Al calificar desde Bruselas al Partido Popular (PP) de formación «antimarruecos», el jefe de la diplomacia española, José Manuel Albares, lanzó una dura ofensiva contra una oposición conservadora que oscila entre los deslices xenófobos del expresidente del Gobierno Mariano Rajoy y las provocaciones de su líder, Alberto Núñez Feijóo, sobre la cuestión del Sáhara. Una estrategia basada en agitar el miedo que va a contracorriente de la historia, de las realidades geopolíticas y de los intereses estratégicos de España.