SIEL: Mouna Hachim sacude los relatos establecidos con «Los 100 marroquíes que hicieron la historia»

Mouna Hachim présente les "100 Marocains qui ont fait l’Histoire" au SIEL

Mouna Hachim presenta «Los 100 marroquíes que hicieron la historia» en el SIEL

El 06/05/2026 a las 08h22

VídeoTras una primera presentación destacada en Casablanca, la escritora Mouna Hachim volvió a presentar en el Salón Internacional del Libro (SIEL) de Rabat su décimo libro, «Los 100 marroquíes que hicieron la historia», publicado por Éditions Le360. El encuentro puso en valor tanto figuras emblemáticas como trayectorias olvidadas, ofreciendo una lectura renovada de la memoria marroquí: densa, crítica y profundamente humana.

Tras un primer lanzamiento destacado en Casablanca el pasado jueves, la escritora Mouna Hachim presentó nuevamente su obra «Los 100 marroquíes que hicieron la historia», publicada por Éditions Le360, con motivo del Salón del Libro de Rabat. Moderado por Karim Serraj, cronista en Le360, este encuentro, a la vez denso y cargado de emoción, fue bien recibido por varias figuras del mundo universitario y cultural.

La presentación tiene una resonancia particular en este día en el que Rabat rinde homenaje a Ibn Battuta, uno de los mayores exploradores de la historia, también destacado en la obra de Mouna Hachim. Una coincidencia afortunada que ilustra plenamente la ambición del libro: recordar que Marruecos ha visto nacer figuras que han marcado no solo su país, sino también la historia universal.

Mouna Hachim explicó a nuestro medio la ambición que subyace en su obra: desmitificar la historia de Marruecos, cuestionar ideas preconcebidas e interrogar verdades demasiado a menudo consideradas como incuestionables. Insiste especialmente en la necesidad de rehabilitar el periodo preislámico, aún ampliamente inexplorado, pese a que arroja luz sobre las raíces africanas del país, sus interacciones con el espacio mediterráneo y la influencia de las religiones monoteístas.

Del judaísmo al cristianismo, en particular en su variante arriana —que defendía la trascendencia absoluta de lo divino—, estos legados permiten, según ella, comprender mejor las condiciones de implantación del islam en el Magreb. «No hay ruptura», subraya, sino una continuidad, incluso en el seno de las tradiciones abrahámicas.

Su obra pone también de relieve los márgenes, esos espacios periféricos que han visto emerger figuras intelectuales y científicas de primer nivel, en ámbitos variados. Porque, recuerda, la historia no se escribe únicamente en los centros de poder.

Reivindica además un enfoque atento a la dimensión humana, más allá del mero hecho político, dando todo su lugar a los místicos y a las figuras del malhoun —hoy inscrito en el patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por la UNESCO—. «Eso es la cultura», señala. «Eso es el alma de un país».

Figuras olvidadas sacadas a la luz

Mouna Hachim llevó al público a las zonas menos exploradas de la historia marroquí. Evocó en particular figuras antiguas, como ese rey bereber que emerge en la escena mundial en el siglo III, a raíz de las guerras púnicas que enfrentaron a Roma y Cartago durante más de un siglo en ambas orillas del Mediterráneo.

También esbozó el retrato del conde Julián, gobernador de Ceuta y Tánger, figura controvertida y ampliamente marginada. Desprestigiado en las fuentes europeas por haber apoyado a las tropas musulmanas durante la conquista de España, y poco valorado en las fuentes árabes por su fe cristiana, su trayectoria ilustra un destino doblemente ocultado por los relatos históricos dominantes.

También hizo justicia a Tarif Ibn Malik, autor de la primera incursión musulmana en la península ibérica en 710, cuya hazaña ha sido ampliamente eclipsada por la de Tariq Ibn Ziyad. Otra figura recuperada: Saleh Ibn Mansour, cuyos hijos son los fundadores del emirato de Nekor en el Rif, más de 80 años antes de la fundación de Fez, y considerado como uno de los primeros introductores del malikismo, mucho antes de que la tradición lo atribuyera a otros.

Tantas páginas, subraya, ampliamente ocultadas por relatos históricos que presentan el pasado como una sucesión lineal y apacible, cuando la realidad fue, en verdad, mucho más compleja e infinitamente más rica.

Mujeres en los intersticios del poder

Mouna Hachim concede también un lugar significativo a las figuras femeninas, con 16 retratos —un número que ella misma considera insuficiente a la luz de una historia en la que las mujeres han sido ampliamente invisibilizadas por la escasez y la sequedad de las fuentes.

Entre ellas figura Kenza de Volubilis, hija de un jefe de tribu musulmán procedente de un linaje establecido desde varias generaciones, esposa de Idriss I y consejera influyente en el reparto del territorio entre los herederos de la dinastía idrisí. Evoca también a Atiqa, a quien atribuye un papel determinante en la preservación de la continuidad dinástica, en particular al solicitar la intervención de su padre durante una crisis de poder en Fez.

Otra figura destacada: Fenou, guerrera almorávide que, según los relatos, se habría disfrazado de hombre —con el rostro cubierto— para combatir espada en mano durante la toma de Marrakech por los almohades en 1147. Hecho notable, precisa Mouna Hachim, fueron sus propios adversarios quienes consignaron su historia, evocando «el combate de una joven doncella». Una figura que la autora aproxima, por analogía, a una Juana de Arco marroquí.

Evoca también a la Gran Sultana, que desempeñó un papel político de primer orden durante los 30 años de disturbios que siguieron al reinado de Moulay Ismaíl, apoyando la proclamación de su hijo y después de su nieto, el sultán Mohammed Ben Abdallah.

Sabios precursores

La obra rinde igualmente homenaje a figuras científicas que han contribuido al prestigio de Marruecos. Entre ellas, Al-Idrissi, cartógrafo y autor del célebre Libro de Roger, referencia mayor de la geografía descriptiva durante siglos entre exploradores y navegantes. Mouna Hachim evoca también a Al-Hassad, matemático del siglo XII a quien se atribuye la introducción de la barra de fracciones y una modernización de la escritura matemática.

Cita igualmente a Ibn al-Banna al-Marrakushi, cuyo nombre fue dado a un cráter lunar por la Unión Astronómica Internacional, así como a un lingüista originario de Fez, conocido como Ibn Ajurrum, cuyo tratado Al-Ajrumiyya sigue siendo, hasta hoy, una referencia imprescindible en gramática árabe.

En el ámbito médico, la autora pone de relieve a Aicha Bint El Jayyar, practicante y comadrona del siglo XV que ejerció en las cortes reales, así como a Ibn Khatima, quien, durante la peste negra, ya recomendaba medidas de aislamiento, higiene y dietética, rompiendo con los enfoques fatalistas de la época. Recuerda también que Marruecos se dotó, mucho antes que Europa, de instituciones dedicadas al tratamiento de las enfermedades mentales, los maristanes, como el de Sidi Frej en Fez, donde ya se practicaban formas de musicoterapia y talasoterapia.

En cuanto a los grandes viajeros, Mouna Hachim elige cambiar la perspectiva: en lugar de centrarse en la figura de Ibn Battuta, pone de relieve un recorrido menos conocido pero igualmente notable, el de Esteban Zemmouri. Nacido en Azemmour a comienzos del siglo XVI, reducido a la esclavitud y embarcado en una expedición hacia Florida, será uno de los pocos supervivientes. Con tres compañeros, explorará los territorios de Nuevo México y Arizona, convirtiéndose así en el primer africano en pisar lo que más tarde serían los Estados Unidos.

Karima Yatribi, profesora en la Universidad Mohammed V de Rabat, no ocultó su orgullo al elogiar la trayectoria de esta antigua estudiante de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Hassan II de Casablanca, hoy autora de su décima obra. Destaca la riqueza de un libro que permite al lector descubrir figuras a la vez emblemáticas y desconocidas, contribuyendo a «desbrozar» la memoria histórica de Marruecos.

La escritora Hafsa Bekri Lamrani, por su parte, elogió la discreción y el rigor de Mouna Hachim, a quien describe como «una mujer que trabaja lejos de las apariencias y que se apoya siempre en referencias destacadas». A través de todos sus escritos, prosigue, se percibe un apego profundo a Marruecos —un apego que no excluye una mirada crítica.

La transmisión ante todo

Por su parte, la escritora y viuda de Driss Chraïbi, Sheena Chraïbi, confiesa haber esperado con impaciencia la publicación de esta obra, anunciada desde el año pasado. A su juicio, sumergirse en la historia de Marruecos no consiste en volver al pasado, sino en avanzar hacia el futuro. Porque lo esencial, insiste, reside en la transmisión.

Por Qods Chabâa y Seif Belghiti
El 06/05/2026 a las 08h22