Por qué Marruecos incomoda tanto a una parte de España

Lahcen Haddad.

Lahcen Haddad

El 24/09/2026 a las 12h00

Historia colonial, memoria selectiva y una nueva relación de vecindad.

¿Por qué Marruecos provoca, en determinados círculos políticos y mediáticos españoles, una inquietud que a menudo va más allá de los hechos del momento? Las explicaciones más inmediatas aluden a Ceuta y Melilla, las migraciones, el Sáhara o las tensiones diplomáticas. Estos asuntos son reales y, en ocasiones, graves. Sin embargo, no bastan para explicar la intensidad emocional de ciertos discursos, ni la rapidez con la que una crisis puntual se transforma en un relato de invasión, traición o amenaza existencial.

Para comprender esta reacción, hay que mirar más allá de la actualidad. La relación española con Marruecos se ha configurado en la intersección de una larga memoria de confrontación, una experiencia colonial insuficientemente examinada y un presente en el que el vecino del sur ya no acepta la posición subordinada que se le asignaba en el pasado. No se trata de reducir toda crítica española a Marruecos a un prejuicio, y mucho menos de confundir a España con sus corrientes más hostiles. Se trata de comprender por qué, en una parte del espacio público, Marruecos sigue siendo algo más que un país vecino: es también un espejo en el que se reflejan episodios no resueltos de la historia española.

La persistencia de la figura del moro

La primera capa es antigua. Durante siglos, la figura del «moro» ocupó un lugar central en la construcción de la identidad española. La Reconquista, la caída de Granada en 1492, las expulsiones y los enfrentamientos mediterráneos generaron un repertorio duradero: el moro como enemigo interior o exterior, como invasor, como amenaza religiosa y como alteridad irreductible. Los contextos han cambiado, pero algunas imágenes han sobrevivido a la época que las originó.

El historiador español Eloy Martín Corrales ha estudiado más de ochocientas representaciones del magrebí producidas en España entre los siglos XVI y XXI. En su gran mayoría, son negativas. Su trabajo muestra también cómo la antigua categoría del «moro» se desplazó hacia la del inmigrante, antes de que el inmigrante fuera, a su vez, remitido al imaginario del «moro». Esta constatación no autoriza a calificar de maurofóbica a toda la sociedad española. Sin embargo, revela la existencia de un lenguaje histórico disponible, que determinados actores reactivan cuando surge una crisis con Marruecos.

Por ello, términos como «invasión», «asalto» o «reconquista» nunca son completamente neutros cuando se aplican a Ceuta, a la migración o al Sáhara. A veces describen un hecho material, pero también evocan una memoria colectiva más antigua. El Marruecos contemporáneo termina entonces siendo interpretado a través de una silueta heredada del pasado.

Una historia colonial contada de manera asimétrica

La segunda capa procede de las guerras libradas en el norte de África. En España, la derrota de Annual de 1921 sigue siendo un trauma nacional. La destrucción de gran parte del dispositivo militar español por las fuerzas rifeñas de Abdelkrim El Khattabi sacudió al ejército, a la monarquía y al sistema político. Annual es estudiado, conmemorado y presentado con frecuencia como una herida infligida a España.

La memoria marroquí conserva también lo que precedió y siguió a aquella derrota. La guerra de Tetuán de 1859-1860, denominada en España «guerra de África», fue una expedición militar en territorio marroquí. El protectorado instaurado en 1912 dividió el país en zonas de influencia y lo sometió a una dominación extranjera. Después de Annual, el ejército español empleó armas químicas en el Rif, entre ellas gas mostaza, durante la guerra de 1921 a 1927. Este episodio, durante mucho tiempo marginal en el relato público español, ocupa un lugar profundo en la memoria rifeña.

Existe, por tanto, una asimetría llamativa. Una parte del relato español recuerda fácilmente las heridas recibidas, pero mucho menos las violencias ejercidas por la potencia colonial. Annual se convierte en una humillación española, mientras que los bombardeos químicos quedan relegados a una nota secundaria. La Marcha Verde se presenta como una presión marroquí, mientras que la larga ocupación española del Sáhara rara vez vuelve a situarse en el centro del relato. Una memoria selectiva puede así transformar a la antigua potencia colonial en víctima permanente y relegar a la sociedad colonizada al papel de agresor histórico.

Una descolonización fragmentada

La independencia de 1956 no resolvió de una sola vez todos los contenciosos heredados del reparto colonial. Marruecos recuperó la zona de Tarfaya en 1958. Sidi Ifni no fue retrocedida hasta 1969. España conservó el Sáhara Occidental hasta 1975. Este calendario fragmentado explica por qué la descolonización no se percibe de la misma manera a ambos lados del Estrecho.

En una lectura española dominante, cada cuestión territorial puede separarse de las demás y someterse a su propio régimen jurídico. En la memoria política marroquí, estos asuntos forman parte de un mismo proceso histórico: el de una soberanía fragmentada por el colonialismo y posteriormente restaurada de manera progresiva. Las divergencias jurídicas y políticas deben ser reconocidas. Pero ignorar esta diferencia de memoria impide comprender la persistencia del contencioso.

«Las posiciones oficiales de ambos países son conocidas y diferentes. España las considera partes integrantes de su territorio nacional; Marruecos las inscribe en la herencia de una presencia colonial europea en la orilla africana.»

—  Lahcen Haddad

Ceuta y Melilla concentran esta tensión. Las posiciones oficiales de ambos países son conocidas y diferentes. España las considera partes integrantes de su territorio nacional; Marruecos las inscribe en la herencia de una presencia colonial europea en la orilla africana. Esta divergencia, sin embargo, no condena a los dos países al enfrentamiento. Puede gestionarse mediante el diálogo, la moderación y la cooperación, sin borrar la historia ni convertirla en un arma permanente.

La «frontera» como escenario de todos los miedos

La migración añade una cuarta dimensión. Cada llegada masiva a Ceuta o cada incidente fronterizo se produce en un espacio ya saturado de símbolos. Una crisis humanitaria y de seguridad se convierte inmediatamente en una prueba de soberanía. Las personas que intentan cruzar la frontera desaparecen detrás de expresiones militares: oleada, asalto, invasión u operación híbrida.

Las autoridades españolas tienen, naturalmente, el deber de proteger sus «fronteras» y a su población. El problema comienza cuando la hipótesis de una instrumentalización se presenta como una certeza antes de que se establezcan los hechos, o cuando toda presión migratoria se interpreta como la ejecución de un plan marroquí. Las migraciones hacia Europa son estructurales. Son el resultado de conflictos, desigualdades, redes criminales, transformaciones demográficas y circulaciones digitales que van mucho más allá de la relación bilateral.

Atribuir cada crisis a una voluntad marroquí ofrece, sin embargo, un relato sencillo. Señala a un único responsable, reactiva la imagen del enemigo meridional y transforma una realidad compleja en una confrontación nacional. Esta mecánica explica en parte la facilidad con la que ciertos discursos pasan de un hecho fronterizo concreto a una acusación general contra Marruecos.

La incomodidad ante un vecino que ha cambiado de estatus

La última capa es contemporánea. Marruecos ya no ocupa la posición económica y diplomática que tenía hace treinta o cuarenta años. Desarrolla infraestructuras portuarias e industriales, atrae inversiones, refuerza sus relaciones africanas y diversifica sus alianzas con Europa, Estados Unidos, China y los países del Golfo. Pretende negociar en función de sus propios intereses y no limitarse a responder a las prioridades fijadas en el Norte.

Esta evolución modifica la psicología de la relación. Para determinados sectores españoles, resultaba más fácil considerar a Marruecos como un vecino útil pero dependiente, encargado de contener las migraciones, garantizar la seguridad del Estrecho y abrir su mercado a las empresas españolas. Un Marruecos que reivindica la reciprocidad, establece sus líneas rojas y dispone de más opciones diplomáticas aparece de repente como «difícil», «expansionista» o «amenazante».

Esta percepción contrasta con la interdependencia real. Según los datos comerciales españoles utilizados para 2024, los intercambios anuales superan los 22.500 millones de euros. España es el primer socio comercial de Marruecos, más de 350 empresas españolas están implantadas en el país y el comercio bilateral genera para España un superávit superior a 3.000 millones de euros. Las cadenas logísticas, la energía, la seguridad, el turismo y la lucha contra las redes criminales refuerzan aún más esta proximidad.

Los datos describen, por tanto, a un socio indispensable, mientras que una parte del discurso continúa escenificando a un enemigo. Esta contradicción no significa que los intereses sean siempre idénticos. Dos vecinos tan próximos tendrán inevitablemente desacuerdos. Muestra, más bien, que la imagen de la amenaza no se corresponde con la totalidad de la relación concreta.

Cinco ansiedades que se despiertan al mismo tiempo

La sensibilidad española hacia Marruecos puede finalmente interpretarse a través de cinco ansiedades que se refuerzan mutuamente. En primer lugar, una ansiedad identitaria, alimentada por la persistencia del «moro» como enemigo histórico. Una ansiedad territorial, concentrada en torno a Ceuta y Melilla. Una ansiedad memorial, vinculada al Rif, al colonialismo y al Sáhara. Una ansiedad fronteriza, que transforma la migración en vulnerabilidad nacional. Y, por último, una ansiedad de estatus ante un Marruecos emergente que cuestiona una relación durante mucho tiempo desigual.

En cada crisis, estas cinco dimensiones se superponen. Una disputa diplomática deja de ser simplemente una disputa. Despierta Annual, la Marcha Verde, Ceuta, la inmigración y el temor a la pérdida de estatus. Es esta acumulación la que explica la desproporción de ciertas reacciones y su carga emocional.

Salir del cara a cara heredado

Comprender esta profundidad histórica no equivale ni a acusar a toda España ni a eximir a Marruecos de toda crítica. La democracia española alberga numerosas voces que defienden una relación lúcida, equilibrada y respetuosa con el vecino del sur. Marruecos, por su parte, debe aceptar que sus decisiones sean objeto de debate y que las inquietudes españolas no sean todas imaginarias o malintencionadas.

Pero una relación madura exige que cada parte reconozca la totalidad de la historia. España no puede pedir a Marruecos que olvide el colonialismo mientras moviliza constantemente sus propias heridas. Marruecos no debe transformar cada desacuerdo en un juicio general contra España. Ambas sociedades saldrían ganando si sustituyeran las mitologías enfrentadas por los hechos, una memoria compartida y la conciencia de su interdependencia.

Marruecos no incomoda, por tanto, únicamente porque esté cerca, porque reivindique o porque negocie con firmeza. Para una parte de España, incomoda porque concentra varios pasados que el país no ha examinado por completo y porque aparece ahora como un actor autónomo. La verdadera pregunta quizá no sea por qué Marruecos se habría vuelto más hostil, sino por qué su negativa a ocupar una posición subordinada sigue siendo tan difícil de aceptar.

Referencias documentales

• Eloy Martín Corrales, «Maurofobia, islamofobia y maurofilia/islamofilia en la España del siglo XXI», Revista CIDOB d’Afers Internacionals, n.os 66-67, 2004.

• Eloy Martín Corrales, «Del moro al inmigrante y del inmigrante al moro», trabajos sobre las representaciones españolas del Magreb.

• Comité Internacional de la Cruz Roja, The Rif War: A Forgotten War.

• CICAM y Fundación Tres Culturas, La imagen del mundo árabe y musulmán en la prensa española.

• Ministerio de Economía, Comercio y Empresa de España, datos sobre los intercambios España-Marruecos correspondientes a 2024.

Por Lahcen Haddad
El 24/09/2026 a las 12h00