La Historia tiene memoria larga y una particular ironía. Ceuta, que en 1415 se convirtió en uno de los puntos de partida de la expansión europea y del proyecto colonial en África, se encuentra hoy en el centro de las tensiones que acompañan a los últimos vestigios de aquel imperio. La actual crisis migratoria ofrece numerosos ejemplos. En un análisis sin concesiones publicado por la prestigiosa revista Foreign Policy, Howard W. French plantea una tesis que, según él, la diplomacia española y europea tratan de evitar. España estaría abocada, por razones demográficas y geopolíticas, a devolver este territorio a Marruecos. Mantener un enclave colonial en suelo africano en pleno siglo XXI constituye, a su juicio, un anacronismo. La cuestión ya no sería «si», sino «cuándo».
Howard W. French, columnista de Foreign Policy, profesor de la Graduate School of Journalism de la Universidad de Columbia y antiguo corresponsal internacional de The New York Times, aporta a este debate la perspectiva desarrollada en obras como Born in Blackness: Africa, Africans, and the Making of the Modern World y The Second Emancipation: Nkrumah, Pan-Africanism, and Global Blackness at High Tide. Al analizar las tensiones en torno al enclave ocupado, el académico estadounidense cuestiona la idea de una soberanía española permanente e inmutable.
Una restitución inevitable
Para Howard W. French, España terminará viéndose obligada a abandonar sus pretensiones sobre Ceuta por la presión combinada del pragmatismo político y las transformaciones estructurales del Mediterráneo. Lejos de ser una hipótesis teórica, considera que la restitución se perfila como un desenlace histórico inevitable. «Creo que España acabará comprendiendo, progresivamente y quizá incluso pronto, la conveniencia de renunciar por pragmatismo a su reivindicación territorial en África, un realismo que hasta ahora ha faltado a los británicos con Gibraltar», sostiene.
Esta predicción se apoya en una tendencia de fondo que, según el autor, resulta imposible ignorar: el cambio demográfico. Mientras Europa afronta un envejecimiento sin precedentes y países como España o Italia registran una fecundidad muy baja, África experimenta un fuerte crecimiento de su población joven. Pretender mantener una frontera terrestre hermética y militarizada a las puertas de África para proteger un enclave de apenas unos kilómetros cuadrados constituye, a su juicio, una estrategia geopolítica difícil de sostener.
Un statu quo insostenible
El mantenimiento de Sebta bajo soberanía española resulta cada vez más difícil de sostener, también desde el punto de vista económico. French cuestiona una presencia que, en su opinión, genera crisis recurrentes. «En realidad, mantener el orden en Sebta frente a las oleadas de inmigrantes implica costes presupuestarios considerables y permanentes, además de tensiones dentro de Europa».
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El estatuto jurídico y la ubicación geográfica del enclave lo convierten en un foco permanente de tensión política. El autor considera que la posesión de este territorio apenas proporciona ya «un motivo de orgullo para los españoles nostálgicos de los restos de su antiguo imperio», mientras contribuye periódicamente a desestabilizar el espacio europeo. Durante las crisis migratorias, las capitales europeas reaccionan con preocupación. «Italia, vecina cercana de España, llegó a establecer rápidamente controles sobre las personas procedentes de España para asegurarse de que ningún africano entrara a través del enclave norteafricano», recuerda, mostrando cómo la existencia de una Ceuta «española» puede afectar al espacio Schengen y a la solidaridad europea.
La ceguera de los medios occidentales
Uno de los principales argumentos de Howard W. French es su crítica al tratamiento que los medios occidentales hacen de la cuestión, reduciendo un conflicto histórico de varios siglos a una simple crisis de seguridad. El autor lamenta esta falta de perspectiva. «Me llamó la atención la visión estrecha adoptada por numerosos medios para cubrir los acontecimientos de Ceuta. Una gran parte de la cobertura presentó los hechos como una simple, aunque grave, crisis migratoria, dando por sentadas la situación geográfica actual y la profunda dimensión histórica que subyace a los titulares de hoy», escribe.
Separar Sebta de su contexto colonial supone, según el autor, distorsionar la realidad. A partir de sus investigaciones recogidas en Born in Blackness, considera intelectualmente deshonesto «aceptar la idea de que Portugal adquirió sus posesiones imperiales en África por distracción [...] y que Sebta no es más que una curiosidad y una reliquia histórica que el mundo debería aceptar hoy sin cuestionar su pertenencia a Europa».
La contradicción española
El artículo pone de relieve una contradicción que, según French, está presente en la política exterior española. Madrid rechaza que Marruecos pueda reivindicar legítimamente Ceuta y Melilla, mientras mantiene una firme reivindicación de Gibraltar frente al Reino Unido.
French señala esta posición de doble rasero. «España rechaza los argumentos históricos y geográficos de Marruecos sobre la legítima pertenencia de Sebta, pero formula reivindicaciones muy similares respecto a Gibraltar», apunta. Al calificar la presencia española en suelo africano de «anomalía histórica, de esas que parecen poco destinadas a perdurar», el columnista sostiene que los argumentos utilizados por Madrid frente a Londres terminan debilitando su propia posición respecto a Rabat.
Frente a las certezas españolas, la Historia recuerda también el papel de Marruecos en la geopolítica del Estrecho. Mientras España mantiene su reivindicación sobre Gibraltar, una dinastía procedente del mundo musulmán fue la que construyó originalmente la fortaleza que hoy reclama Madrid. French recuerda esta paradoja histórica. «Gibraltar fue fundada en el siglo XII como puesto de observación fortificado por el imperio musulmán almohade». Sin embargo, a diferencia de la posición española, el autor destaca que Marruecos ha mostrado mayor pragmatismo, al recordar que se trata de «una reivindicación que los marroquíes abandonaron hace mucho tiempo, de manera totalmente sensata».
Los orígenes de la ocupación
Para devolver a Sebta su dimensión histórica, Howard W. French repasa los orígenes de la presencia europea, iniciada en 1415 con la conquista portuguesa impulsada por el príncipe Enrique el Navegante. Frente a los relatos idealizados, el ataque a la ciudad norteafricana respondía, según el académico, a intereses económicos muy concretos. «Lo que Enrique buscaba no eran conversos al cristianismo, ni siquiera vastos territorios que anexionar al reino de los Avís. Lo que buscaba era participar en la enorme riqueza en oro que llegaba a Europa desde hacía siglos desde África mediterránea y regiones mucho más al sur», recuerda.
Paradójicamente, el paso de Sebta de la tutela portuguesa a la soberanía española está directamente relacionado con una derrota militar sufrida por Portugal en Marruecos. En 1578, durante la batalla de los Tres Reyes (Wadi al-Majazin), el rey Sebastián I murió, provocando una importante crisis dinástica. «La crisis sucesoria portuguesa del siglo XVI fue consecuencia de una invasión más amplia de Marruecos, que terminó en desastre cuando el predecesor del rey Enrique, Sebastián I, murió junto con gran parte de su familia». Felipe II de España se hizo entonces con la corona portuguesa en 1580. Cuando Portugal recuperó su independencia seis décadas después, «el territorio marroquí conocido como Sebta fue cedido a los españoles».
El mundo ha cambiado desde entonces. Howard W. French plantea que ha llegado el momento de que Madrid resuelva esta cuestión mediante la restitución del territorio al Reino de Marruecos. Su propuesta es clara: «En este momento, España debería hacer lo que corresponde y devolver este territorio, geopolíticamente insignificante, a Marruecos, eliminando así la posibilidad de que pueda ser utilizado como una puerta trasera hacia la zona europea de inmigración conocida como Schengen».
Para el columnista de Foreign Policy, esta restitución permitiría a España liberarse de un anacronismo incómodo y asumir un papel de liderazgo en una nueva política europea hacia África. En lugar de mantener «la ilusión de que el desplazamiento de poblaciones procedentes de África y de otras partes del Sur Global puede gestionarse indefinidamente mediante simples medidas policiales», Europa debería reconstruir sus relaciones económicas sobre bases más equilibradas. La restitución de Ceuta constituiría así, según su análisis, un punto de partida para cerrar definitivamente el legado colonial y avanzar hacia una prosperidad compartida entre las dos orillas del Estrecho.
