La derrota de Marruecos frente a Francia por 2-0 en los cuartos de final de la Copa del Mundo 2026 apenas admite discusión desde el punto de vista deportivo. Los Bleus controlaron el encuentro, impusieron su ritmo y merecieron la clasificación. Los Leones del Atlas, por su parte, estuvieron lejos del nivel mostrado desde el inicio del torneo.
Sin embargo, reconocer la superioridad francesa no impide cuestionar varias decisiones arbitrales que continúan alimentando el debate. Una vez más, el arbitraje ocupa un lugar central en esta Copa del Mundo y se instala una sensación recurrente: cuando las acciones son dudosas, las decisiones parecen favorecer con frecuencia a las grandes potencias futbolísticas en detrimento de las selecciones consideradas emergentes.
El primer episodio llegó durante la primera mitad. El árbitro argentino Facundo Tello señaló penalti tras un contacto entre Noussair Mazraoui y Kylian Mbappé. Las repeticiones dejaron la impresión de que el delantero francés inició la caída antes del contacto real. Pese a una revisión prolongada del VAR, la decisión fue mantenida.
En esa ocasión, la selección marroquí evitó un daño mayor gracias a una intervención decisiva de Yassine Bounou, que detuvo el penalti de Mbappé.
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La segunda acción resultó aún más frustrante. En la jugada que desembocó en el primer gol francés, varios jugadores marroquíes se detuvieron para reclamar una mano de Adrien Rabiot en el inicio de la acción. El árbitro dejó seguir, el VAR no le pidió revisar la jugada y, además, apenas se ofrecieron repeticiones claras de esa fase.
La secuencia recordó inevitablemente a la semifinal del Mundial 2022 ante la misma Francia, cuando una falta sobre Sofiane Boufal dentro del área no fue sancionada ni corregida por el VAR.
Las protestas marroquíes no cambiaron nada. Tras el encuentro, Mohamed Ouahbi se mostró prudente y evitó alimentar la polémica, aunque reconoció su incomprensión: «El gol llega tras una acción con un balón dividido. Algunos se paran porque ven una mano. Hay una mano. No sé si debía señalarse o no. Después hay una acción individual de Mbappé que termina en gol.»
Más allá del caso marroquí, varias decisiones arbitrales controvertidas marcaron esta Copa del Mundo y compartieron un elemento común señalado por diversas federaciones: afectaron con frecuencia a selecciones africanas.
Egipto consideró que fue perjudicado frente a Argentina por tres decisiones polémicas: un gol anulado tras una intervención del VAR considerada excesiva, un penalti no señalado sobre Mohamed Salah y una falta previa no sancionada antes del tanto decisivo argentino. La federación egipcia llegó a solicitar oficialmente sanciones contra el árbitro François Letexier.
Croacia, por su parte, criticó el uso del balón conectado después de que se anulara un gol frente a Portugal por un contacto mínimo detectado por el chip electrónico, una decisión que calificó de contraria al espíritu del fútbol.
Argelia protestó por la ausencia de tarjeta roja para Lionel Messi tras una entrada peligrosa sobre Aïssa Mandi, considerando que el VAR aplicó un criterio distinto según el prestigio del jugador implicado.
Ecuador también mostró su descontento por el primer gol de Alemania, originado tras una falta de Aleksandar Pavlovic al inicio de la jugada sin intervención arbitral ni del videoarbitraje.
Ghana se sumó a las críticas después de su empate frente a Inglaterra. Carlos Queiroz expresó su enfado por dos acciones en las que sus jugadores reclamaron penalti y en las que el VAR no intervino pese a los contactos apreciados por numerosos observadores.
Senegal, finalmente, estimó haber sido privado de un penalti en los últimos minutos de su duelo de cuartos de final frente a Noruega tras un codazo sobre Idrissa Gana Gueye, una acción ampliamente comentada por especialistas arbitrales.
Tomados de manera aislada, cada uno de estos episodios puede dar lugar a interpretaciones diferentes. Esa es la naturaleza del fútbol. Pero cuando las situaciones se multiplican en un mismo torneo y afectan con frecuencia al mismo perfil de selecciones, el debate deja de ser una simple discusión sobre una jugada concreta.
Las federaciones africanas reclaman desde hace años una mayor coherencia en el uso del VAR, más transparencia en las decisiones y, sobre todo, igualdad de trato entre todas las naciones, independientemente de su palmarés.
Marruecos no fue eliminado únicamente por el arbitraje. Francia fue superior y mereció la clasificación. Ambas realidades pueden coexistir. Reconocer el mérito del rival no impide preguntarse por decisiones que, una vez más, dejan un sentimiento de incomprensión.
En un momento en el que la FIFA invierte masivamente en nuevas tecnologías para reducir los errores, el verdadero desafío sigue siendo el mismo: convencer de que las reglas se aplican con el mismo rigor para todos. Porque si la confianza en la equidad arbitral continúa erosionándose, será la credibilidad de la competición la que termine quedando en entredicho.
