Ceuta, frente a Gibraltar, ocupa los discursos de los políticos y las columnas de los periódicos. Melilla, en cambio, suele aparecer en segundo plano, como un apéndice olvidado. Tampoco ha tenido su propio al-Ansari: ningún hijo de la ciudad elaboró desde el exilio un inventario de lo perdido, y la arqueología apenas ha explorado su suelo de forma fragmentaria.