Antes de ser rapero, Neo fue bailarín. Fue a través del breakdance como Ilyas Moudouji entró en la cultura hip-hop, desde el pueblo de Fellas, en el Medio Atlas, donde creció. Una geografía aparentemente alejada de las escenas urbanas que suelen producir el rap marroquí, pero que acabaría siendo determinante en la construcción de su identidad artística. «El entorno en el que crecí influyó mucho en mi música», explica. «Por eso es revolucionaria».
Nacido en M’rirt, hoy vive en Meknés. Paralelamente a la música, estudia política internacional, una disciplina estrechamente vinculada con las canciones que compone y que explica su manera de entender la escritura tanto como ejercicio argumentativo como artístico. Empezó a escribir en 2007 y a producir sus propios instrumentales en 2009. Su primer álbum salió en 2012. El segundo, titulado «Rockstar», apareció en 2020. Dieciocho años después, su trayectoria muestra un trabajo construido lejos de los circuitos mediáticos antes de irrumpir en ellos de forma fulgurante en 2021.
En octubre de 2021 se abrió un «beef» —un enfrentamiento musical basado en canciones de ataque o respuesta, conocidas como diss tracks— entre raperos marroquíes y argelinos. La escena se llenó rápidamente de temas cruzados. Neo, en aquel momento, se definía simplemente como un espectador. «Seguía todo aquello como cualquier otro espectador, además de ser rapero y músico».
Pero algo le llamó la atención: los raperos marroquíes aún no habían recurrido al argumento histórico. También observó que muchas producciones de la época utilizaban referencias tomadas del manga, como «One Piece» o «Naruto», en lugar de apoyarse en la historia real de ambos países. «¿Por qué elegir personajes que no son nuestros y que ni siquiera existen en la realidad, cuando tenemos leyendas extraordinarias en nuestra propia historia?», se pregunta.
Compuso el instrumental, escribió las letras y publicó el tema. Hoy, «Bocchus» supera los dos millones de visualizaciones en su canal de YouTube.
Cuando hace rap, Neo se impone una regla: «Cuando intento hacer rap, trato siempre de vincularlo con la historia o con la política», afirma. Ese marco hizo posible «Bocchus».
En la canción y en el propio título, el artista hace referencia a Bocchus, soberano de Mauritania Tingitana —provincia romana que correspondía parcialmente al actual norte de Marruecos—, cuyos enfrentamientos con los reyes de Numidia, antiguo reino situado aproximadamente en los actuales territorios de Argelia y Túnez, sirven de base para el «clash». También menciona la batalla de Oued El-Leben, considerada la última tentativa otomana de conquistar Marruecos, rechazada por las fuerzas saadíes en 1558. Para Neo, aquello demuestra que Marruecos resistió a una potencia ante la que Argelia terminó sometiéndose.
El rapero utiliza igualmente el término «Kouloughlis», que designa a los descendientes de uniones entre jenízaros turcos y mujeres magrebíes locales durante la regencia otomana de Argel fundada por Barbarroja hacia 1520. En Argelia, este término es considerado extremadamente ofensivo porque remite a tres siglos de dominación otomana. Neo menciona además a Ferhat Mehenni, dirigente del Movimiento por la Autodeterminación de la Cabilia, condenado en ausencia por la justicia argelina y considerado terrorista por el Estado argelino, utilizando así las fracturas internas argelinas como argumento sobre la cohesión nacional del país vecino.
«Bocchus 2», una respuesta cinco años después
La segunda parte no nace del mismo impulso espontáneo. Responde a un hecho concreto: un rapero argelino llamado Youppi reutilizó el nombre «Bocchus» para construir un diss track basado en una lectura histórica que Neo rechaza. «Había muchísimas falsedades en esa canción», asegura.
El tiempo transcurrido resulta significativo: pasaron cinco años entre «Bocchus» y esa respuesta argelina. Neo lo interpreta a su manera: «Es imposible responder a ese tema».
La respuesta marroquí llegó con «Bocchus 2». En lo musical, Neo quiso mantener continuidad con el primer tema: las mismas líneas melódicas y el mismo encanto sonoro, aunque con un tono algo más calmado y dramático. «Esta vez lo hice un poco más suave y dramático», explica, porque «Bocchus 2» busca contar una historia, no solamente atacar. El tema entero fue terminado en apenas dos horas y media.
El núcleo de «Bocchus 2» es la tesis que Neo desarrolla sobre la formación —o la ausencia de formación— de un verdadero Estado-nación argelino. Parte de 1519, fecha en la que Jeireddín Barbarroja pidió ayuda al Imperio otomano frente a la presión española sobre las costas norteafricanas. Para él, ahí comienza el problema.
Su argumento se basa en la superposición de varias capas culturales: ibérica, otomana, árabe y amazigh. «El conflicto entre todas esas culturas produjo un resultado que impidió la formación de una nación», afirma. El tema está estructurado en dos grandes etapas: el periodo otomano y posteriormente la época colonial francesa.
Sin embargo, introduce un matiz importante: «No pasa nada si uno no tiene historia. Podemos construir nuestra historia ahora. El problema es querer inventar una historia con cosas que jamás existieron».
La difusión de «Bocchus 2» provocó dos tipos de reacciones simultáneas. Profesores e investigadores de historia contactaron con Neo para sugerirle nuevos elementos que podría integrar en futuras producciones. «La adrenalina sube», comenta. Para él, lograr impactar a un público académico con un diss track supone una validación de su enfoque artístico e intelectual.
Del lado argelino, la canción vino acompañada de campañas de denuncias contra su canal de YouTube. «Mi canal puede desaparecer en cualquier momento», afirma con cierto humor. Neo interpreta estas reacciones como una prueba indirecta del impacto de su música.
Durante su entrevista con Le360, el artista llega finalmente a una conclusión: la necesidad de construir una verdadera unión magrebí. Cita el ejemplo europeo, formado por países con lenguas, etnias e historias diferentes que, pese a las guerras, lograron crear una alianza económica y política. «Da pena vernos así cuando compartimos tantas cosas: la religión, la lengua… y aun así no hemos conseguido construir una alianza que nos permita avanzar juntos», lamenta.
Neo, que también es productor, es presentado por sus seguidores —según sus propias palabras— como la primera persona en haber mezclado música urbana y música amazigh. Precisa, sin embargo, que esa influencia amazigh se percibe principalmente en los instrumentales y en los ritmos, no tanto en las letras. «En las letras quiero seguir siendo accesible para cualquiera, pequeños y mayores», explica. Por eso evita el lenguaje vulgar y los insultos.
