Cuna de las dinastías, Almorávide, a mediados del siglo XI, hasta la Alauita, que gobierna desde la sexta década del siglo XVII, el Sáhara es una zona clave donde, a lo largo de la historia secular de Marruecos, el pleno ejercicio de la soberanía cobra una dimensión existencial por el Monarca reinante.
Este artículo se propone de hacer un recorrido de los principales actos históricos que atestiguan el ejercicio directo de Marruecos de los dominios inherentes a la soberanía en el Sáhara, en particular la acuñación de la moneda, la contribución fundacional a la identidad nacional, la recaudación del impuesto sobre el comercio transahariano, el reclutamiento de contingentes del ejército, el intercambio de Embajadas con África subsahariana et de Sahel y las Mahallas (campañas) de los Sultanes.
A principio del siglo IX, el Emir Mūlay Abdala Ibn Driss II, Gobernador de las regiones meridionales - que corresponden, actualmente, a Sūs, Massa, el Anti-Atlas y las Provincias saharianas – creó la ciudad de Tamdūlt, en la entrada del Sáhara y cerca de una mina de plata, para la acuñación de la moneda, el Dírham idrisí, con vista a extender la autoridad fiscal del naciente Estado idrissí a los intercambios económicos de las rutas comerciales transaharianas, que pasaban, todas ellas, por el Uad Sakia al-Hamra.

La construcción de Tamdūlt, en la encrucijada de los dos importantes puertos caravaneros, Nūl Lamta y Sijilmassa, fundados a mediados del siglo VIII por las dos confederaciones tribales amazighes del Sáhara, los Iznagn (Sanhaya) y los Iznatn (Zenata), demuestra el temprano compromiso del Estado idrisí con sus obligaciones inherentes al ejercicio de su soberanía sobre el Sáhara.
La monetización de los intercambios económicos con África occidental y la gobernanza territorial de las provincias saharianas se han convertido desde entonces en una práctica estatal de las prerrogativas soberanas que el Soberano marroquí obra de asumir plenamente.
Nūl Lamta, centro almorávide de la industria monetaria y militar
Los Almorávides convirtieron la ciudad de Nūl Lamta, a 15 km de Guelmim, en la capital de la región del sur. Al- Bakri, geógrafo e historiador hispano-árabe (1014-1094), afirma que la ciudad de «Nūl, situada en el límite del territorio musulmán, es el primer lugar habitado que encuentra un viajero al llegar desde el Sáhara. Los barcos tardan tres días en viajar desde las cercanías de Nūl hasta Uad Sūs. Desde allí, navegan hasta Amegdūl (Mogador).»
En 1056, los Almorávides crearon un instituto de emisión del dinar en Nūl Lamta; «las únicas dos cecas de oro, una en Nul y la otra en Aghmat», fundadas por el Imperio almorávide, observa Naimi en su libro «Dinámica de las alianzas del Sáhara Occidental.»
Nūl Lamta también se destacó en otro ámbito vinculado eminentemente a la soberanía, la industria militar, con la fabricación del escudo de Lamta, que alcanzó una gran fama durante la época medieval.
Ibn al-Fakih, en «Kitab Al-Būldān», subraya que «Sūs al-Aksà - el Sáhara marroquí - se extiende a lo largo de más de 70 noches de marcha a través de desiertos áridos. Sus habitantes y los de Lamta fabrican escudos que dejan en remojo durante un año entero en leche agria (laban). (...) Los escudos de Lamta son incomparables.»
El Marruecos sahariano, un crisol de fusión de los componentes de la sociedad marroquí
La complementariedad de los dos compartimentos del Marruecos sahariano, - el Anti-Atlas, tierra de agricultores sedentarios, y las provincias saharianas, tierra de pastores de camellos -, espacio de encuentro de los diversos componentes de la sociedad marroquí, constituyó la palanca principal que sustentó el intercambio caravanero entre ambas orillas del Sáhara, durante sus diez siglos de oro; periodo en el que Marruecos ostentó el estatuto de imperio.
«Ifrān, en las montañas del Anti-Atlas, desde donde las caravanas procedentes de la región marroquí del Sūs descendían hacia Sudán (África Occidental) a través del famoso paso de Triq Lamtūni, albergaba una de las comunidades judías más antiguas de la región (…). También vivían judíos en Taghawust (G’sabi) y Gūlimīn.», resalta Abitbol en «Judíos magrebíes y el comercio transahariano, siglos VIII-XV».
El rosario de oasis del Anti-Atlas es, desde la antigüedad, la tierra de los H’rātīn - saharianos sedentarios-, nombre derivado del Tamazight Ah’rdān, que alude al mestizaje; denominados Etíopes en los escritos grecorromanos y Abisinios en las fuentes árabe-musulmanas medievales.
El Sáhara marroquí constituye, por tanto, un vivero de la convivencia social; una dimensión indeleble de la identidad nacional, consagrada en la Constitución de 2011: «la unidad nacional, forjada por la convergencia de sus componentes árabe-islámicos, amazighes y saharo-hassaníes, se ha nutrido y enriquecido con sus influencias africanas, andalusíes, hebreas y mediterráneas.»
Poblaciones saharianas, primeros contingentes del ejército marroquí
Abdelhak El Mrini señala en su obra maestra, «El ejército marroquí a través de la historia», que el primer núcleo del ejército almorávide estaba compuesto por tribus amazighes saharianas, los Iznagn: Lamtūna, Gūdala, Messūfa, Lamta y Gezūla, ...
El historiador Mármol Carvajal participó en la Mahalla (campaña itinerante) del Sultán Mohammed Ech-Cheikh (1544-1557) en Sakia al-Hamra (Acequía al- Hamra), durante la cual el soberano saadí reclutó un contingente militar de diez mil hombres de la tribu R’hamna, una rama de los Beni Hassan, que en aquel entonces dominaba la parte atlántica del Sáhara, antes de ser reasentada en la región que aún lleva su nombre, R’hamna, al norte de Marrakech.
El Sultán Mūlay Ismail, «el verdadero arquitecto del ejército regular de Marruecos», colocó a los Guich Udayas, procedentes de las tribus saharianas de los Uled D’leim, M’ghafra, Aârūsiyín, Uled Bou Sbaa, Tekna, … a la Vanguardia del ejército imperial Jerifiano.
El Sahara, ruta de intercambio de Embajadas entre Marruecos y África occidental
Triq Lamtūni, por donde discurre el comercio de caravanas entre Marruecos y África Occidental a través del eje Anti-Atlas, Dra’a, Sakia al-Hamra, Zemmūr, fue el instrumento privilegiado de los Sultanes marroquíes para proceder al intercambio de Embajadas con los Reinos de los países de Sūdān (África Occidental).
Yaqūt al-Rūmi (1179 – 1229) informa en «Mu’ajam al-Būldān» que un «rey de Sūdān» visitó al «Rey velado de la tribu Lamtuna», «Rey de Marruecos», “Emir de los musulmanes”, Al-Mūhallabi lo identifica como gobernante de Zafun(u), o el Reino de Diafūnū, que formaba parte del Imperio de Ghana.
El Sultán mariní Abū al-Hasan (1331-1349) y el Emperador de Malí, Mansa Musa (1312-1337), intercambiaron Embajadas en 1337, seguidas de otra misión diplomática en 1348 entre el Sultán Abū al-Hasan y Mansa Suleimān.
Los Sultanes mariníes encomendaban la gestión de las caravanas, la escolta de los convoyes diplomáticos y la interpretación de las conversaciones oficiales a funcionarios públicos del Sáhara; una práctica que posteriormente arraiga en la tradición estatal de gestión del comercio transahariano.
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Ibn Jaldūn relata en el «Kitab al-Ibar» que «Un intérprete, elegido entre los Mūlathamūn, vecinos de los estados mariníes en la región de Sanhaya, los acompañó. Felicitaron al Sultán por sus éxitos y victorias. Abū al-Hasan instruyó a los árabes del Sahara, los Ma’kil, para que escoltaran a los Enviados de ida y de regreso.»
El Sultán Abū Inān continuó con Mansa Mari-Diata, las tradiciones diplomáticas de amistad y buena vecindad entre los Imperios marroquí y maliense. En 1361, «Los Enviados (de Mansa Mari-Diata) se presentaron ante el Sultán y le transmitieron su mensaje; le aseguraron sus buenas intenciones de amistad. (…) antes de partir hacia Marrakech; desde allí, se dirigieron a Dwi Hassan, árabes Ma’kil del Sūs al-Aqsa (Sáhara marroquí).»
El célebre viaje (er- Rihla) a los países de Sūdān de Ibn Battūta, realizado en 1352 y 1353, bajo el patrocinio del Sultán Abū Inān, quien encomendó su secretario privado, Ibn Yūzay, de hacer una transcripción ecléctica del mismo, marcado por encuentros del Emisario mariní con Mansa Suleimān, pasó por el corredor oriental de Triq Lamtūni.
Hassan Ibn al-Wazzan - León el Africano - realizó varias misiones diplomáticas entre 1506 y 1512 como Enviado de los Wattásidas y, posteriormente, de los Saadíes ante el Askia Mohammed Tūré, primer Emperador de Songhai, a través de la ruta occidental caravanera: Nūl Lamta, Uad Sakia al-Hamra, Uadān (Mauritania) y Tombuctú (Malí).
El historiador y diplomático Zayyani indica, en su obra «Tūrjūmān al-Mūrib», que en 1582 y 1584, «el Sultán Ahmed al-Mansûr ed-Dahabi recibió la visita de un Embajador del gobernante del Reino de Bornu, uno de los Reyes de Sudán.» Los Enviados del Imperador de Bornu, tras partir de Marrakech, descienden al paso de Glâwâ, antes de tomar la ruta de las caravanas que cruza el Sáhara marroquí.
La política sahariana de los Sultanes y Reyes Alauitas
Ante un mundo nuevo, esbozado por la «victoria de la carabela sobre la caravana» (Magalhães Godinho, 1969)-, los primeros Sultanes alauitas, Mūlay Rachid y Mūlay Ismail, con aún mayor brillantez, implementaron, como indica Abitbol, «una nueva política marroquí hacia Bilad el Sudán, una política más orientada hacia Mauritania que hacia el Sudán nigerino», lo que propició el florecimiento de la sociedad Sahariano-Hassaníe; un patrimonio compartido de Marruecos y Mauritania.
Los Sultanes Sidi Mohammed Ibn Abdallah y Mūlay Sūleimān consolidaron este horizonte geo-cultural, basándose, con mayor énfasis en el prestigio de las Tariqa (Ordenes sufíes) de la Tijaniyya y de la Qadiriyya en ambas orillas del Sáhara atlántico.
Las Mahallas saharianas de los Sultanes alauitas
El historiador Ahmed ben Jaled En-Naciri Es-Slaoui (1835-1897) destaca la bienvenida triunfal, impregnada de orgullo en la memoria hassaní, reservada al Sultán Mūlay Ismail durante su gran Mahalla sahariana en 1678, que lo condujo en los confines del Uad Sakia al-Hamra, donde las tribus saharianas le prestaron el acto soberano de Pleitesía, la Baya’a.
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En el súmmum de la presión colonial europea, el Sultán Mūlay Hassan I hizo dos grandes Mahallas en las provincias del sur; en 1882, culminando con la grandiosa ceremonia de la Baya’a del Soberano alauita por las tribus saharianas lideradas por el Cadí de Rgueibat, Mohamed Yūsef ūld Abd al-Hay al-Barbūshi; y en 1886, durante la cual hubo nombramiento de Caídes, Bachás y Gobernadores de las regiones de Sūs, Uad Nūn y Uad Sakia al-Hamra.
Discurso histórico del Rey Mohammed V en M’hamid El Ghizlan
La gira del Rey Mohammed V por el Sáhara en 1959 estuvo marcada por el histórico discurso pronunciado en M’hamid el-Ghizlan, durante el cual el Soberano alauita expresó su orgullo al ver a «…los Rgueibat, los Tekna, los Uled D’leim y otras tribus Chenguit, y al oírlos, acompañados por sus expertos legales y eruditos, reafirmarnos - como sus padres lo hicieron con nuestros antepasados - su lealtad al trono alauita y su pertenencia a Marruecos mediante lazos estrechos e inquebrantables. (…) Nosotros, a nuestra vez, les reafirmamos - y que los presentes informen a los ausentes - que seguiremos trabajando con todas nuestras fuerzas para recuperar nuestro Sáhara.»
Rey Hassan II, La Marcha Verde

Su Majestad el Rey Hassan II marca un hito en el curso de la historia con la Marcha Verde, pacífica y cívica, el 6 de noviembre de 1975 en el que participaron 350.000 voluntarios marroquíes y países hermanos y amigos del Reino. Este evento histórico permitió a Marruecos recuperar definitivamente sus Provincias del Sur y consolidar, ad vitam æternam, su integridad territorial y su unidad nacional.
El Rey Hassan II había enfatizado, en junio de 1975 que «la recuperación del Sáhara es, a nivel estratégico, político y emocional, más decisiva que la consecución de la independencia.»
Su Majestad el Rey Mohammed VI, un Nuevo Capítulo de la marroquinidad del Sáhara

Cincuenta años después de la Marcha Verde, Su Majestad el Rey Mohammed VI, que Dios Le asista, ha decretado el 31 de octubre como Día de la Unidad Nacional, en relación con la aprobación por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en su Resolución 2797, de la iniciativa de autonomía marroquí para el Sáhara en el marco de la soberanía nacional, como la única vía para resolver el diferendo artificial creado en torno a la integridad territorial del Reino.
El punto de inflexión fundamental en la dinámica del reconocimiento internacional de la marroquinidad del Sáhara, ratificado por el órgano principal de la ONU, resulta del cambio de rumbo emprendido por Su Majestad el Rey Mohammed VI, que Dios Le Glorifique.
De hecho, tras su ascenso al Trono alauita en julio de 1999, Su Majestad el Rey Mohammed VI colocó al Sáhara marroquí en el centro de las políticas internas y exteriores del Reino. Bajo el liderazgo del Soberano alauita, las Provincias del Sur retoman su papel fundamental como palanca clave y receptáculo primordial del ambicioso plan real de reconfiguración de la posición geopolítica, continental e internacional, de Marruecos.
La iniciativa de autonomía marroquí, presentada en abril de 2007, que prevé permitir a las poblaciones saharianas gestionar democráticamente sus asuntos locales en el marco de la soberanía nacional y de la integridad territorial de Marruecos, es el catalizador de esta dinámica.
De este modo, se concede a las regiones saharianas la prioridad en cuanto a la implementación de la regionalización avanzada, consagrada por la Constitución de 2011, en paralelo al innovador y ambicioso programa de inversión de más de 80 mil millones de dirhams (8 mil millones de euros), lanzado en 2015, conforme al Nuevo Modelo de Desarrollo para las Provincias del Sur.
El despegue socioeconómico de la región del Sáhara, nutrido por una serie de proyectos de alcance continental (instituciones universitarias e de formación profesional, el puerto Dajla Atlantic, la autopista Tiznit-Dajla, parques eólicos, zonas turísticas e industriales, etc.), la posiciona como una plataforma operacional de integración de África Occidental y del área saharo-saheliana a la economía global. Dos iniciativas reales enmarcan esta perspectiva alentadora: el Proceso de Rabat de los Estados africanos atlánticos, de 2022, y el mecanismo para facilitar el acceso de los países del Sahel al Atlántico, de 2023.
La decisión del Presidente estadounidense Donald Trump, el 10 de enero de 2022, de reconocer «la soberanía marroquí sobre la totalidad del territorio del Sáhara Occidental» y de apoyar «la propuesta marroquí de autonomía como única base para una solución justa y duradera al conflicto territorial del Sáhara Occidental» forma parte de esta dinámica irreversible.
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España, en marzo de 2022, Francia, en julio de 2023, Gran Bretaña, en junio de 2025, un número en crescendo de países de Europa Occidental y una amplia mayoría de países africanos y latinoamericanos forman parte de esta marcha inalterable hacia el reconocimiento internacional explícito de la soberanía marroquí sobre el Sáhara y el apoyo claro del plan de autonomía.
Además de la red de Consulados y oficinas de organizaciones internacionales de unos cincuenta países árabes, africanos y latinoamericanos en Dajla y El Aaiún, «el reconocimiento de la soberanía económica del Reino sobre sus Provincias del Sur se ha extendido ampliamente a importantes potencias económicas como Estados-Unidos, Francia, Gran Bretaña, Rusia, España y la Unión Europea…» (Discurso de Su Majestad el Rey Mohammed VI, 31 de octubre de 2025).
