Entre soberanía y cooperación: los mensajes de Mohammed VI a España (I)

El 18/10/2026 a las 12h20

Con motivo de la apertura de la sesión de otoño del Parlamento, Su Majestad el Rey Mohammed VI dirigió un discurso relativamente breve a los representantes de la nación, de unos doce minutos de duración y compuesto por 1.109 palabras. A pesar de su concisión, la relación con España ocupó un lugar especialmente significativo, le dedicó 244 palabras, lo que representa cerca del 22 % del discurso en su conjunto, es decir, más de una palabra de cada cinco. Esta proporción da cuenta de la importancia que el monarca concedió a las relaciones con España en su intervención e invita a examinar detenidamente las elecciones léxicas del soberano, su estrategia retórica y los mensajes políticos y diplomáticos que quiso transmitir a Madrid.

Pero el interés del discurso no reside únicamente en lo que el Rey dijo, sino también en la manera en que sus palabras fueron recibidas, interpretadas y, eventualmente, reformuladas en el espacio público español. Por ello, el análisis debe prolongarse más allá del discurso Realpara examinar los ecos de la intervención en los medios de comunicación españoles: qué expresiones fueron seleccionadas y destacadas en los titulares, qué argumentos ocuparon un lugar central, qué aspectos quedaron relegados y qué marcos interpretativos se utilizaron para explicar la posición marroquí. Se trata, en definitiva, de estudiar no solo la estrategia de comunicación del soberano, sino también el proceso de mediación periodística mediante el cual su mensaje llegó a la opinión pública española.

En esta primera entrega, el análisis se centrará específicamente en el fragmento que el Rey Mohammed VI dedicó a España en su discurso del 9 de octubre de 2026 ante los parlamentarios. El objetivo será examinar su estructura interna, la articulación de sus principales secuencias argumentativas, las elecciones léxicas del Soberano y la estrategia retórica mediante la cual construye su posicionamiento político y diplomático frente a Madrid. Se prestará especial atención a los términos empleados, a sus connotaciones y a los mensajes explícitos que permiten identificar la concepción marroquí de la cooperación bilateral, sus límites y las condiciones necesarias para su redefinición. Esta primera aproximación se ocupará, por tanto, del discurso en cuanto acto de comunicación política y diplomática, dejando para una segunda entrega el análisis de su recepción en España, con especial atención a los encuadres, las interpretaciones y las prioridades informativas que los medios de comunicación españoles proyectaron sobre las palabras del monarca.

Conviene destacar desde el principio que las palabras elegidas por el Rey Mohammed VI no solo describen la relación entre Marruecos y España, también contribuyen a definir el marco político y diplomático dentro del cual esa relación debe desarrollarse. Por tanto, para comprender el alcance de su intervención, resulta necesario abordar el discurso desde una perspectiva multidimensional que permita distinguir tres dimensiones complementarias : la dimensión léxica, centrada en los términos seleccionados, sus connotaciones y sus posibles implicaciones; la dimensión retórica, orientada a identificar los procedimientos argumentativos mediante los cuales el Soberano construye su mensaje y articula su posición; y la dimensión político-diplomática, que busca esclarecer las señales dirigidas a Madrid, las condiciones de cooperación que Marruecos reivindica y el modelo de relación bilateral que pretende promover. A estas tres dimensiones se añade una cuarta, igualmente relevante: la recepción mediática del discurso en España, cuyo examen permitirá en la segunda parte de esta crónica, observar cómo los medios seleccionaron, jerarquizaron e interpretaron las palabras del Monarca, y en qué medida sus encuadres contribuyeron a amplificar, matizar o desplazar los mensajes políticos y diplomáticos del discurso Real.

El mensaje relativo a España aparece en el discurso después de una reflexión más general acerca de la posición internacional de Marruecos, su política migratoria y su condición de socio fiable

“El Reino ha logrado consolidar su posición en el ámbito internacional en tanto que socio responsable y fiable, comprometido con el cumplimiento de sus obligaciones y que espera de sus socios un trato análogo. En este sentido, el enfoque equilibrado adoptado por nuestro país para la gestión del fenómeno migratorio ha dado resultados concretos…”

Este orden es importante, el Monarca no comienza acusando a España ni presenta la relación bilateral como un enfrentamiento entre dos Estados. Primero construye una imagen de Marruecos como socio responsable, después identifica los límites del modelo de cooperación existente, finalmente, formula una advertencia sobre las condiciones políticas de la asociación y anuncia una nueva orientación estratégica. La arquitectura del fragmento dedicado a España puede resumirse en cuatro movimientos retóricos: la legitimación de Marruecos como socio responsable y fiable; el diagnóstico de los límites del modelo actual de cooperación migratoria; la delimitación de las condiciones soberanas en las que debe desarrollarse la asociación bilateral; y, finalmente, la propuesta de una nueva orientación estratégica basada en el desarrollo compartido, la competitividad económica y la estabilidad regional.

Esta secuencia permite comprender la lógica interna del pasaje y la articulación entre sus distintas funciones: justificar la posición marroquí, señalar los problemas existentes, establecer los principios que deben regir la cooperación y abrir la perspectiva de una nueva etapa en las relaciones con España.

La construcción de un ethos diplomático:

Marruecos como «socio responsable y fiable»

El Soberano afirma que El Reino ha podido consolidar su posición a nivel internacional como socio responsable y fiable, atento a cumplir sus compromisos y, por consiguiente, merecedor del mismo trato por parte de sus socios. La elección léxica merece especial atención. Tres elementos estructuran esta formulación:

a) «Consolidar su posición» El verbo consolidar presenta la posición internacional de Marruecos como el resultado de un proceso acumulativo. No se trata de reivindicar una legitimidad que todavía deba ser concedida por otros, sino de afirmar que el Reino ya ha construido una posición que considera asentada. En términos retóricos, el Rey no pide que se reconozca a Marruecos como un socio fiable: lo presenta como tal. La diferencia es importante, porque desplaza el discurso desde la búsqueda de reconocimiento hacia la exigencia de reciprocidad.

b) «Responsable y fiable» Estos adjetivos pertenecen al vocabulario de la diplomacia institucional. No evocan una relación sentimental, histórica o cultural, sino criterios de comportamiento entre socios: cumplimiento de compromisos, previsibilidad y confianza mutua. El Monarca construye así una imagen de Marruecos basada en la responsabilidad internacional. Frente a las representaciones que podrían asociar la cuestión migratoria con una supuesta instrumentalización de los flujos humanos por parte de Rabat, el discurso propone otro marco de interpretación: Marruecos es un actor que contribuye a gestionar un problema compartido y que, por ello, merece un trato equivalente. Esta formulación no demuestra por sí misma que todas las actuaciones de ambas partes hayan sido igualmente responsables, su función es establecer el principio desde el cual el Soberano quiere que se evalúe la relación.

c) «El mismo trato por parte de sus socios» Aquí se encuentra uno de los núcleos políticos del pasaje. La responsabilidad se convierte en fundamento de una exigencia de reciprocidad. El razonamiento implícito es sencillo: si Marruecos cumple sus compromisos, sus socios deben comportarse de manera coherente con esa fiabilidad. La cooperación deja de presentarse como una obligación unilateral de Marruecos y pasa a formularse como una relación de derechos y deberes mutuos. El destinatario inmediato es España, aunque la expresión «sus socios» amplía el alcance del mensaje al conjunto de las relaciones internacionales del Reino.

Primer mensaje a Madrid: Marruecos no quiere ser tratado únicamente como un país encargado de contener la inmigración irregular. Quiere que se le reconozca como un socio con intereses propios, compromisos recíprocos y capacidad para definir las condiciones de la cooperación.

2. « El actual modelo de cooperación ha quedado obsoleto »:

una crítica al modelo, no una ruptura con España

Su Majestad el Rey declara que “Hemos de reconocer, con valor y objetividad, que el actual modelo de cooperación en este ámbito ha quedado obsoleto, y la mejor prueba de ello son las crisis que se han producido de manera recurrente” Esta frase contiene una de los rasgos léxicos más significativos de todo el discurso: el objeto de la crítica no es inicialmente Españacomo interlocutor político, sino el modelo de cooperación vigente.

La fuerza del término «modelo» es llamativa en este contexto, el Rey no habla simplemente de dificultades, desacuerdos o fallos puntuales. Habla de un modelo que ha llegado a sus límites. La palabra introduce una dimensión estructural en el sentido de que el problema no se resolvería necesariamente mediante una conversación bilateral más, una nueva operación policial o un acuerdo técnico adicional. Si el modelo está superado, lo que se requiere es revisar sus principios, sus mecanismos y la distribución de responsabilidades entre los participantes. La expresión contiene, por tanto, una invitación a cambiar el marco de la relación, no solamente a reparar sus incidentes

El uso de obsoleto «ha quedado obsoleto» es igualmente revelador. El término sugiere que el modelo pudo haber tenido una utilidad anterior, pero que ya no responde adecuadamente a las condiciones presentes. Esta elección evita presentar toda la cooperación anterior como un fracaso. Permite reconocer los avances alcanzados y, simultáneamente, justificar la necesidad de una nueva etapa. La formulación resulta más constructiva que una denuncia de ruptura, pero también más exigente que una petición de mejoras menores.

El Monarca utiliza «Las crisis recurrentes»: como argumento de la experiencia y por tantocomo prueba de que el sistema actual no funciona suficientemente bien. No basa su diagnóstico únicamente en una diferencia política con España, lo apoya en la recurrencia de los episodios críticos.

El razonamiento es el siguiente:

1. La cooperación ha producido resultados.

2. Sin embargo, las crisis siguen repitiéndose.

3. Esa recurrencia revela límites del modelo vigente.

4. Por tanto, es necesario revisar el modelo.

Esta secuencia proporciona al discurso una apariencia de diagnóstico pragmático, en lugar de limitarlo a una declaración de descontento. Conviene, no obstante, distinguir entre la afirmación política del Monarca y su demostración empírica, la recurrencia de las crisis constituye un argumento para revisar la cooperación, pero no identifica por sí sola todas las causas de esas crisis ni atribuye automáticamente la responsabilidad a una sola de las partes.

Segundo mensaje a Madrid: la cooperación migratoria no puede reducirse a mantener los mecanismos existentes. Marruecos plantea que sus límites obligan a renegociar el marco de la colaboración.

3. “Nuestro país vecino, España”:

proximidad geográfica, reconocimiento político y distancia diplomática

El Soberano introduce a España mediante una expresión aparentemente sencilla cuando indica que la misma consideración “se aplica a nuestro país vecino, España”. La expresión merece una lectura atenta, precisamente porque no es una fórmula agresiva ni excepcional. Su interés reside en la forma en que sitúa a España dentro del discurso. La vecindad como dato permanente, remite a una realidad geográfica que ninguna crisis política puede eliminar. Marruecos y España están vinculados por la proximidad territorial, la interdependencia económica, los movimientos migratorios y una historia de relaciones complejas. El monarca no habla de España como adversario, rival o potencia extranjera. La identifica como vecina, una categoría que reconoce la proximidad y hace inevitable la necesidad de gestionar las diferencias. Sin embargo, la vecindad no implica subordinación ni garantiza por sí misma la armonía. Dos países pueden ser vecinos y mantener desacuerdos profundos sobre la gestión de sus fronteras, sus responsabilidades o sus intereses estratégicos. La expresión permite, por tanto, combinar proximidad geográfica y autonomía política.

Inmediatamente después, el discurso reconoce que la asociación bilateral ha registrado «avances importantes en diversos ámbitos», incluida la lucha contra la inmigración irregular. Pero ese reconocimiento va seguido de una objeción: la cooperación afronta desafíos vinculados a determinadas disposiciones legales y decisiones judiciales españolas. La estructura es deliberada: reconocimiento, reserva y crítica. Esta secuencia evita reducir la relación bilateral a un conflicto absoluto. El Rey admite que existen resultados positivos, pero sostiene que estos no bastan para justificar la continuidad indefinida del modelo actual. La crítica adquiere así una forma institucional. No se cuestiona la conveniencia de mantener relaciones con España, sino las condiciones en las que se desarrolla una parte esencial de esa relación.

El tercer mensaje al vecino ibérico: España es un socio necesario por su condición de vecino y por los intereses compartidos, pero esa necesidad no implica que Marruecos acepte sin discusión el funcionamiento actual de la cooperación.

5. «Disposiciones obsoletas» y «decisiones judiciales alejadas de la realidad»:

la construcción de una crítica dirigida a las instituciones españolas

El discurso identifica dos obstáculos concretos: determinadas disposiciones legales que considera superadas, y decisiones judiciales que califica de alejadas de la realidad. El vocabulario es significativo porque desplaza el problema desde el terreno de la voluntad política hacia el funcionamiento de las instituciones. El término «Obsoletas» sugiere que algunas normas han perdido su capacidad para responder adecuadamente a las circunstancias presentes. No significa necesariamente que sea jurídicamente inválidas, expresa un juicio político sobre su adecuación práctica. Desde la perspectiva del discurso, las reglas que organizan la cooperación migratoria deben responder a las condiciones actuales y a las necesidades de ambos países.

La expresión «Alejadas de la realidad» introduce una tensión más delicada. Al presentar ciertas decisiones judiciales como alejadas de la realidad, el Rey contrapone su evaluación de las necesidades operativas de la cooperación con la interpretación judicial del marco jurídico.El argumento se completa cuando afirma que esa combinación dificulta la repatriación de menores y de personas a las que atribuye un uso indebido del estatuto de refugiado, además de alimentar la actividad de las redes criminales.

Hay que distinguir aquí entre dos niveles de análisis. El primero es descriptivo: el Rey identifica las normas y decisiones judiciales como obstáculos. El segundo es interpretativo: su formulación busca legitimar una revisión de los mecanismos existentes. La importancia retórica del pasaje reside en que el soberano no se limita a reclamar mayor cooperación policial o administrativa. Sitúa en el centro del debate la compatibilidad entre las exigencias operativas de la cooperación bilateral y el marco normativo español.

6. «Declaraciones irresponsables» y «flagrante explotación»:

una deslegitimación selectiva de determinados discursos españoles

El tono se endurece cuando el monarca afirma: “Ante las declaraciones irresponsables y la flagrante explotación de la cuestión por parte de determinados sectores políticos y mediáticos, afirmamos que la asociación es una opción soberana y un compromiso voluntario, que de ningún modo será sujeta a cualquier presión, amenaza o chantaje”. Este es uno de los pasajes más incisivos del mensaje dirigido a España. Su fuerza procede tanto de los términos elegidos como de la delimitación de sus destinatarios. El adjetivo «Irresponsables»no es neutro. Al recurrir a él, el soberano no se limita a calificar esas declaraciones de simplemente desafortunadas, inexactas o controvertidas, las sitúa en el terreno de la responsabilidad política, sugiriendo que quienes intervienen en el debate público deben responder también por las consecuencias de sus palabras, especialmente cuando estas pueden afectar a las relaciones entre dos países.

De esta manera, desplaza la discusión desde el contenido de las declaraciones hacia sus consecuencias políticas. El problema no sería solamente que determinados actores españoles sostengan interpretaciones diferentes de la posición marroquí, sino que, según el discurso, sus intervenciones comprometen el clima de cooperación y convierten una cuestión sensible en un instrumento de confrontación. El término presupone un criterio de responsabilidad pública: los actores políticos y mediáticos deberían considerar los efectos de sus palabras sobre las relaciones entre ambos países.

También cabe subrayar que el Rey de Marruecos no acusa a España en su conjunto. Tampoco identifica nominalmente a partidos, dirigentes o medios de comunicación. La expresión «ciertos círculos políticos y mediáticos» delimita el objeto de la crítica y evita convertirla formalmente en una condena general del Estado español o de la sociedad española. Esta distinción es fundamental. El discurso mantiene abierta la posibilidad de cooperar con el Gobierno español mientras cuestiona la actuación de determinados sectores de su espacio público. La fórmula permite, además, que diferentes actores puedan reconocerse en la crítica sin que el discurso tenga que nombrarlos expresamente.

El término flagrante explotación introduce una interpretación política de lo ocurrido. Supone que una situación determinada está siendo utilizada con fines distintos de la gestión del problema que la originó. En este caso, el discurso vincula la explotación política y mediática de la situación migratoria con el deterioro de la cooperación bilateral. La formulación resulta especialmente significativa porque cuestiona el marco interpretativo de quienes presentan la crisis principalmente como una demostración de presión marroquí sobre España. En lugar decuestionar directamente los argumentos en los que se sustenta ese encuadre, el Rey dirige la atención hacia el uso político que, según él, algunos actores españoles hacen de la situación.La RTVE recogió este reproche en su cobertura del discurso Real, subrayando que el monarca se refería a determinados sectores políticos y mediáticos y no formulaba una acusación general contra toda España.

El cuarto mensaje a Madrid: Rabat quiere separar la cooperación institucional de las declaraciones de confrontación que atribuye a ciertos actores del debate español. Pero, al mismo tiempo, advierte de que esas declaraciones tienen consecuencias para el clima político en el que se desarrolla la asociación.

7. “Una opción soberana y un compromiso voluntario”:

la soberanía como principio organizador de la cooperación

La frase central del discurso es inequívoca: “la asociación es una opción soberana y un compromiso voluntario, que de ningún modo será sujeta a cualquier presión, amenaza o chantaje”. Aquí se concentra buena parte del mensaje político dirigido a Madrid. La cooperación se presenta como una asociación entre actores que conservan su capacidad de decisión. La palabra no describe una obligación automática derivada de la geografía ni una función permanente que Marruecos deba desempeñar para España. El concepto de asociación presupone una relación entre partes que pueden negociar sus condiciones, revisar sus compromisos y redefinir sus prioridades. Por eso, el adjetivo “soberana” modifica profundamente el sentido de la frase: la cooperación es legítima precisamente porque se decide, no porque se impone.

La expresión compromiso voluntario refuerza la idea anterior de que cooperar no significa renunciar a decidir. Marruecos no presenta la cooperación como una concesión irreversible, sino como un compromiso cuya continuidad depende de una voluntad política. Esto no significa que el discurso anuncie la suspensión de la colaboración. No contiene tal anuncio. Lo que establece es un principio sobre sus condiciones: la cooperación no debe darse por supuesta con independencia del comportamiento de los socios. En términos diplomáticos, es una manera de recordar que la colaboración migratoria constituye un instrumento de la relación bilateral y no una obligación que pueda separarse completamente de ella.

La sucesión de los tres sustantivos presión, amenaza o chantaje merece atención. Presión designa una forma de influencia que limita el margen de decisión del otro. Amenaza introduce la posibilidad de consecuencias negativas si no se acepta una determinada exigencia. Chantaje atribuye a esa presión un carácter especialmente ilegítimo, al sugerir que se pretende obtener una concesión mediante la coacción. La fórmula además de establecer una frontera normativa entre la negociación legítima y las formas de presión que el monarca declara inaceptables,adquiere más fuerza por su carácter absoluto. No se dice que la asociación no debería estar sometida a esas prácticas en determinadas circunstancias, se afirma que nunca deberá estarlo.

Quinto mensaje a España: la cooperación migratoria no debe tratarse como una prestación que España pueda exigir unilateralmente a Marruecos. Rabat reivindica su facultad de decidir cómo, cuándo y bajo qué condiciones desarrolla esa cooperación.

Por Mohamed Benabdelkader
El 18/10/2026 a las 12h20