La obra de Mohamed Melehi en el corazón de una retrospectiva en el Museo Mohammed VI de Arte Moderno y Contemporáneo de Rabat

L'exposition "Mohamed Melehi: Œuvre en héritage" au MMVI

Durante la retrospectiva dedicada a Mohamed Melehi. (S. Belghiti/Le360)

El 01/05/2026 a las 08h45

VídeoSi había una retrospectiva de las más esperadas, era sin duda la de Mohamed Melehi. Seis años después del fallecimiento del artista marroquí, el MMVI cumple este deseo al presentar «Mohamed Melehi: obra en herencia», una gran exposición que transporta al visitante a través de un auténtico viaje en el tiempo y por el mundo, desde los años 1950 hasta 2020.

La emoción es palpable entre los primeros visitantes de la retrospectiva dedicada a Mohamed Melehi. Bajo la luz del día que se filtra por la cristalera del inmenso vestíbulo del Museo Mohammed VI de Arte Moderno y Contemporáneo (MMVI), el artista en la flor de la vida, sonriente, rodeado de sus emblemáticas ondas coloridas, recibe a su público. Esta fotografía marca el tono de la exposición… íntima e inédita en más de un sentido.

Apenas se cruzan las puertas de la exposición, esta sensación se confirma, ya que de entrada uno se encuentra frente a un retrato de Mohamed Melehi, pintado por su amigo Mohamed Chebaa y fechado en 1957. A su lado, otro retrato del artista, realizado el mismo año por su primera esposa, Elena Ascencio. «¡Es increíble!», «¡Qué maravilla!», «Nunca visto»… ante estos dos retratos realizados por dos personas cercanas a Melehi, la emoción se hace evidente entre el público. Es aquí donde comienza un viaje en el tiempo, a través del mundo y de la vida de un artista cuya carrera se extendió durante 70 años.

Pero, ¿cómo resumir casi toda una vida de creación en una exposición? El enfoque elegido por Nadia Sabri, directora del MMVI y comisaria de la exposición, es a la vez cronológico y cartográfico. El recorrido propone así un relato histórico accesible y dinámico de la evolución del trabajo de Melehi, al tiempo que revela las etapas clave de su investigación y las influencias que alimentaron su obra, a lo largo de sus recorridos entre Marruecos, Europa, Estados Unidos y otras regiones del mundo.

De Berrechid a Nueva York, de Rabat a São Paulo pasando por El Cairo, Bagdad, Dadès, París, Roma, Londres, Minneapolis y Asilah… la trama tejida por Mohamed Melehi se despliega, inmensa y rica, con en el centro de su obra ese motivo ondulante tan emblemático, que se expresa con vivos colores y ocupa el espacio en una búsqueda de equilibrio entre la modernidad artística universal y la herencia cultural marroquí.

Desde escenas de género hasta la experimentación con la materia y la abstracción, con «experimentaciones a lo Pollock», subraya Nadia Sabri, el recorrido de la exposición da testimonio de una notable fluidez. «Su trayectoria nunca es fragmentada ni abrupta. Incluso en esos momentos en los que toma caminos distintos, luego regresa con un deseo, creo, y una voluntad de jugar, de hacer de su pintura algo muy lúdico, y eso es muy importante», explica la comisaria de la exposición.

El recorrido de la exposición también se enriquece con archivos visuales y documentos del artista, generosamente cedidos por su familia y allegados, que aportan una valiosa perspectiva sobre las dimensiones estéticas e intelectuales de su enfoque. Esta dimensión es aún más importante ya que ha sido elaborada con la colaboración de un comité científico compuesto por personas que conocieron bien al artista, como Toni Maraini, Brahim Alaoui, Moulim El Aroussi, Michel Gauthier…

En la intimidad de una sala revestida de negro flota una sutil fragancia, envolviendo las notas de jazz que acompañaban la creatividad del artista y que se difunden en este gabinete de curiosidades donde destacan, desde sus vitrinas, Anthony Williams, Charles Mingus, Randy Weston, Bill Evans, Miles Davis… Las portadas de los vinilos de los jazzistas que inspiraban a Mohamed Melehi nos revelan un poco más sobre el melómano que era.

En cuanto a la cámara expuesta bajo una campana de cristal, es testigo de su amor por la imagen, pero también de los puentes invisibles que el artista tendía entre las artes, fiel a la filosofía de la Bauhaus, él que se convertía alternativamente en director y fotógrafo al documentar su trabajo. Los archivos que alimentan su obra, y que aquí se exhiben, aportan además una valiosa luz sobre su proceso creativo. En diálogo con las grandes obras históricas del artista que llenan las paredes del museo, las vitrinas se convierten así en verdaderas puertas hacia su intimidad, una esfera privada donde la creación toma forma.

Junto a las joyas bereberes cuyos motivos son fuente de inspiración y los rostros de mujeres surgidos del pasado, la poesía también encuentra su lugar. Pegado en la página de un gran cuaderno, aparece el poema de Tahar Ben Jelloun, «Las chicas de Tánger tienen una estrella en cada pecho». En otra vitrina, se percibe el compromiso de un artista en todos los frentes… Una carta de Chaïbia dirigida a Melehi sobre una exposición a la que está invitada y, junto a este valioso documento firmado con dibujos por Chaïbia, un extracto de la correspondencia de Melehi con el hospital psiquiátrico de Berrechid, donde deseaba organizar talleres artísticos para sanar a través del arte.

Es precisamente esta singularidad la que destacó Mehdi Qotbi, presidente de la Fundación Nacional de Museos, durante una rueda de prensa, evocando al mismo tiempo al artista plástico de renombre, al pedagogo y al actor comprometido de la Escuela de Casablanca.

Esta exposición, que evoca de fondo la emergencia de una escena moderna audaz y comprometida, especialmente entre los años 1960 y 1980, marcados por una efervescencia de ideas y formas, invita al público a descubrir las múltiples facetas de este artista cosmopolita… Desde sus experimentaciones hasta su implicación en la dinámica de la Escuela de Casablanca, así como su papel determinante en la renovación de la pedagogía del arte en Marruecos.

Tantos momentos clave que encuentran un eco particular en su obra, donde el motivo de la onda se convierte también en metáfora de un movimiento colectivo y de una sociedad en transformación. Esta retrospectiva revela así el universo de un artista que hoy nos deja una obra de alcance universal, manteniéndose al mismo tiempo profundamente arraigada en su identidad nacional.

Una exposición imprescindible, del 30 de abril al 31 de agosto de 2026 en el MMVI.

Por Zineb Ibnouzahir y Siffedine Belghiti
El 01/05/2026 a las 08h45