«¡No se puede morir de esta manera!». Es el grito de Khadija Fakir, hermana de Abderrahim, mientras Italia parece revivir, doce años después, una escena idéntica. En 2014, Riccardo Magherini murió en Florencia tras ser inmovilizado en el suelo por varios carabineros. El 20 de julio de 2026, Abderrahim Fakir, un marroquí de 42 años, falleció en Bolonia en circunstancias casi idénticas, reducido boca abajo por dos policías mientras pedía ayuda a gritos. Entre ambos casos, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) condenó a Italia por la persistente ausencia de un protocolo que regule este tipo de intervenciones policiales.
Lo que ocurrió
Abderrahim Fakir, que llegó a Italia con apenas cinco años de edad, murió después de ser inmovilizado en el suelo por dos agentes durante su arresto en Bolonia. Fragmentos de un vídeo grabado por un vecino y ampliamente difundidos por los medios italianos muestran a la víctima siendo mantenida boca abajo durante varios minutos. En repetidas ocasiones se le escucha gritar «¡Ayuda, ayuda!», mientras los dos policías continúan sujetándolo contra el asfalto ante la presencia de dos sanitarios, que permanecen inmóviles.
Poco después aparece completamente inerte, con el rostro pegado al suelo, mientras los agentes le atan manos y pies. Uno de ellos acaba golpeándole el hombro para comprobar si sigue consciente. Ya no lo estaba.
La Jefatura de Policía de Bolonia informó de que las imágenes captadas por las cámaras corporales de ambos agentes fueron puestas a disposición de la Justicia. Según la misma fuente, los policías habían acudido al lugar tras recibir el aviso de varios vecinos que alertaban de la presencia de un hombre presa de «un violento ataque de ira».
La Fiscalía italiana abrió una investigación al día siguiente de la tragedia, un hecho que provocó una fuerte indignación en la opinión pública y una concentración de varios centenares de personas en el centro de Bolonia, donde se exhibieron pancartas reclamando «justicia y verdad para Fakir».
Un precedente judicial ignorado
Es precisamente ese paralelismo el que establece la senadora Ilaria Cucchi, cuyo hermano falleció bajo custodia en 2009. Stefano Cucchi fue golpeado por dos carabineros tras resistirse durante la toma de sus huellas dactilares, una violencia que la Justicia italiana calificó entonces como legítima defensa.
«Encuentren las diferencias», lanzó durante una conferencia celebrada en el Senado el martes 21 de julio, al comparar las grabaciones de Riccardo Magherini y Abderrahim Fakir, filmadas con doce años de diferencia en situaciones que calificó de «completamente análogas».
Ilaria Cucchi recordó que el TEDH condenó a Italia en enero de 2026 por varios motivos, entre ellos la persistente ausencia de un protocolo que regule las actuaciones policiales. «En su sentencia, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos declara por unanimidad que se produjeron dos vulneraciones del artículo 2 (derecho a la vida/investigación) del Convenio Europeo de Derechos Humanos», recoge el comunicado de prensa de la Secretaría del Tribunal.
El Tribunal considera que mantener a Riccardo Magherini «en posición de decúbito prono durante unos veinte minutos después de haber sido inmovilizado, cuando ya no reaccionaba aparentemente, no era absolutamente necesario para controlarlo».
Asimismo, constató «deficiencias en la investigación posterior (especialmente en lo relativo a su independencia), en la formación de las fuerzas del orden sobre las técnicas de inmovilización y en las directrices vigentes en Italia en aquella época acerca de la forma de colocar a una persona en posición de decúbito prono minimizando los riesgos para su salud y su vida».
Ilaria Cucchi subrayó además que, en mayo de 2026, pocos meses después de esta condena, el propio Ministerio del Interior italiano publicó unas directrices sobre la gestión de las personas consideradas «no cooperativas».
Estas recomendaciones describen a estas personas como individuos que pueden encontrarse en situación de vulnerabilidad, padecer trastornos psiquiátricos o psicológicos o actuar bajo los efectos del alcohol o las drogas, y establecen que, una vez esposadas, deben ser colocadas inmediatamente boca arriba y no mantenidas boca abajo sobre el suelo. «Y, sin embargo, seguimos dejándolos morir por asfixia», denunció la senadora.
Tres factores... un mismo desenlace
Esta constatación se ve reforzada por el análisis de Mario Balzanelli, presidente de la Sociedad Italiana del Sistema de Emergencias 118, quien calificó, en declaraciones a un medio italiano, de «completamente inapropiada» la maniobra de inmovilización aplicada por los agentes.
Asimismo, precisó que el uso de espray de pimienta tampoco estaba indicado, especialmente en personas asmáticas como Abderrahim Fakir. A su juicio, la rápida llegada de un médico del servicio de emergencias 118 probablemente habría permitido salvarle la vida. Ante un estado de fuerte agitación psicomotriz, ese médico habría podido sedar al hombre, tanto para protegerlo como para evitar consecuencias más graves.
Mario Balzanelli explica que la maniobra utilizada por los policías —una inmovilización en posición de decúbito prono, con el rostro y el tórax aplastados contra el suelo— nunca está indicada y puede resultar letal, ya que reduce el paso de aire hacia los pulmones. El especialista identifica tres causas que suelen confluir en este tipo de fallecimientos.
La primera está relacionada con el propio estado de agitación, que expone al organismo a graves arritmias y a una isquemia capaz de provocar una parada cardíaca incluso sin necesidad de inmovilización.
La segunda es la posición boca abajo. Al permanecer aplastada contra el suelo bajo el peso de uno o varios agentes, la persona ya no puede expandir el tórax ni el diafragma. Cuando el organismo necesitaría hiperventilar para eliminar el exceso de dióxido de carbono, la mecánica respiratoria queda bloqueada. El CO₂ se acumula, la sangre se acidifica y el corazón termina cediendo, un fenómeno que se agrava todavía más cuando existe compresión sobre el cuello.
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La tercera causa está relacionada con el espray de pimienta, utilizado justo antes de la inmovilización de Abderrahim Fakir. La oleorresina de capsicum puede provocar laringoespasmos y broncoespasmos, con el consiguiente cierre de las vías respiratorias, unos efectos especialmente peligrosos en personas asmáticas. Los familiares de Abderrahim Fakir señalaron precisamente que padecía asma y que ya había sido hospitalizado anteriormente por problemas respiratorios. En este tipo de situaciones, el desenlace suele ser una parada cardíaca que se manifiesta mediante actividad eléctrica sin pulso.
Mario Balzanelli advierte de que el margen para evitar este tipo de muertes, o reducir considerablemente el riesgo, es muy estrecho y pasa, sencillamente, por retirar de inmediato a la persona de la posición boca abajo. Recuerda además que la agitación psicomotriz constituye una condición clínica potencialmente peligrosa que requiere la intervención de un equipo del servicio 118 compuesto por un médico y un enfermero, capaces de evaluar clínicamente al paciente y administrarle sedación si fuera necesario.
Por ello, la sociedad científica que preside reclama que la agitación aguda sea reconocida como una verdadera urgencia médica, que siempre se movilice un equipo médico del 118 y que se establezcan protocolos compartidos y una formación conjunta entre las fuerzas del orden y los servicios de emergencias.
Un abogado curtido en casos similares
La familia de Abderrahim Fakir ha confiado su defensa al abogado Fabio Anselmo, quien ha intervenido en numerosos casos similares, desde Federico Aldrovandi hasta Stefano Cucchi, pasando por Riccardo Magherini.
El letrado no oculta ni su indignación ni su agotamiento tras más de veinte años defendiendo este tipo de causas. «¿Qué puedo decir? Que no hemos aprendido nada. Y que no queremos aprender nada», lamenta, antes de recordar que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenó a Italia en dos ocasiones por la muerte de Riccardo Magherini, una condena posteriormente confirmada por la Gran Sala y que estableció principios fundamentales que Italia sigue incumpliendo, entre ellos la obligación de formar adecuadamente a las fuerzas del orden, tanto desde el punto de vista operativo como psicológico.
Anselmo sostiene que un elemento determinante surge de las conversaciones mantenidas con los servicios de emergencia 118. Cuando los agentes dejaron de sujetar a Abderrahim Fakir, este parecía seguir agonizando sin que nadie le desatara ni le prestara asistencia.
«Que alguien me explique por qué seguía atado de manos y pies», se pregunta, antes de añadir que, si ese extremo se confirma, la tragedia adquiriría un carácter «todavía más oscuro y terrible».
El abogado califica los procedimientos actualmente utilizados de «procedimientos de muerte» y recuerda que este tipo de maniobras solo deberían emplearse en situaciones extremas y cesar inmediatamente cuando la persona detenida deja de representar un peligro, algo que, según él, «casi nunca ocurre en la práctica».
También denuncia el tratamiento mediático recibido por la víctima. A su juicio, algunos periódicos atribuyeron erróneamente a Abderrahim Fakir los antecedentes penales de un homónimo para imputarle delitos que jamás cometió.
«Lo único que importa es lo que ocurrió allí», insiste, rechazando cualquier intento de responsabilizar a la víctima apelando a su supuesto pasado.
Finalmente, reconoce el cansancio acumulado tras más de dos décadas dedicadas a este tipo de procedimientos. Dice estar agotado de ver «consumirse las tragedias y la salud de los familiares de estas víctimas» y dedica unas palabras de apoyo a Yousra, sobrina de Abderrahim, a quien considera el rostro de una familia que «reivindica los derechos civiles y la dignidad» que, según él, fueron negados a su tío.
La sobrina de Abderrahim Fakir, Yousra, intervino posteriormente por videoconferencia. Quiso desmarcarse de forma contundente de los disturbios registrados tras la intervención policial.
«Nosotros, como familia, nos desvinculamos completamente de los enfrentamientos y de los altercados ocurridos después de la intervención», afirmó, recordando el profundo vínculo que mantiene con Bolonia, la ciudad donde nació y creció.
«Ver mi ciudad en esta situación me afecta profundamente, a mí y a toda mi familia. Bolonia no merece esto», añadió, insistiendo en que la memoria de su tío no debía verse «manchada» por esos incidentes.
«El dolor que estamos viviendo es inmenso, pero no puede ni debe transformarse en violencia de ninguna manera», subrayó, antes de reclamar respeto para la memoria de su tío.
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«Mi tío se llamaba Abderrahim. No es un número, no es un caso; es una persona que tenía una vida», declaró. Recordó asimismo que lo ocurrido no puede reducirse a «un error, una negligencia o una fatalidad».
«Cuando una persona pide ayuda, cuando alguien grita, alguien debe intervenir. Y cuando eso no ocurre, es legítimo preguntarse por qué», sostuvo, reclamando que se esclarezcan los hechos, se establezcan las responsabilidades y se haga justicia.
También pidió respeto para su tío, para su memoria y para su dignidad, así como para toda la familia, prometiendo que seguirán alzando la voz «hasta obtener respuestas».
Rabat sigue el caso muy de cerca
Por parte de Marruecos, el Ministerio de Asuntos Exteriores, Cooperación Africana y Marroquíes Residentes en el Extranjero indicó ayer que sigue con preocupación los acontecimientos y las circunstancias que condujeron al fallecimiento de este ciudadano marroquí.
En un comunicado, el Ministerio precisó que las autoridades marroquíes han solicitado a las autoridades italianas competentes que lleven a cabo con la mayor celeridad una investigación exhaustiva para esclarecer plenamente las circunstancias de este fallecimiento y aportar todas las explicaciones necesarias sobre lo sucedido.
Según la misma fuente, Marruecos también ha exigido que se determinen las responsabilidades y que se garantice la plena aplicación de todas las medidas y procedimientos legales pertinentes.
El Ministerio subraya que las autoridades marroquíes continuarán siguiendo muy de cerca la evolución de este caso, en el marco de su compromiso permanente con la protección de los intereses de los marroquíes residentes en el extranjero.
Asimismo, añade que se han impartido instrucciones precisas tanto a la Embajada de Marruecos en Italia como al Consulado General competente para que hagan un seguimiento continuo del desarrollo de este asunto.
