En una época marcada por la globalización y la uniformización de las formas de vestir, algunas tradiciones continúan resistiendo al paso del tiempo. Es el caso del haïk de Figuig, una prenda tradicional femenina que sigue ocupando un lugar destacado en la memoria colectiva y en la identidad cultural de este oasis situado en el extremo oriental de Marruecos.
La imagen llamó la atención durante la sexta edición de las Jornadas del Deporte de Figuig, celebradas recientemente en homenaje a Mustafa Ghanem, antiguo miembro del Club Oasis de Voleibol. Más de cincuenta mujeres participaron en una marcha popular luciendo el tradicional haïk figuigui, transformando una actividad deportiva en una auténtica celebración del patrimonio local.
La iniciativa permitió poner de relieve la vigencia de una vestimenta que las mujeres del oasis han transmitido de generación en generación y que continúa siendo un poderoso símbolo de pertenencia. Para muchas habitantes de Figuig, el haïk representa mucho más que una simple prenda de vestir. «Es nuestra raíz y nuestra identidad», explicaba una de las participantes, reflejando el fuerte vínculo emocional que todavía existe entre las mujeres de la región y este atuendo tradicional.
Una prenda adaptada al entorno del oasis
Para Naïma Ghassas, coordinadora de la actividad, el haïk combina una dimensión patrimonial con una función práctica adaptada a las condiciones climáticas de la región. «El haïk combina tanto la herencia cultural como la utilidad diaria. Su color claro ayuda a reflejar los rayos del sol y ofrece a las mujeres protección, pudor y comodidad en un entorno desértico», explica.
La prenda suele ir acompañada de la llamada «aouina», un elemento utilizado para proteger los ojos de la intensa luminosidad del entorno sahariano y que forma parte inseparable de este conjunto tradicional.
Durante la marcha, las participantes combinaron ejercicios físicos, caminatas y sesiones de aeróbic sin renunciar a una prenda que consideran un símbolo de su historia y de sus raíces.
