargo, influye en los nombramientos, los emisarios y, ahora, también en los servicios de inteligencia. El hijo mayor del presidente argelino representa todo lo que su padre prometió erradicar en 2019: el poder en la sombra, ejercido desde la propia familia en nombre de un jefe de Estado debilitado.

En diciembre de 2019, Abdelmadjid Tebboune fue elegido con una promesa: acabar con la «issaba», la banda que había secuestrado el Estado durante el mandato de Abdelaziz Bouteflika. Aquella banda tenía un rostro y un nombre: Saïd Bouteflika, hermano y asesor de un presidente enfermo, convertido en el verdadero dueño del palacio. Siete años después, El Mouradia vuelve a tener a un hombre sin cargo electivo que toma numerosas decisiones. Se llama Mohamed Tebboune y es hijo del presidente.

La ironía es cruel para su padre. En 2017, Abdelmadjid Tebboune fue destituido como primer ministro tras menos de tres meses en el cargo, después de enfrentarse a los oligarcas protegidos por el clan presidencial. Entonces se atribuyó su cese a la intervención de Saïd Bouteflika. El hombre apartado por el hermano del presidente acabó colocando a su propio hijo en un papel similar.

El ascenso de Mohamed Tebboune no es nuevo. Ya en el verano de 2020, Le360 informaba, a partir de fuentes coincidentes, de que asesoraba a su padre, había coordinado la evaluación de los ministros antes de la formación del Gobierno de Djerad y sondeaba posibles nombramientos para los altos cargos del Estado. Por esas mismas fechas, el medio Maghreb Intelligence habló de una disputa entre padre e hijo en torno a un lobista turco y a un proyecto petroquímico de 6.000 millones de dólares, y atribuyó al hijo la ambición de convertirse en «el nuevo Saïd Bouteflika». La expresión ha hecho fortuna.

Ahora la repiten incluso quienes defienden al presidente. El youtuber Saïd Bensedira, portavoz del sector de los generales protagonistas de la década negra, suele presentar a Abdelmadjid Tebboune como víctima de un «entorno traidor» y señala a su hijo como el verdadero centro de decisión. Aporta dos ejemplos. El primero es el caso de Ginebra. Según Bensedira, el consejero Abdelatif Belkaïm viajó a Suiza el 24 de octubre por orden de Mohamed Tebboune para reunirse con Rafaa Tchouka, un hombre mencionado en el caso de Farid Bencheikh, una investigación por «alta traición» instruida por la justicia militar.

La segunda acusación es aún más grave. También según Bensedira, Mohamed Tebboune intentaría apartar a dos responsables: al general de división Mounir Zahi, jefe de la Dirección General de Seguridad Interior (DGSI), y al director de la Dirección Central de Seguridad del Ejército (DCSA), el general Noureddine Maâche, apodado «Obama». ¿Su falta? Dependerían del Estado Mayor de Saïd Chengriha y no acatarían sus órdenes. Así, el hijo del presidente, sin cargo oficial alguno, pretendería decidir el destino de los jefes de los servicios de inteligencia del país. Incluso Saïd Bouteflika, en la cúspide de su poder, necesitó un decreto de su hermano para desmantelar el DRS del general Toufik.

La comparación no termina ahí. Como Saïd Bouteflika, Mohamed Tebboune nunca ha sido elegido. Como él, obtiene su poder de un vínculo de sangre, no de un cargo. Como él, medra mientras se debilita aquel en cuyo nombre habla. Y, como él, está acusado de hacer negocios a la sombra del palacio.

En junio de 2025, cuando L’Express planteó la posibilidad de que París congelara los bienes de una veintena de altos cargos argelinos, el periodista Mohamed Sifaoui afirmó que dos hijos del presidente, Mohamed y Khaled, tenían propiedades en Francia. También aludió a los estrechos vínculos de Mohamed con empresarios turcos. La Presidencia argelina no ha desmentido estas afirmaciones, que dibujan, cuando menos, una trayectoria conocida: la de herederos que aprovechan su cercanía al poder sin tener que rendir cuentas.

El régimen, por su parte, guarda silencio. No ha aclarado el viaje relámpago a Ginebra ni ha desmentido las ambiciones atribuidas al hijo del presidente. En un país donde se encarcela a internautas por una publicación y a un periodista extranjero por un reportaje, el hombre que parece disponer de los emisarios de la Presidencia no tiene que rendir cuentas a nadie, porque oficialmente no ocupa ningún cargo.

Eso es precisamente lo que hace peligrosa la situación. El poder sin título es un poder sin control. No responde ante el Parlamento, la justicia ni siquiera el Ejército, con el que parece estar ya en abierta confrontación. Argelia conoce el desenlace de esta historia. En 2019, cuando la calle rechazó un quinto mandato, el Estado Mayor abandonó a Saïd Bouteflika. Detenido en mayo, condenado por un tribunal militar y después sentenciado a ocho años de prisión en una causa por corrupción, el antiguo hombre fuerte descubrió que la protección de un hermano solo dura mientras ese hermano se mantiene en pie.

La «nueva Argelia» debía pasar página a la regencia familiar. Solo la ha reescrito con otro nombre. Abdelaziz tenía a Saïd; Abdelmadjid tiene a Mohamed. El sistema no ha cambiado de método. Ha cambiado de familia.

Por Mohammed Ould Boah
El 28/10/2026 a las 10h38