El PAM logra una victoria clara, aunque limitada: sus 97 escaños representan el 24,6 % de la Cámara, muy lejos de los 198 necesarios para gobernar en solitario. Gana diez escaños respecto a 2021. Su campaña pudo beneficiarse de una posición que combinaba cercanía a la mayoría saliente y promesa de renovación, así como de la visibilidad de Fatima-Zahra Mansouri y Fouzi Lekjaa y de sus propuestas sobre empleo, ingresos y vivienda. El fuerte retroceso del RNI también contribuyó a que el PAM quedara en primer lugar. Los resultados reflejan un avance real, pero no un plebiscito.
El cambio más significativo es la reconfiguración de fuerzas dentro de la mayoría saliente: el PAM avanza, mientras retroceden el RNI y el Istiqlal. En 2021, los tres partidos reunían 270 escaños; con las nuevas cifras sumarían 229. El RNI, que encabezaba el Gobierno, pasa de 102 a 66 escaños. Su retroceso puede explicarse por el coste político de la gestión gubernamental, en un contexto en el que el poder adquisitivo, el empleo y los servicios públicos figuraban entre las principales preocupaciones. La percepción de una distancia entre los grandes proyectos de inversión y las dificultades cotidianas pudo debilitar su discurso económico. Además, la personalización del poder en torno a Aziz Akhannouch concentró en el partido una parte importante de las críticas. Son explicaciones plausibles, aunque el recuento de escaños no permite determinar por sí solo el peso de cada factor.
El RNI deberá decidir ahora entre participar en una nueva mayoría o pasar a la oposición. Esta última opción podría darle tiempo para revisar su discurso y acercarse a las expectativas ciudadanas. Pero solo supondría un verdadero respiro si el partido aprovechara ese periodo para renovar su propuesta y reconstruir la confianza. Si vuelve al Gobierno, conservará influencia directa, aunque quedará asociado a la continuidad de la gestión saliente.
El Istiqlal pasa de 81 a 66 escaños, quince menos, pero conserva una presencia relevante en la aritmética parlamentaria. Como integrante de la mayoría saliente, pudo verse afectado por el descontento con el Gobierno. Sin embargo, su retroceso es menor que el del RNI: queda empatado con él y mantiene veinte escaños más que en 2016, cuando obtuvo 46. Se trata de un retroceso respecto a 2021, aunque el partido conserva una representación parlamentaria relevante y puede desempeñar un papel en la formación de la próxima mayoría.
El regreso del PJD es otro dato destacado: pasa de 13 a 54 escaños, aunque sigue lejos de los 125 que obtuvo en 2016. El voto de protesta, la fidelidad de su núcleo militante, el regreso de Abdelilah Benkirane y su capacidad para representar una oposición visible pudieron contribuir al resultado. Por otra parte, el Consejo Nacional de Derechos Humanos registró 44 casos de uso de símbolos religiosos durante la campaña, seis actividades electorales en lugares de culto y más de 2.030 contenidos digitales que recurrían a la religión. Estas cifras documentan un fenómeno de campaña, pero no identifican quién produjo cada contenido ni demuestran que ese uso causara el regreso del PJD.
Entre las demás formaciones, la USFP, de orientación socialista, perdió ocho escaños, al pasar de 34 a 26, y el PPS, de tradición poscomunista, perdió tres, de 22 a 19. El Movimiento Popular (MP), con arraigo rural y amazigh, se mantuvo prácticamente estable y obtuvo un escaño más. La Unión Constitucional (UC), de perfil liberal-conservador, cedió uno. El Movimiento Democrático y Social (MDS), una formación de perfil cercano al del MP, pasó de cinco a ocho diputados. Estos cambios completan el panorama de una Cámara plural, aunque no alteran las principales líneas de la recomposición.
La participación sigue siendo la señal más preocupante. Fue del 38,02 % al cierre de las urnas; posteriormente, el ministro del Interior citó un 38,08 % al presentar los resultados provisionales. Votaron alrededor de seis millones de personas, de los 15,8 millones inscritos. Si se compara esa cifra con una estimación de 26,7 millones de adultos en edad de votar, equivale a cerca del 22,5 %. Se trata de una estimación distinta del porcentaje oficial, que se calcula sobre los inscritos. También conviene matizar la comparación con 2021, cuando las elecciones legislativas, municipales y regionales se celebraron el mismo día.
La próxima mayoría tendrá que reunir a varios partidos. La alianza PAM–RNI–Istiqlal sumaría 229 escaños; una combinación de PAM–Istiqlal–PJD alcanzaría 217. El artículo 47 de la Constitución establece que el Rey nombra al jefe del Gobierno de entre los miembros del partido que haya quedado primero. La elección de los socios determinará la composición de la mayoría, y el Istiqlal podría influir en las negociaciones con el total de escaños que reivindica.
En conjunto, los comicios reconfiguran la mayoría saliente: el PAM queda primero, el RNI retrocede con fuerza, el Istiqlal mantiene una presencia parlamentaria relevante y el PJD vuelve al juego político. El próximo Gobierno tendrá que traducir esta nueva situación en respuestas visibles sobre el poder adquisitivo, el empleo, la educación, la sanidad y las desigualdades territoriales. La baja participación recuerda que su reto será también convencer a más ciudadanos de que su voto puede marcar una diferencia.
