En el corazón de Casablanca, un mercado dedicado exclusivamente a la venta de pieles de cordero mantiene viva una tradición artesanal que sustenta a una estructura económica histórica. Al contrario de lo que suele pensarse, los comerciantes instalados en este espacio no limitan su actividad a las festividades religiosas, sino que las ventas se prolongan a lo largo de todo el año.
Estas pieles, recolectadas en Casablanca, se trasladan principalmente a Fès, donde los tintoreros las transforman en productos manufacturados como cinturones de cuero, sandalias y bolsos. Este saber hacer artesanal no es exclusivo de la capital espiritual de Marruecos, ya que las ciudades de Marrakech y Agadir también albergan talleres muy activos en este mismo sector.
Sin embargo, el mercado atraviesa una situación compleja. Varios comerciantes coinciden en que, desde la crisis del Covid-19, el volumen de negocio ha sufrido una notable caída y la producción no ha vuelto a recuperar los niveles previos a la pandemia. Este año, los puestos del mercado de Casablanca exhiben una mercancía escasa. Los vendedores señalan que las pieles disponibles actualmente son especialmente finas, una característica que compromete seriamente su salida al mercado.
Los tintoreros de Dar Debbagh, en Fès, son conocidos por su estricta exigencia respecto a la calidad de la materia prima. Ante el grosor actual de las pieles, los propios vendedores consideran poco probable que estos artesanos acepten adquirirlas. Esta situación evidencia la extrema fragilidad de un sector atrapado entre las secuelas económicas de la crisis sanitaria y el deterioro de la calidad del producto disponible en el mercado.




