El día después, la crisis de Sebta tras la visita real

Mohamed Benabdelkader.

El 27/10/2026 a las 14h35

ColumnaLa visita oficial de los reyes de España, Felipe VI y Letizia, a las ciudades de Sebta y Melilla, los días 13 y 14 de octubre, estuvo precedida y acompañada de una notable expectación mediática, que convirtió el desplazamiento en un acontecimiento de fuerte carga simbólica y política. Sin embargo, el despliegue mediático que rodeó la visita no parece haber marcado el final de la crisis de Sebta. Por el contrario, su prolongación en los días posteriores invita a cuestionar el alcance de un gesto concebido como reafirmación de una soberanía controvertida. La visita pudo proyectar una imagen de unidad nacional y de presencia institucional, pero no bastó para disipar las tensiones ni para resolver las cuestiones políticas y diplomáticas que habían aflorado durante la crisis.

Esta continuidad pone de manifiesto los límites de la afirmación simbólica cuando se enfrenta a una controversia histórica que trasciende el plano ceremonial. La presencia de los monarcas puede reforzar, en el ámbito interno, la representación de la continuidad institucional en ambas ciudades, pero no modifica por sí misma las condiciones de la relación bilateral ni elimina el lugar que ocupa Marruecos como referente ineludible de cualquier debate sobre el estatuto y el futuro de Sebta y Melilla. En este sentido, la crisis no terminó con la visita porque el gesto simbólico no podía, por sí solo, cerrar una cuestión cuyas dimensiones históricas, geográficas, políticas y diplomáticas permanecen abiertas. Más que un desenlace, la visita constituyó un episodio dentro de una dinámica de tensiones que continuó manifestándose en los discursos políticos, las narrativas mediáticas y las relaciones entre Madrid y Rabat.

La crisis más allá del ceremonial

El discurso político y mediático en España presentó la visita como un acto de soberanía que habría permitido cerrar una secuencia protocolaria, proyectar una imagen de continuidad institucional y satisfacer una demanda de reafirmación nacional. Sin embargo, los acontecimientos posteriores pusieron de manifiesto que aquella escenificación simbólica no suponía necesariamente el cierre de la crisis. Una cosa era representar la normalidad mediante la presencia de los monarcas y otra, muy distinta, restablecerla en las relaciones con Marruecos. En otras palabras, la visita habría podido marcar el final simbólico de un episodio, pero no por ello el desenlace político y diplomático de una crisis cuyas tensiones y contradicciones persistían más allá del ceremonial.

De hecho, lejos de clausurar definitivamente la crisis, la visita dio paso a una nueva fase de controversia informativa e institucional en torno a los acontecimientos que la habían desencadenado. La crisis no se limita al plano mediático o discursivo, sino que sigue teniendo consecuencias operativas y planteando problemas concretos sobre el terreno. Así lo evidencian, por una parte, la permanencia en la ciudad de alrededor de 15.000 migrantes, entre ellos unos 3.300 menores, y el clima de escasez e incertidumbre que sigue marcando la vida local. Esta situación fue denunciada por el “presidente” de Sebta, Juan Jesús Vivas, durante la marcha celebrada en Madrid el domingo 25 de octubre de 2026, en solidaridad con la ciudad y para reclamar soluciones urgentes ante la crisis migratoria. En aquella ocasión, Vivas afirmó que «Ceuta sigue viviendo una situación absolutamente insostenible, una situación totalmente alejada de la normalidad. No hemos recuperado la normalidad». Por otra parte, la evolución de la situación fronteriza y el estado de la cooperación bilateral con Marruecos, suspendida hasta nuevo aviso, constituyen otros indicadores de que las tensiones siguen abiertas. En conjunto, estos elementos apuntan a una realidad que la visita real no ha logrado modificar sustancialmente, por tanto, la supuesta reafirmación simbólica de la soberanía no equivale al restablecimiento de la normalidad ni al cierre efectivo de la crisis.

Tres dimensiones de continuidad

La visita real constituye, desde esta perspectiva, un acontecimiento simbólico cuya capacidad para clausurar la crisis no puede evaluarse únicamente a partir de las imágenes que proyectó durante su desarrollo, sino, sobre todo, a la luz de los acontecimientos posteriores. Estos ponen de manifiesto la continuidad de la crisis, que se manifiesta en tres dimensiones interrelacionadas:

- Continuidad narrativa: los medios de comunicación y los actores políticos siguen interpretando la actualidad a través del prisma de los acontecimientos de julio, que permanecen como un referente central en la construcción de los discursos sobre Sebta y Marruecos.

- Continuidad político-administrativa: las investigaciones, las controversias sobre la gestión de la crisis y las exigencias de rendición de cuentas prolongan el debate sobre las responsabilidades políticas e institucionales.

- Continuidad diplomática: los desacuerdos y las señales de distanciamiento entre Madrid y Rabat siguen presentes, pese a la voluntad declarada de ambos gobiernos de preservar la cooperación bilateral.

En definitiva, la visita pudo escenificar un gesto de apoyo y normalización institucional, pero no bastó para poner fin a las dinámicas narrativas, institucionales y diplomáticas que la crisis había desencadenado. La persistencia de estas tres dimensiones demuestra que el cierre simbólico de un episodio no implica necesariamente su resolución política ni diplomática.

Inmediatamente tras la visite de los reyes, la actualidad volvió a estar dominada por las controversias sobre la responsabilidad marroquí, los incidentes navales, las filtraciones de los servicios de inteligencia y los límites de la cooperación bilateral. La crisis sobrevivió así a su momento ceremonial, desplazándose del terreno de la emergencia migratoria al de la interpretación de los hechos, la rendición de cuentas, la relación política entre España y Marruecos, y la revisión del modelo de cooperación migratoria.

No se trata aquí de volver a analizar la crisis de Sebta en todos sus aspectos, sino de examinar cómo esta crisis sobrevivió a la visita real dentro del discurso público español y cómo fue incorporada a la precampaña electoral en curso. La pregunta decisiva que se impone, por tanto, es: qué ocurre cuando termina el acontecimiento ceremonial, desaparece Sebta de la agenda política o se transforma en un recurso discursivo para hablar de la inmigración, la seguridad, la soberanía, la gestión del gobierno y la oposición entre modelos políticos?

La continuidad de la crisis en la precampaña electoral

No solamente la crisis migratoria seguí siendo utilizada por el PP y Vox en sus discursos políticos de oposición, sino que la derecha española convierte la crisis de Sebta en su tema central de precampaña electoral. La sensación de abandono que se vive en la ciudad tras la crisis migratoria de julio está dando nuevos argumentos a los partidos de derecha y extrema derecha de cara a las elecciones generales españolas del 29 de noviembre. Las críticas en Sebta, gobernada por el PP durante más de 25 años, se centran principalmente en la política migratoria del gobierno central y en lo que muchos consideran una falta de firmeza hacia Marruecos, a quien se acusa de permitir o fomentar deliberadamente la oleada migratoria para desafiar la soberanía española sobre Sebta y Melilla. El líder del PP, Alberto Núñez Feijoo, hizo de Sebta su primera parada de campaña, comprometiéndose a ayudar a restablecer la «normalidad» en el territorio. De este modo, la normalidad dejó de ser únicamente una aspiración vinculada a la superación de la crisis para convertirse en un reto electoral y en un lema político con capacidad de movilización del voto. La crisis de Sebta se incorporó así a la competición partidista, transformando las dificultades que atravesaba la ciudad en un argumento de campaña y en un recurso para interpelar al electorado a través de la promesa de recuperar una normalidad que seguía sin materializarse.

La continuidad de la crisis en el discurso mediático

En el ámbito del tratamiento mediático, se puede distinguir tres marcos discursivos predominantes en la prensa española posterior a la visita de los reyes a Sebta y Melilla, los días 13 y 14 de octubre. Lejos de marcar una clausura definitiva del episodio, la cobertura posterior revela la persistencia de una crisis que continúa proyectándose sobre la percepción social de la ciudad, la controversia política interna y la representación de Marruecos como actor estratégico.

El primer marco presenta una ciudad que ha recuperado parte de su actividad cotidiana, pero que dista de haber recobrado plenamente la normalidad. En sus informaciones posteriores a la visita, algunos medios describieron una realidad marcada todavía por la percepción de inseguridad, la incertidumbre y el descontento de una parte de la población. La retirada de migrantes de las playas y la recuperación de determinados espacios no parecían suficientes para disipar las inquietudes ni para dar por superadas todas las consecuencias de los acontecimientos de julio.

Se perfila así una tensión entre dos dimensiones de la normalización: la recuperación material y funcional de la ciudad, por un lado, y la percepción social de que la crisis continúa abierta, por otro. La visita real no disuelve esta tensión, por el contrario, el contraste entre la solemnidad del gesto institucional y la persistencia de las preocupaciones locales invita a interrogarse sobre el alcance efectivo de la normalidad que se pretendía mediante dicho acto. La ceremonia puede escenificar la continuidad del Estado, pero no basta, por sí sola, para restablecer la tranquilidad social ni para superar el trauma de una crisis que sigue presente en la memoria colectiva.

El segundo marco sitúa la crisis en el centro de una disputa persistente sobre la responsabilidad del Gobierno. RTVE y otros medios recogieron las declaraciones del líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, quien anunció su intención de investigar, si llegaba al gobierno, tanto la entrada masiva de migrantes como la presencia de buques marroquíes en aguas españolas. También dieron cuenta de la respuesta de Pedro Sánchez, que calificó los incidentes navales de puntuales y defendió la actuación de su ejecutivo. En esta perspectiva, la crisis deja de ser únicamente un acontecimiento pasado que deba reconstruirse y se convierte en un expediente político todavía abierto, susceptible de alimentar nuevas exigencias de explicaciones, investigaciones y rendición de cuentas. La controversia se desplaza así desde la gestión inmediata de la emergencia hacia la evaluación de la capacidad preventiva del Estado, la transparencia de sus instituciones y la suficiencia de la respuesta gubernamental. La visita real constituye, en este contexto, un hito simbólico, pero no un punto final, las preguntas sobre lo ocurrido en julio, las decisiones adoptadas y las responsabilidades correspondientes siguen ocupando un lugar destacado en las pantallas y las páginas de los medios de comunicación, donde continúan alimentando y articulando una parte sustancial de la confrontación política.

El tercer marco mantiene a Marruecos como referente central de la seguridad española y como objeto recurrente de sospecha. La cobertura posterior a la visita sigue asociando Sebta, la actuación de las autoridades marroquíes y la seguridad nacional. La propuesta de investigación anunciada por Feijóo, al vincular la entrada masiva con los incidentes navales, contribuyó a prolongar esta asociación y a inscribir los acontecimientos de julio en una interpretación que desborda el ámbito estrictamente migratorio. Marruecos aparece así no solo como el interlocutor imprescindible para la gestión de la frontera, sino también como un actor cuya conducta es sometida a escrutinio y cuya relación con España se convierte en objeto de controversia política. Así se evidencia la persistencia de un marco interpretativo en el que Marruecos opera como referente recurrente para articular y canalizar las preocupaciones relativas a la soberanía española, la vulnerabilidad de sus fronteras y la capacidad de respuesta del Estado.

Considerados en conjunto, estos tres marcos permiten advertir que la visita real no clausuró la crisis en el espacio mediático, sino que coincidió con una transformación de sus modalidades de representación. La emergencia de julio siguió presente, aunque desplazada hacia otros terrenos, los de la distancia entre la normalidad institucional y la percepción social, la disputa por la atribución de responsabilidades y la persistencia de Marruecos como referente de la seguridad nacional. La continuidad de la crisis se manifiesta, por tanto, menos en la reproducción inalterada de los acontecimientos originales que en su capacidad para seguir organizando la interpretación de la actualidad y alimentando la confrontación política después del gesto simbólico de la Corona.

Sebta sigue estructurando el discurso político y mediático español

En definitiva, la visita real a Sebta y Melilla constituyó un acto simbólico destinado a hacer visible la autoridad territorial del Estado en las dos ciudades, pero su alcance debe evaluarse también a partir de sus efectos posteriores. La persistencia de las controversias sobre la gestión gubernamental, la vulnerabilidad fronteriza y la atribución de responsabilidades revela que la solemnidad institucional no basta para clausurar una crisis que continúa manifestándose en los discursos políticos, las representaciones mediáticas y las percepciones sociales.

En este contexto, Marruecos conserva un lugar central como referente de seguridad, objeto de sospecha y recurso recurrente en la confrontación política interna, especialmente en un escenario de creciente competencia electoral. La crisis no desaparece, sino que se desplaza desde la emergencia fronteriza hacia la disputa por su interpretación y significado. Así, la visita real marca un momento de reafirmación simbólica, pero no necesariamente un punto de inflexión en la evolución de la crisis, cuya continuidad se manifiesta en la capacidad de los acontecimientos de julio para seguir estructurando el relato político y mediático español.

Por Mohamed Benabdelkader
El 27/10/2026 a las 14h35