Durante más de un siglo, los ornitólogos han dividido las poblaciones de tórtola europea del Mediterráneo occidental en dos subespecies: Streptopelia turtur turtur, presente principalmente en Europa continental, y Streptopelia turtur arenicola, localizada en el norte de África y en enclaves como las Islas Baleares. Esta última había sido descrita históricamente como una tórtola más pequeña y de coloración más pálida.
Sin embargo, un estudio liderado por el Centre de Ciència i Tecnologia Forestal de Catalunya (CTFC), con la participación del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC-CSIC, UCLM, JCCM) y de varias instituciones de España y Marruecos, pone ahora en duda esta clasificación.

Los investigadores analizaron más de 900 tórtolas capturadas durante el periodo reproductor en Castilla-La Mancha, Cataluña, Canarias, Menorca, Ibiza y Marruecos. El análisis de las medidas corporales de 647 ejemplares adultos no detectó diferencias significativas entre las dos supuestas subespecies. Los resultados genéticos fueron similares: tras estudiar el ADN mitocondrial de 117 individuos, los científicos tampoco encontraron una separación genética vinculada a su origen geográfico.
Los resultados, publicados en la revista científica Bird Conservation International, apuntan a una importante conexión genética entre las poblaciones situadas a ambos lados del Estrecho de Gibraltar. Según los investigadores, el intercambio ocasional de individuos entre distintas zonas de reproducción sería suficiente para mantener el flujo genético y evitar que las poblaciones evolucionen de forma separada.
El hallazgo también tiene implicaciones para la conservación de una especie cuyas poblaciones se desplomaron un 83% entre 1980 y 2023, principalmente debido a la pérdida de hábitat y a niveles insostenibles de caza. Si las tórtolas que se reproducen en Marruecos pertenecen a la misma unidad genética que las españolas, la población marroquí podría desempeñar un papel importante como reservorio demográfico para la recuperación de otras poblaciones conectadas.
Los autores consideran que estos resultados refuerzan la necesidad de desarrollar estrategias de conservación coordinadas entre Europa y el norte de África y reclaman una revisión del actual estatus de las subespecies mediante estudios genómicos más amplios.
