La ropa de segunda mano en África: un nuevo nicho económico que teje su propia red

Los vendedores de ropa de segunda mano esperan con impaciencia a los clientes.

El 13/05/2026 a las 13h00

Durante mucho tiempo vinculada al consumo de subsistencia, la ropa de segunda mano en África está cambiando su estatus económico. Desde los mercados de Nairobi hasta los de Accra, sectores enteros dependen ahora de la clasificación, la reparación, la reventa y la transformación de prendas usadas importadas a gran escala. Las importaciones africanas de este tipo de vestimenta superan en 15 veces las exportaciones de ropa nueva.

Tras los fardos de segunda mano se perfila una actividad que genera empleo, ingresos fiscales y nuevas formas de expresión estilística, aunque también absorbe una parte creciente de los residuos textiles mundiales. Según diversas instituciones nacionales africanas, el debate ya no gira únicamente en torno al comercio de ropa usada, sino sobre la aparición de un sistema productivo urbano conectado a los desequilibrios de la moda global.

Los mercados africanos de ropa de segunda mano ya no funcionan como simples puntos de salida para prendas de bajo precio. Se ha estructurado progresivamente una cadena económica completa en torno a las importaciones de segunda mano, gestionada por diversos actores como importadores, mayoristas, clasificadores, sastres, tintoreros, revendedores, transportistas o incluso vendedores digitales que hoy viven de esta actividad.

Según los datos más recientes citados por WITS y UN Comtrade, Kenia importó 230.266 toneladas de ropa usada en 2024 por un valor de 207,1 millones de dólares. Mozambique registró 66.236,8 toneladas y Senegal 39.832,9 toneladas, mientras que Camerún alcanzó las 73.008 toneladas en 2025, de acuerdo con las cifras del Instituto Nacional de Estadística (INS) recogidas por la prensa económica local.

Ghana sigue siendo, no obstante, el símbolo continental de esta economía. Según una presentación de Naciones Unidas basada en las estadísticas de Comtrade, el país importó 147.049 toneladas de ropa de segunda mano en 2023. Solo el mercado de Kantamanto, en Accra, recibe cerca de 15 millones de prendas por semana, según sostiene The Or Foundation.

Estas cifras desplazan el enfoque del debate económico. La ropa usada ya no representa un comercio marginal alimentado por excedentes extranjeros, sino que constituye una infraestructura de consumo urbano en diversas metrópolis africanas, con ramificaciones regionales y miles de empleos indirectos.

Un desequilibrio en la industria textil global

Esta dinámica africana se enmarca en un desequilibrio mayor de la industria textil mundial. Según el informe de 2025 de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) dedicado a Uganda y Tanzania, el sector global de la confección tiene un valor aproximado de 1,7 billones de dólares y produce cerca de 80.000 millones de prendas nuevas cada año. La organización recuerda además que la producción mundial de fibras pasó de 116 a 124 millones de toneladas entre 2022 y 2023.

África absorbe una parte importante de los excedentes derivados de esta producción masiva. Un estudio académico publicado en 2026 subraya que, entre 1990 y 2020, las importaciones africanas de ropa de segunda mano superaron a las exportaciones en una proporción de aproximadamente 15 a 1.

Principales importadores africanos de ropa usada en 2025-2026

1Kenia230.266 toneladas2024
2Ghana147.049 toneladas2023
3Camerún73.008 toneladas2025
4Mozambique66.236,8 toneladas2024
5Senegal39.832,9 toneladas2024
6Burkina Faso14.367,7 toneladas2024

Export to Sheets

Oxford Economics estima, sin embargo, que el declive de las industrias textiles africanas no puede atribuirse únicamente a la ropa usada. Según la institución, las dificultades del sector textil africano también se deben a la competencia de la ropa nueva de origen asiático, a las debilidades industriales locales y a la persistente exportación de algodón en bruto antes de la reimportación de productos terminados.

Esta lectura modifica profundamente el análisis económico del sector. La ropa usada aparece menos como la causa única del retroceso industrial y más como el síntoma visible de un desequilibrio estructural en las cadenas textiles globales.

Mercados que generan valor local

La verdadera actividad económica comienza tras la llegada de los contenedores. Según la UNCTAD, la cadena de valor de la ropa usada comprende varias etapas como la clasificación internacional, la importación, la distribución, la reclasificación de las prendas, los arreglos y la venta minorista. Los vendedores evalúan los artículos según su apariencia, durabilidad, funcionalidad o potencial estilístico.

En Accra, The Or Foundation afirma que más de 30.000 personas viven directamente del mercado de Kantamanto. La organización explica que allí se recirculan 25 millones de piezas cada mes gracias a la reparación, la reutilización y la remanufactura.

Kenia experimenta una evolución similar. Según la prensa económica local, algunos comerciantes de mitumba utilizan ahora TikTok Live para vender sus prendas en directo. De este modo, la ropa usada se transforma en un producto de exhibición digital con estrategias de narración y micro-branding adaptadas a los usos urbanos africanos.

Creativos, sastres y revendedores transforman la segunda mano en una nueva expresión estilística en diversas capitales africanas. Esta mutación va más allá del simple comercio popular. Los mercados de segunda mano se están convirtiendo en centros de creación de tendencias y transformación artesanal.

La creatividad derivada de la ropa usada constituye hoy uno de los fenómenos más visibles del sector. El upcycling de moda callejera, el tejido vaquero reelaborado o los mosaicos textiles alimentan una nueva escena de moda urbana en varias capitales del continente.

En Ghana, según Vogue y TIME, creadores como Gloria Asiamah, Ruth Odoom o Samuel Gyasi desarrollan actividades basadas en el suprarreciclaje de ropa recuperada en Kantamanto. El emprendedor Yayra Agbofah incluso transforma residuos textiles en materiales de construcción a través de su iniciativa The Revival.

En Nairobi, The Guardian informa de que los diseñadores presentes en la Nairobi Fashion Week utilizan de forma masiva textiles reciclados y ropa de segunda mano. Un primer desfile organizado directamente en el Gikomba Market marcó un hito simbólico: el mercado de ropa usada se convierte también en un espacio de puesta en escena cultural y estética.

En Costa de Marfil, la exposición «Brillantissim’ Upcycling», organizada junto a STUDIO 4 según la Ethical Fashion Initiative, utilizó prendas recuperadas en mercados y residuos textiles para crear piezas nuevas. La ropa de segunda mano africana produce así una estética propia, nacida del reciclaje, las limitaciones presupuestarias y las culturas urbanas locales.

Una economía que también absorbe los residuos globales

El dinamismo económico del sector oculta, sin embargo, un grave problema medioambiental. Según The Or Foundation, aproximadamente el 40% de la ropa que pasa por Kantamanto termina como residuo. Diversas investigaciones periodísticas señalan una proporción similar en el mercado keniano de Gikomba.

Esta situación transforma progresivamente a varias ciudades africanas en zonas de gestión final de los excedentes textiles mundiales. Los municipios deben absorber grandes volúmenes de ropa inutilizable, a menudo sin infraestructuras adecuadas de clasificación o reciclaje.

El problema trasciende lo medioambiental. The Or Foundation recuerda también que fardos de 55 kg siguen siendo transportados sobre la cabeza por mujeres kayayei en condiciones físicamente agotadoras. Por su parte, Textile Exchange sostiene que unas 30.000 personas dependen económicamente del mercado de Kantamanto, frecuentemente en actividades informales y precarias.

Ante esta realidad, varios gobiernos africanos ajustan sus políticas públicas. Ruanda ha reforzado su fiscalidad sobre la ropa de segunda mano aplicando un gravamen de 2,5 dólares por kilo, según la Rwanda Revenue Authority (RRA). Paralelamente, algunas materias primas y maquinaria destinadas al textil local se benefician ahora de una tributación del 0%.

Benín sigue otra lógica. El Gobierno inauguró en enero de 2026 el nuevo mercado de ropa usada de PK3 en Cotonou para reestructurar la actividad y reducir la insalubridad de los antiguos espacios comerciales. En Kenia, el proyecto de Finance Bill 2026 podría introducir un impuesto adicional del 5% sobre las importaciones de segunda mano, según recoge la prensa económica.

En paralelo, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUE) lanzó en marzo de 2026 un proyecto dedicado a la circularidad y al comercio de textiles usados para distinguir mejor las prendas reutilizables de los residuos. África Oriental ya aplica la norma EAS 356:2024, que impone controles de conformidad e inspecciones antes de la exportación.

El núcleo del debate africano se centra ahora en la captación de valor: aunque los mercados locales aseguran la clasificación y transformación, la mayor parte de los beneficios sigue concentrada en las cadenas globales de producción textil.

Por Mouhamet Ndiongue
El 13/05/2026 a las 13h00