Gasoducto Africano-Atlántico: cómo África Occidental sella su futuro energético con Marruecos

Ceremonia de firma, ante el rey Mohammed VI y el expresidente nigeriano Muhammadu Buhari, de la declaración conjunta entre Marruecos y Nigeria sobre el Gasoducto Africano Atlántico, el 10 de mayo de 2018 en Rabat. DR

El 21/07/2026 a las 12h45

Con la aprobación de la adhesión colectiva de los Estados de la CEDEAO el 19 de julio de 2026 en Freetown, el Gasoducto Africano-Atlántico trasciende su condición de infraestructura para convertirse en el eje de la geopolítica africana contemporánea. Impulsado por el tándem Marruecos-Nigeria, este megaproyecto de 25.000 millones de dólares, con una capacidad de 30.000 millones de metros cúbicos anuales, un trazado de 6.800 kilómetros y que atravesará 13 países, transformará el potencial gasístico de la región en una palanca de soberanía energética para 400 millones de habitantes y sentará las bases de un modelo irreversible de integración Sur-Sur. Así lo hará.

Con la firma del Acuerdo Intergubernamental el domingo 19 de julio de 2026 en Freetown, la CEDEAO y Marruecos han convertido una visión impulsada al más alto nivel por el Rey y el presidente de Nigeria en un marco jurídico comunitario. Entre la finalización de los estudios técnicos, la creación de los órganos de gobernanza en Casablanca y Abuya y las perspectivas de exportación hacia Europa, este proyecto de 25.000 millones de dólares está redefiniendo la geopolítica del continente.

El proyecto del Gasoducto Africano-Atlántico no constituye una simple respuesta coyuntural a las crisis energéticas mundiales. Sus orígenes se remontan a una ambición geopolítica estructurada y concebida al más alto nivel de los Estados. Fue en 2016, durante la visita del rey Mohammed VI a Nigeria, cuando el Soberano y el entonces presidente nigeriano, el fallecido Muhammadu Buhari, sentaron las bases de esta infraestructura de gran envergadura. Ese impulso inicial ha encontrado continuidad política con el compromiso reafirmado por el presidente Bola Ahmed Tinubu, reflejando la solidez institucional de esta asociación transcontinental.

Desde su origen, el proyecto ha sido impulsado por un binomio ejecutivo formado por la Oficina Nacional de Hidrocarburos y Minas (ONHYM) de Marruecos y la Nigerian National Petroleum Company Limited (NNPC Ltd.) de Nigeria. La relación entre ambas entidades va más allá de un simple contrato comercial para convertirse en un modelo de cooperación Sur-Sur basado en la confianza, la transparencia y el rigor. Esta alianza estratégica integra dimensiones clave como la seguridad energética, el desarrollo económico y la estabilidad geopolítica. Objeto de un seguimiento personal y constante por parte del rey Mohammed VI, el gasoducto constituye uno de los pilares de la visión real de una África soberana, integrada y dueña de sus propios recursos. El avance progresivo del proyecto demuestra que la voluntad política inicial se ha transformado en un compromiso efectivo e irreversible por parte de todos los países de la región.

Las lecciones de Freetown

La firma del Acuerdo Intergubernamental (IGA, por sus siglas en inglés), durante la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (CEDEAO), representa un importante avance institucional. Al integrar el proyecto en los procesos de decisión internos de la organización, este paso formaliza la adhesión colectiva de los Estados miembros al marco jurídico y regulatorio del gasoducto, otorgándole una sólida seguridad jurídica.

Aunque el Reino de Marruecos no forma parte de la CEDEAO, su presencia activa y decisiva en Freetown como copromotor del proyecto pone de manifiesto su capacidad para unir las energías del continente más allá de las divisiones institucionales. La reunión de Freetown consagra así la apropiación del proyecto por parte de toda África Occidental, transformando lo que inicialmente era una iniciativa marroquí-nigeriana en un gran proyecto comunitario.

Desde el punto de vista técnico y operativo, esta firma llega en un momento decisivo. La ONHYM y la NNPC Ltd. han confirmado oficialmente que los principales estudios de ingeniería de detalle, impacto ambiental y viabilidad técnica (FEED) ya han concluido en su totalidad. El proyecto dispone así de todas las garantías científicas, técnicas y económicas necesarias para abandonar la fase de estudios preparatorios y avanzar progresivamente hacia su desarrollo sobre el terreno.

La hoja de ruta hacia la puesta en marcha

El encuentro de Freetown constituye el primer paso de una agenda diplomática e industrial cuidadosamente planificada. La hoja de ruta para los próximos meses y años se articula en torno a varias etapas decisivas que marcarán el paso definitivo del marco jurídico a la ejecución material del proyecto.

El próximo otoño, el Reino de Marruecos acogerá una ceremonia oficial de firma de carácter histórico. El acto reunirá al rey Mohammed VI, al presidente de Nigeria, Bola Ahmed Tinubu, y al presidente de la República Islámica de Mauritania. Durante este encuentro se procederá a la firma conjunta del acuerdo por parte de Marruecos y Mauritania, dos Estados que no pertenecen a la CEDEAO pero cuya participación resulta indispensable para garantizar la continuidad geográfica del trazado, sellando así la alianza entre todos los países ribereños.

El acuerdo que será firmado en otoño permitirá crear oficialmente la Sociedad de Gestión del Proyecto. Esta empresa, cuya sede estará en Casablanca, será la encargada de dirigir todos los aspectos financieros, comerciales y operativos de la infraestructura. Paralelamente, la autoridad reguladora y de gobernanza del gasoducto, denominada Pipeline Higher Authority, establecerá su sede en Abuya (Nigeria), desde donde velará por el cumplimiento de los compromisos interestatales y por la seguridad de la red.

Una vez constituidas la sociedad del proyecto y la autoridad de gobernanza, los promotores procederán a estructurar la financiación, movilizar a los inversores internacionales e institucionales y preparar la Decisión Final de Inversión (FID). La culminación de este proceso abrirá el camino a la fase de construcción. Los calendarios actuales prevén la entrada en funcionamiento de los primeros tramos regionales a comienzos de la próxima década, marcando el inicio efectivo del transporte de gas natural.

Con una inversión estimada en unos 25.000 millones de dólares, el Gasoducto Africano-Atlántico se perfila como el mayor proyecto de infraestructura energética de la historia del continente. A lo largo de cerca de 6.800 kilómetros, su trazado atravesará trece países de la fachada atlántica africana, interconectando sus redes nacionales antes de llegar al norte de Marruecos, donde enlazará directamente con el Gasoducto Magreb-Europa (GME).

Un corredor de prosperidad compartida

La infraestructura tendrá una capacidad anual de transporte de 30.000 millones de metros cúbicos de gas natural, distribuidos de forma equilibrada para responder a un doble objetivo continental e internacional. Alrededor de 15.000 millones de metros cúbicos al año se destinarán al mercado interior de África Occidental. Este suministro permitirá crear un mercado regional integrado del gas, proporcionar un combustible limpio y asequible para la generación eléctrica, reducir el déficit energético, impulsar el tejido industrial y valorizar localmente los recursos minerales y naturales del continente. Los otros 15.000 millones de metros cúbicos anuales estarán destinados al mercado marroquí y a la exportación hacia Europa. En un contexto geopolítico marcado por la búsqueda de seguridad en el suministro energético, el gasoducto ofrecerá al continente europeo una alternativa estable, segura y duradera.

Más allá de sus dimensiones industriales y energéticas, el Gasoducto Africano-Atlántico se inscribe plenamente en la Iniciativa Atlántica impulsada por el rey Mohammed VI. Esta visión estratégica busca facilitar la apertura de los Estados del Sahel al océano Atlántico y estructurar la fachada atlántica africana como un espacio de paz, cooperación reforzada y codesarrollo.

El gasoducto no debe entenderse únicamente como una infraestructura para el transporte de hidrocarburos, sino como un auténtico corredor de integración socioeconómica. Al conectar economías, armonizar estándares industriales y favorecer la creación de miles de empleos cualificados a lo largo de su recorrido, sentará las bases de un crecimiento compartido. Asimismo, ofrecerá a África Occidental los medios para reforzar su soberanía energética y consolidarse como un actor estratégico del comercio internacional entre África, Europa y América. Será, además, la demostración de que el continente africano es ya capaz de diseñar, coordinar y financiar infraestructuras transnacionales de categoría mundial, reafirmando su papel como uno de los motores del crecimiento global en las próximas décadas.

Por Tarik Qattab
El 21/07/2026 a las 12h45