Los vehículos de dos ruedas ocupan un lugar cada vez más importante en la movilidad en Marruecos, tanto como medio de transporte económico como herramienta de trabajo, especialmente en el sector del reparto. Sin embargo, este aumento también viene acompañado de una elevada exposición a accidentes graves. Según las estadísticas provisionales de 2025 difundidas por la NARSA, 1.983 conductores y pasajeros de vehículos de dos ruedas perdieron la vida ese año en las carreteras del Reino, convirtiendo a esta categoría en la más afectada por la mortalidad vial.
La legislación marroquí obliga tanto al conductor como al pasajero a llevar casco, que debe estar homologado, ser adecuado y permanecer correctamente abrochado. La NARSA recuerda que un casco bien ajustado y con la correa cerrada reduce más de seis veces el riesgo de morir en un accidente de moto y puede disminuir hasta un 74% el riesgo de sufrir lesiones cerebrales. Los traumatismos craneales continúan siendo la principal causa de mortalidad entre los usuarios de vehículos de dos ruedas.
Sin embargo, determinados comportamientos siguen reduciendo la eficacia de esta medida, como llevar la correa mal ajustada, utilizar cascos no homologados, no proporcionar equipamiento al pasajero o quitarse el casco una vez superado un control. Para la NARSA, el reto no consiste únicamente en cumplir la obligación legal, sino en consolidar una verdadera cultura de prevención que convierta este gesto en un hábito, incluso en los desplazamientos cortos.
Velocidad: unos minutos ganados frente a un riesgo mucho mayor
Durante el verano también aumentan las tentaciones de acelerar para llegar antes al destino. Sin embargo, según la NARSA, el exceso de velocidad apenas permite ahorrar unos minutos en un trayecto, mientras incrementa considerablemente el riesgo de accidente y la gravedad de sus consecuencias.

A 120 km/h, un vehículo recorre unos 33 metros cada segundo, frente a cerca de 39 metros a 140 km/h. Un simple instante de distracción puede traducirse así en varias decenas de metros recorridos antes incluso de comenzar a frenar. Además, cuanto mayor es la velocidad, mayor es la distancia de frenado, un riesgo que se acentúa con el pavimento mojado o una visibilidad reducida.
Ante esta situación, la NARSA recomienda preparar el viaje con antelación, salir con tiempo suficiente para evitar el estrés, respetar las distancias de seguridad, no utilizar el teléfono al volante y realizar pausas periódicas durante los trayectos largos. La idea es sencilla, no se trata de llegar más rápido, sino de llegar con seguridad y regresar a casa sin incidentes.
Revisar el vehículo antes de salir
Mientras la organización del viaje y la preparación del equipaje suelen ocupar buena parte de la atención de los viajeros, la revisión mecánica del vehículo queda con frecuencia relegada a un segundo plano. La NARSA considera, sin embargo, que esta comprobación constituye una medida preventiva tan importante como respetar los límites de velocidad.
Entre los principales elementos que deben revisarse figuran el sistema de frenado y el estado de los neumáticos, incluida su presión, desgaste y posibles grietas. Estos componentes están especialmente sometidos a exigencias durante los trayectos largos y en condiciones de altas temperaturas. También deben comprobarse los niveles de aceite del motor, líquido refrigerante, líquido de frenos y limpiaparabrisas, así como el estado de la batería.
La NARSA recuerda igualmente la importancia de comprobar los elementos de seguridad obligatorios, como las luces, los limpiaparabrisas, la limpieza de los cristales y los retrovisores, además de disponer de rueda de repuesto o kit de reparación, triángulo de señalización, chaleco reflectante y extintor. En épocas de fuerte calor, el correcto funcionamiento del aire acondicionado también constituye un elemento de seguridad, ya que una temperatura excesiva en el habitáculo puede aumentar la fatiga y reducir la concentración del conductor.
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La revisión técnica periódica continúa siendo, según la agencia, la herramienta más fiable para detectar posibles anomalías que no son visibles a simple vista antes de que puedan convertirse en un peligro durante el trayecto.
Casco correctamente colocado, velocidad controlada y vehículo revisado antes de salir. Estas tres medidas destacadas por la NARSA durante la temporada estival resumen una estrategia de prevención que no debe limitarse al cumplimiento de las normas, sino convertirse en hábitos permanentes de seguridad vial.
