Agricultura. Conciliar la financiación con el ciclo estacional: la difícil adaptación que asfixia a las pymes africanas

Las cooperativas agrícolas permiten compartir recursos y mejorar el acceso a la financiación.

El 23/07/2026 a las 10h20

El fondo especializado en las cadenas de valor agrícolas africanas ha desembolsado 575 millones de dólares desde su creación en 2011, pero no cerró ninguna nueva operación durante el ejercicio 2024-2025. Su informe anual pone de relieve el contraste entre la magnitud de las necesidades de financiación, la resiliencia de algunos modelos productivos y la persistente vulnerabilidad de las empresas frente a las divisas fuertes, las sequías y la falta de capital paciente.

La paradoja de la agricultura africana radica menos en la escasez de recursos que en la dificultad para transformarlos en producción e ingresos. Según el informe anual 2024-2025 del Africa Agriculture and Trade Investment Fund (AATIF), alrededor del 45% de la población activa del continente trabaja en la agricultura, un sector que, sin embargo, solo representa el 15% del producto interior bruto.

Casi tres cuartas partes de las tierras cultivables permanecen sin explotar, mientras que las importaciones netas de alimentos alcanzaron los 100.000 millones de dólares en 2021 y se prevé que la demanda se duplique de aquí a 2050.

La brecha entre el potencial agrícola y la dependencia alimentaria está vinculada, en primer lugar, al acceso a la financiación. El informe recuerda que el déficit anual de capital para las pymes agrícolas del África subsahariana supera los 100.000 millones de dólares, según un estudio publicado por ISF Advisors en 2022. No obstante, el documento no ofrece una actualización de esa cifra para 2026 ni una estimación equivalente para el conjunto del continente. En este contexto, los 575 millones de dólares movilizados por el AATIF desde 2011 siguen siendo modestos frente a unas necesidades anuales de tal magnitud.

El AATIF trata de corregir este desequilibrio mediante financiación por deuda, asistencia técnica y mecanismos de financiación mixta. Los fondos públicos que asumen las primeras pérdidas reducen el riesgo para los inversores privados. El objetivo es financiar tanto los activos productivos como el capital circulante necesario para los ciclos agrícolas. El reto consiste en adaptar los plazos de financiación y de reembolso a la realidad de un sector sometido a la estacionalidad, la volatilidad de los precios y las condiciones climáticas.

Sin embargo, el crecimiento del fondo se interrumpió durante el último ejercicio. Según el informe, el AATIF no cerró ninguna nueva operación en 2024-2025, principalmente debido al traspaso de su mandato de asesoramiento a Cygnum Capital. Las cuatro operaciones nuevas o renovadas correspondieron, sobre todo, a la prórroga de líneas de financiación existentes y a una mayor utilización de fondos ya comprometidos. Los reembolsos efectuados no fueron sustituidos íntegramente por nuevas inversiones.

A 31 de marzo de 2025, la cartera activa del fondo estaba compuesta por 20 empresas repartidas en 12 países, con compromisos por valor de 252,4 millones de dólares y una cartera viva de 171,1 millones. El fondo gestionaba activos por importe de 234 millones de dólares y registraba una rentabilidad del 9,3% en los últimos doce meses. La subida de los tipos de interés y la recuperación de préstamos morosos impulsaron sus ingresos, pese a la reducción de los activos generadores de rentabilidad. Paradójicamente, el mismo contexto que favorece el rendimiento del fondo encarece el acceso al crédito convencional para las empresas agrícolas.

Los bancos, principal motor de difusión

El recurso a las instituciones financieras explica buena parte del alcance del fondo. La suma de las participaciones publicadas muestra que seis bancos e instituciones de desarrollo —NSIA Banque, Coris Bank, NMB, Co-operative Bank of Kenya, el Banco de Inversión y Desarrollo de la CEDEAO (BIDC) y Sterling Bank— concentran el 88% de la exposición neta. El AATIF apuesta así por el efecto multiplicador del sistema bancario en lugar de conceder un gran número de préstamos directos a pequeñas empresas, cuyo seguimiento resulta más costoso.

La financiación del AATIF frente a las necesidades del sector agrícola

Déficit anual de financiación de las pymes agrícolas del África subsaharianaMás de 100.000 millones de dólares
Capital desembolsado por el AATIF desde su creación575 millones de dólares
Empresas que integran la cartera activa20
Países cubiertos por la cartera activa12
Compromisos financieros252,4 millones de dólares
Cartera viva171,1 millones de dólares
Activos bajo gestión234 millones de dólares
Rentabilidad en los últimos doce meses9,3%
Nuevas operaciones cerradas0
Porcentaje de la exposición neta concentrada en seis instituciones financieras88%

Fuente: Informe anual 2024-2025 del AATIF.

Los resultados más significativos proceden precisamente de este canal de financiación. En Tanzania, la cartera agrícola del NMB pasó de 248 a 388 millones de dólares y representa ya más del 13% del total de sus créditos. Más de 100 millones de dólares procedentes del «Jamii Bond» se destinaron al sector agrícola, beneficiando de forma directa o indirecta a más de 50.000 agricultores.

En Nigeria, la cartera agrícola de Sterling Bank se aproxima a los 100 millones de dólares y supera el 15% del total de su cartera crediticia. En 2024, sus líneas de financiación específicas beneficiaron a más de 500 pymes, así como a mujeres y jóvenes. Por su parte, la cartera agrícola del Banco de Inversión y Desarrollo de la CEDEAO (BIDC) representa el 15% de su cartera total de préstamos. La institución también emitió un bono sostenible por valor de 70.000 millones de francos CFA, destinado, entre otros sectores, a la agricultura.

La intermediación financiera amplía el acceso al crédito, pero traslada la dificultad a la selección de los prestatarios y a la medición del impacto. Por ello, el informe insiste en la importancia de los sistemas sociales y medioambientales de los bancos asociados, fundamentales cuando los resultados dependen del trabajo de sus sucursales y de sus responsables de crédito.

El riesgo cambiario limita el capital paciente

La estructura monetaria pone de manifiesto otra vulnerabilidad. A 31 de marzo de 2025, el 54,8% de la cartera viva, equivalente a 93,7 millones de dólares, estaba denominada en dólares estadounidenses, mientras que el 45,2% restante, equivalente a 77,3 millones de dólares, estaba denominado en euros. El informe señala, sin embargo, que el acceso a las divisas fuertes sigue siendo limitado y que las fluctuaciones cambiarias dificultan el cálculo del coste de los insumos y de los precios de venta.

El perfil de vencimientos acentúa aún más este desfase. Alrededor del 53% de la cartera vence en menos de tres años y el resto entre tres y seis años; ninguna exposición supera los seis años. Sin embargo, la mecanización, el riego o la transformación agroindustrial suelen requerir horizontes de inversión mucho más largos. Así, el denominado capital paciente —la inversión a largo plazo destinada a financiar proyectos hasta alcanzar su plena madurez— sigue condicionado por vencimientos relativamente cortos y por una dependencia total del dólar y del euro.

Los resultados operativos ilustran claramente este riesgo. En Zambia, la sequía de 2024 redujo las compras de maíz de African Milling de 119.437 a 58.975 toneladas. Mount Meru adquirió 54.568 toneladas de soja local, un 56% menos que un año antes, y su red de pequeños productores se redujo hasta unos 39.000 agricultores.

Por el contrario, Seba Foods logró mantener su actividad de transformación de maíz y soja gracias a las compras anticipadas y al almacenamiento. Su capacidad de resistencia dependió tanto de la disponibilidad de capital circulante como de su capacidad industrial.

Mozambique ofrece un contraste similar. Las compras locales y las exportaciones de Afcom descendieron de 41.690 a 11.986 toneladas debido a la sequía y a la inestabilidad política. Al mismo tiempo, Robust incrementó sus compras de soja de 5.458 a 32.154 toneladas y apoyó a 10.000 productores. El informe concluye que la diversificación, la trazabilidad y el acompañamiento técnico son factores determinantes para garantizar el suministro.

Transformar sin prometer empleo

La financiación de equipamientos incrementa la producción local, pero sus efectos sociales no son automáticos. En Tanzania, Afcom puso en funcionamiento una planta de aceite con capacidad para procesar 300 toneladas diarias y aumentó sus compras de algodón de 1.081 a 7.429 toneladas. Amsons elevó el volumen de trigo transformado de 30.000 a 46.000 toneladas gracias a un suministro eléctrico más fiable. Sin embargo, la consolidación de sus molinos redujo su plantilla fija de 150 a 72 empleados. En otras palabras, el aumento de la competitividad puede ir acompañado de una racionalización del empleo.

Las empresas financiadas produjeron más de 519.000 toneladas de alimentos, prestaron servicio a 264.000 pequeños agricultores y generaron más de 31.000 empleos, de los cuales el 41% corresponden a mujeres. Según el informe, tanto la producción como el número de beneficiarios disminuyeron debido a las sequías y a la maduración de algunas inversiones, mientras que el empleo se mantuvo estable. No obstante, el documento no proporciona las cifras consolidadas del ejercicio anterior, lo que impide medir con precisión el alcance de este retroceso.

El capital por sí solo no basta sin conocimientos agronómicos ni sistemas de trazabilidad. En este sentido, el AATIF ha desarrollado 133 proyectos de asistencia técnica en catorce años, con una inversión de 8,5 millones de euros. A 31 de marzo de 2025, 81 de estos proyectos habían concluido, 32 seguían en ejecución y 20 habían sido cancelados. En total, 41 instituciones asociadas y beneficiarios de 18 países africanos participaron en estas iniciativas, centradas en la certificación, la gestión de los riesgos climáticos, la seguridad alimentaria y la introducción de nuevas variedades de semillas.

Alcance económico y social de las inversiones

Alimentos producidos por las empresas financiadasMás de 519.000 toneladas
Pequeños agricultores beneficiados264.000
Empleos sostenidosMás de 31.000
Proporción de mujeres entre los empleos41%
Proyectos de asistencia técnica desarrollados en catorce años133
Proyectos finalizados81
Proyectos en ejecución32
Proyectos cancelados20
Recursos destinados a la asistencia técnica8,5 millones de euros
Instituciones asociadas beneficiarias41
Países africanos cubiertos por la asistencia técnica18

Fuente: Informe anual 2024-2025 del AATIF. Los datos de impacto proceden principalmente de las declaraciones de las empresas, complementadas por evaluaciones realizadas por expertos independientes.

No obstante, el alcance de estos resultados debe interpretarse con cautela. Los datos de impacto son facilitados por las propias empresas y posteriormente complementados mediante estudios elaborados por expertos independientes. El informe no presenta una auditoría independiente consolidada de todos los indicadores ni una metodología que permita extrapolar los resultados al conjunto del continente. Las cifras describen, por tanto, la huella de una cartera de inversiones concreta y no una transformación ya consolidada de la agricultura africana.

El informe prevé una recuperación de las inversiones durante el ejercicio 2025-2026 y una cartera de proyectos directos más amplia. Sin embargo, también señala que debían vencer inversiones por valor de 12 millones de dólares, mientras que el AATIF esperaba obtener un nuevo compromiso financiero de 20 millones de dólares. El documento no precisa si ese objetivo llegó finalmente a materializarse.

Asimismo, mantiene sus previsiones de crecimiento para África en el 4,1% en 2025 y el 4,4% en 2026, al tiempo que identifica el cambio climático, la inseguridad y las fluctuaciones de los tipos de cambio como los principales riesgos que siguen amenazando el desarrollo del sector agrícola en el continente.

Por Mouhamet Ndiongue
El 23/07/2026 a las 10h20