Con la aprobación de la adhesión colectiva de los Estados de la CEDEAO el 19 de julio de 2026 en Freetown, el Gasoducto Africano-Atlántico trasciende su condición de infraestructura para convertirse en el eje de la geopolítica africana contemporánea. Impulsado por el tándem Marruecos-Nigeria, este megaproyecto de 25.000 millones de dólares, con una capacidad de 30.000 millones de metros cúbicos anuales, un trazado de 6.800 kilómetros y que atravesará 13 países, transformará el potencial gasístico de la región en una palanca de soberanía energética para 400 millones de habitantes y sentará las bases de un modelo irreversible de integración Sur-Sur. Así lo hará.