Un encargado de negocios «hostil» y más presión contra el Polisario: Washington endurece su postura frente a Argelia

A gauche, le congressman républicain Pat Harrigan et Mark Schapiro, le nouveau chargé d'affaires à l'ambassade des Etats-Unis à Alger.

A la izquierda, el congresista republicano Pat Harrigan y Mark Schapiro, el nuevo encargado de negocios en la embajada de Estados Unidos en Argel.

El 17/02/2026 a las 09h49

El respaldo oficial otorgado el pasado 13 de febrero por el parlamentario republicano Pat Harrigan al proyecto de ley que busca clasificar al Frente Polisario como organización terrorista, así como el nombramiento de Mark Schapiro, diplomático crítico del poder argelino, como encargado de negocios en Argel, marcan un nuevo capítulo en el endurecimiento de la política estadounidense contra el país vecino. Análisis.

Entre un respaldo creciente a iniciativas legislativas, señales diplomáticas y presiones apenas veladas, Estados Unidos endurece progresivamente su postura frente al Frente Polisario y su principal apoyo, Argelia. La acumulación reciente de posicionamientos, advertencias y decisiones diplomáticas alimenta la idea de una estrategia estadounidense cada vez más ofensiva.

Sin ir más lejos que el viernes pasado, la dinámica política estadounidense orientada a que el Frente Polisario sea reconocido como organización terrorista extranjera ha experimentado una notable aceleración. El último avance al respecto es el respaldo oficial del parlamentario republicano Pat Harrigan, que viene a reforzar un proyecto de ley ya apoyado por varias figuras influyentes del Congreso. Esta postura se inscribe en la continuidad de una propuesta bipartidista presentada en mayo de 2025 por el republicano Joe Wilson y el demócrata Jimmy Panetta. El texto busca obligar explícitamente a la administración estadounidense a examinar formalmente la inclusión del Frente Polisario en la lista de organizaciones terroristas extranjeras.

La adhesión de Pat Harrigan, oficializada el 13 de febrero, constituye un avance político significativo. Antiguo militar de las fuerzas especiales estadounidenses, en particular de los Green Berets, Harrigan se dedicó posteriormente al mundo empresarial antes de lanzarse a la política bajo la bandera del Partido Republicano. Su perfil, fuertemente vinculado a las cuestiones de seguridad nacional y defensa, otorga una credibilidad estratégica adicional a esta iniciativa legislativa. Miembro del Comité de las Fuerzas Armadas de la Cámara de Representantes, Harrigan encarna un sector del Congreso especialmente sensible a los desafíos de seguridad y a la lucha contra el terrorismo transnacional. Su respaldo consolida así un frente político decidido a redefinir la doctrina estadounidense respecto al Polisario.

Con Pat Harrigan, ya son siete los congresistas que impulsan el proyecto de ley y señalan al Polisario como organización terrorista: Joe Wilson, Jimmy Panetta, Mario Díaz-Balart, Jefferson Shreve, Randy Fine, Lance Gooden y el propio Harrigan. Una octava figura está a punto de sumarse a sus filas, según informa Le360. Este impulso legislativo se enmarca en un clima político estadounidense caracterizado por una mayor vigilancia frente a las amenazas terroristas en la región del Sahel y el norte de África. También refleja una evolución en la percepción del movimiento separatista dentro de los círculos de decisión en Washington.

La iniciativa respaldada por Harrigan se inscribe además en un movimiento más amplio, marcado por la movilización de senadores del peso del republicano Ted Cruz, figura destacada del aparato legislativo estadounidense y considerado cercano al presidente Donald Trump. Diez días antes de que se oficializara el apoyo del diputado por Carolina del Norte, Cruz había anunciado su intención de presentar en el Senado una propuesta similar para clasificar al Polisario como organización terrorista.

Durante audiencias celebradas en el Senado estadounidense sobre la seguridad en el norte de África y el Sahel, Ted Cruz adoptó una retórica especialmente ofensiva. Evocó en particular lo que calificó como la «houthización» del Frente Polisario, acusando al movimiento de mantener vínculos operativos con Irán y de actuar como instrumento geopolítico regional. Según Cruz, esas relaciones incluirían un presunto acceso a tecnologías militares iraníes, especialmente drones, así como un papel en los circuitos de suministro de armas hacia ciertos grupos yihadistas del Sahel.

Paralelamente, la presión sobre Argelia va en aumento. Las audiencias celebradas a comienzos de febrero en el mismo Senado ilustraron la evolución del discurso político estadounidense. La senadora demócrata Jeanne Shaheen interpeló a las autoridades diplomáticas estadounidenses sobre la continuidad de las masivas adquisiciones de armamento ruso por parte de Argelia. Estas compras podrían exponer a Argel a sanciones en virtud de la ley estadounidense CAATSA.

Las preocupaciones estadounidenses no son nuevas. Ya en 2022, el actual secretario de Estado Marco Rubio había subrayado el estatus de Argelia como uno de los principales compradores de armamento ruso. Varios miembros del Congreso también habían abogado por la posible aplicación de sanciones contra Argel. Pese a los intentos del embajador argelino en Estados Unidos, Sabri Boukadoum, de tranquilizar a Washington mencionando una eventual diversificación hacia armamento estadounidense, numerosos analistas dudan de la viabilidad de tal giro estratégico, dada la histórica interdependencia entre el ejército argelino y la industria militar rusa.

Sáhara: señalamiento directo a Argelia

Estos desarrollos coinciden con la reactivación del proceso político en torno al Sáhara Occidental. Los días 8 y 9 de febrero se celebraron conversaciones en Madrid bajo los respaldos de la administración del presidente Donald Trump, reuniendo a representantes de Marruecos, Argelia, el Polisario y Mauritania. En una reacción oficial particularmente destacada, el consejero especial para África y el mundo árabe del presidente Trump, Massad Boulos, mencionó explícitamente la implicación directa de Argelia en este expediente, al tiempo que calificó de «histórica» la resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU. Lo hizo en una entrevista concedida al canal alemán Deutsche Welle en su versión en lengua árabe.

Boulos recordó que las resoluciones del Consejo de Seguridad designan claramente a Argelia como parte implicada en el conflicto, contradiciendo la postura oficial de Argel, que hasta ahora se presentaba como simple observador. Esta declaración implica una mayor responsabilización de los actores del conflicto, con Argel en primer lugar.

En este contexto ya tenso, Washington anunció el nombramiento de Mark Schapiro como encargado de negocios en Argel, designación que será efectiva a partir del 1 de marzo de 2026. Esta elección, que privilegia a un diplomático interino en lugar de un embajador confirmado —y además controvertido en el país vecino—, alimenta las especulaciones sobre el verdadero estado de las relaciones bilaterales entre Washington y Argel.

Con amplia experiencia, Schapiro posee un profundo conocimiento de Argelia, donde ejerció entre 2007 y 2009 como consejero político en la embajada estadounidense. También ha ocupado diversos cargos diplomáticos en el mundo árabe y en Europa. Lejos de ser considerado un aliado, Schapiro es visto como crítico del poder argelino y es percibido como «hostil» en los círculos oficiales de Argel. De hecho, fue objeto de fuertes críticas por haber participado en la organización de encuentros entre diplomáticos estadounidenses y formaciones políticas argelinas, lo que le valió acusaciones de intromisión en los asuntos internos. En el contexto actual, su nombramiento constituye claramente una señal de endurecimiento diplomático.

Considerados en su conjunto, estos acontecimientos reflejan una transformación en curso del enfoque estadounidense hacia Argelia y su protegido, el Frente Polisario. La acumulación de ofensivas parlamentarias y presiones diplomáticas sugiere una voluntad de Washington de redefinir sus relaciones con el régimen de Argel. Paralelamente, la cuestión de clasificar al Polisario como organización terrorista se perfila como una palanca susceptible de aislar a la milicia respaldada por el régimen vecino, mientras este continúa en una dinámica de negación y evasivas.

Por Tarik Qattab
El 17/02/2026 a las 09h49