A veces, para volver a Marruecos, basta con cruzar Sierra Nevada. Eso es precisamente lo que ha hecho Pedro Casablanc en «El sastre del rey», su primera película como director, un proyecto profundamente personal inspirado en los recuerdos de infancia del actor español en Marruecos y que ha encontrado en Granada el escenario perfecto para reconstruir aquel universo perdido.
«Granada es la ciudad de mis antepasados, de mis abuelos y mis padres. Qué mejor sitio para rodar mi primera película», explicó Casablanc durante el rodaje a el Ideal.
La película nació a partir de un texto escrito por el propio actor, en el que evocaba sus recuerdos de niño sentado en un cine de Marruecos. El productor Álvaro Ariza leyó aquel relato y vio en él el germen de una película con ecos de «Cinema Paradiso», pero atravesada por la memoria marroquí y andalusí de la familia Casablanc.
Del desierto de Guadix al Carmen de los Mártires
Para recrear el Marruecos de su infancia, el equipo transformó distintos rincones de Granada y su provincia en escenarios que remiten al norte de África.
El rodaje pasó por lugares tan distintos como el desierto de Guadix, el mirador del Fin del Mundo en Beas, el Carmen de los Mártires, el histórico Hotel Alhambra Palace o un antiguo cine en Dúrcal.
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Uno de los espacios más transformados fue además el Palacio de La Jarosa, vinculado a la Universidad de Granada, convertido para la película en la sastrería de la familia protagonista.
Casablanc elogió especialmente el trabajo artístico del equipo de producción, asegurando entre bromas que se trata de «un Goya anunciado».
Memoria, Marruecos y herencia familiar
Más allá del rodaje, «El sastre del rey» parece construirse también como una película sobre identidad y memoria. Granada aparece así no solo como decorado cinematográfico, sino como una prolongación emocional del Marruecos recordado por Casablanc, una ciudad atravesada por huellas andalusíes, memoria familiar y una estética que dialoga constantemente con el otro lado del Estrecho.
La película conecta además con una tendencia cada vez más visible en el cine español contemporáneo, la recuperación de las relaciones culturales, familiares y sentimentales entre España y Marruecos a través de relatos íntimos y autobiográficos.
