La secuencia diplomática que se abre este domingo en Madrid marca un giro importante en el expediente del Sáhara Occidental. Tras años de postura de rechazo y bloqueo, Argelia participará finalmente en unas negociaciones que reúnen a todas las partes implicadas en el conflicto. Una evolución que ilustra el jaque mate de la línea diplomática de Argel bajo el efecto combinado de las presiones internacionales y, sobre todo, estadounidenses.
Las conversaciones que se celebran el domingo en la capital española reúnen a Marruecos, Argelia, Mauritania y el Frente Polisario. Se desarrollan bajo la supervisión directa de representantes del presidente estadounidense Donald Trump, lo que confirma el papel predominante que Washington desempeña ahora en este asunto. La reunión tiene lugar con la máxima discreción en la sede de la embajada de Estados Unidos en Madrid, conforme a las exigencias formuladas por Massad Boulos, representante del presidente estadounidense para África, y Michael Waltz, embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas.
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Cada delegación está encabezada por su ministro de Asuntos Exteriores. Marruecos estará representado por Nasser Bourita, Argelia por Ahmed Attaf y Mauritania por Mohamed Salem Ould Merzoug, mientras que el Frente Polisario está representado por su responsable de asuntos exteriores, Mohamed Yeslem Beissat. El enviado personal del secretario general de la ONU para el Sáhara Occidental, Staffan de Mistura, también participa en este encuentro, copatrocinado por la organización de las Naciones Unidas.
Estas conversaciones siguen a una primera ronda de contactos que se celebró durante cuarenta y ocho horas en Washington hace dos semanas, también con un nivel de confidencialidad muy alto. La elección de Madrid responde a consideraciones logísticas y diplomáticas, ya que Estados Unidos consideró innecesario obligar a los responsables magrebíes a desplazarse nuevamente al otro lado del Atlántico para una reunión de corta duración.
Estas negociaciones constituyen el primer ciclo formal de conversaciones desde la adopción de la resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU en octubre de 2025. Este texto reafirma la necesidad de alcanzar una solución política «realista, pragmática, duradera y mutuamente aceptable» al diferendo en torno al Sáhara Occidental sobre la base del plan marroquí de autonomía. La resolución consagra además la centralidad de la iniciativa marroquí de autonomía como vía para lograr una resolución definitiva del conflicto. Llama explícitamente a todas las partes, incluida Argelia, a implicarse activamente en el proceso político sobre esta base. Mientras tanto, Marruecos ha ampliado y detallado su oferta de autonomía.
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Argelia, obligada
La participación de Argel en estas negociaciones constituye un giro importante del régimen. Durante varios años, el régimen argelino había insistido en que ya no participaría en este tipo de negociaciones, presentándose como simple «país observador» y rechazando oficialmente cualquier implicación directa en el conflicto.
Al aceptar sentarse en Madrid, Argel da ahora un paso atrás especialmente humillante. El poder argelino, que había jurado en numerosas ocasiones que nunca tomaría parte en negociaciones multilaterales de este tipo, se ve hoy obligado a participar bajo presión.
Este cambio de postura contrasta fuertemente con la línea dura adoptada en los últimos años, durante los cuales Argel había rechazado cualquier reanudación del formato de Ginebra iniciado en 2018 y 2019 bajo los auspicios de la ONU.
La participación argelina no se produjo de manera espontánea. Estuvo precedida por una secuencia diplomática particularmente reveladora. Entre el 19 y el 23 de enero de 2026, una delegación del Frente Polisario encabezada por Mohamed Yeslem Beissat viajó discretamente a Washington, acompañada en particular por un autoproclamado representante del movimiento en la capital estadounidense y por un responsable encargado de las relaciones con la MINURSO. El desplazamiento se realizó a bordo de un avión puesto a disposición por la presidencia argelina, lo que ilustra el papel estructural de Argel en la estrategia diplomática del movimiento saharaui. Fue también la ocasión para que los interlocutores estadounidenses mostraran una firmeza notable, reafirmando que el plan marroquí de autonomía constituye en adelante el único marco realista para la resolución del conflicto.
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Pocos días después, el 27 de enero de 2026, Massad Boulos viajó a Argel. Recibido por el ministro de Asuntos Exteriores, Ahmed Attaf, y posteriormente por el presidente Abdelmadjid Tebboune en presencia de varios altos responsables argelinos, el emisario estadounidense abordó oficialmente varios expedientes regionales, entre ellos Libia, el Sahel y el Sáhara Occidental. Pero, detrás del lenguaje diplomático medido de los comunicados oficiales, la visita se asemejó a una clarificación estratégica y a un requerimiento a Argel para que participara en las negociaciones sobre la base de la autonomía del Sáhara bajo soberanía marroquí.
Una constante en la diplomacia argelina
La participación en las conversaciones de Madrid aparece así como el resultado de una relación de fuerzas diplomática desfavorable para Argel. Una más. Al aceptar volver a la mesa de negociaciones, Argelia se ajusta de hecho a las exigencias de la resolución 2797 y a las expectativas de la diplomacia estadounidense. Esta evolución constituye un avance positivo que podría reactivar un proceso político estancado desde hace más de tres décadas. Sobre todo, refleja la incapacidad de Argel para mantener de forma duradera una postura de rechazo frente a la presión combinada del Consejo de Seguridad y de Washington.
Desde hace varios años, las autoridades argelinas habían multiplicado las declaraciones excluyendo cualquier participación en mesas redondas multilaterales. Tras su presencia en las dos primeras rondas de conversaciones en 2018 y 2019, Argel adoptó posteriormente una línea de rechazo categórico, denunciando solemnemente —en cada convocatoria y durante dos años consecutivos— un formato considerado inadecuado y negándose a ser considerada parte implicada en el conflicto. Estas posiciones reiteradas buscaban mantener la imagen de un actor externo que solo apoya el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui. La decisión actual contradice claramente esa estrategia y pone de manifiesto las contradicciones de una diplomacia que oscila entre la implicación real y la negación oficial.
Más allá del expediente sahariano, este episodio ilustra una característica señalada con frecuencia: la tendencia del régimen argelino a adoptar posiciones maximalistas antes de realizar concesiones importantes bajo presión. Tras exhibir durante años un rechazo categórico a participar en las negociaciones, Argel se había situado en una postura rígida. Su participación en la reunión de Madrid aparece hoy como un retorno pragmático a la realidad de las relaciones de fuerza diplomáticas. Esta secuencia refuerza la imagen de un poder acostumbrado a mostrar posturas de firmeza extrema antes de aceptar compromisos impuestos por la realidad.
