Ernst & Young pone a Marruecos como ejemplo de transición energética e industrial en África

El complejo solar Noor III, en Ouarzazate.

El 20/05/2026 a las 18h30

En un análisis publicado por la firma internacional Ernst & Young (EY), el complejo solar Noor Ouarzazate aparece como uno de los ejemplos más ambiciosos del sur global en materia de transición energética. Pero detrás de los paneles solares y de las cifras récord, Marruecos persigue un objetivo mucho más amplio: reducir su dependencia exterior, reforzar su industria y consolidarse como potencia económica regional entre Europa y África.

Durante décadas, la cuestión energética fue una de las principales fragilidades estructurales de Marruecos. La economía marroquí dependía masivamente de la importación de combustibles fósiles y permanecía expuesta a las sacudidas del mercado internacional del petróleo y del gas. Cada subida de precios tenía consecuencias directas sobre la competitividad industrial, el coste de la producción y el equilibrio presupuestario del país.

Pero mientras muchas economías emergentes seguían considerando las energías renovables como un lujo climático reservado a países desarrollados, Rabat empezó a verlas como una herramienta de soberanía económica.

Es precisamente esa transformación la que analiza Ernst & Young en su estudio dedicado al complejo Noor Ouarzazate, convertido hoy en uno de los grandes símbolos de la estrategia energética marroquí. La firma internacional —que mantiene además una presencia creciente en Marruecos acompañando proyectos ligados a infraestructuras, energía, finanzas y transformación industrial— presenta Noor no solo como una central solar gigantesca, sino como un laboratorio económico y estratégico a escala continental.

La idea aparece constantemente a lo largo del informe: para Marruecos, la transición energética no consiste únicamente en producir electricidad limpia. El verdadero objetivo es utilizar esa transformación para cambiar la posición económica del país.

«Este no es solo un proyecto energético; es también un proyecto industrial y medioambiental», resume Obaid Amrane, responsable de Masen, citado por EY.

Detrás de Noor emerge así toda una estrategia industrial. Marruecos busca estabilizar sus costes energéticos, atraer inversión internacional, desarrollar capacidades tecnológicas locales y construir un ecosistema industrial capaz de acompañar el auge de sectores como la automoción, la aeronáutica, las baterías eléctricas o el futuro hidrógeno verde.

No es un detalle menor. El propio informe recuerda que el coste energético puede representar hasta el 30% de determinados costes de fabricación industrial. Para un país que quiere consolidarse como plataforma manufacturera entre Europa y África, controlar parcialmente esa variable se vuelve decisivo.

«Nuestro objetivo es proteger a Marruecos de las fluctuaciones del mercado energético», explica Amrane en otro de los pasajes del estudio.

La dimensión industrial del proyecto resulta todavía más visible cuando EY aborda la cuestión de la producción local. Uno de los objetivos centrales de Rabat consistía precisamente en evitar que Noor se limitara a importar tecnología extranjera sin impacto estructural sobre la economía nacional. El Reino quería utilizar el proyecto para crear tejido industrial, formar empresas y desarrollar competencias técnicas marroquíes alrededor de las energías renovables.

Según el análisis, más del 40% de determinados componentes y servicios acabaron siendo suministrados por compañías marroquíes, superando incluso algunas previsiones iniciales.

Para muchas empresas locales, Noor funcionó como una aceleración industrial inesperada. Varias compañías modernizaron sus capacidades técnicas y lograron integrarse en cadenas de valor mucho más complejas gracias al proyecto. «Esta es una situación donde todos ganan», afirma Tarik Bourquouquou, también responsable de Masen, al explicar cómo el complejo permitió reforzar el ecosistema industrial nacional.

Pero Noor también tiene una dimensión geopolítica evidente. Aunque Marruecos no figura entre los grandes emisores mundiales de carbono, Rabat lleva años intentando posicionarse como uno de los líderes africanos de la transición energética. La COP22 organizada en Marrakech en 2016 marcó un punto de inflexión en esa estrategia de proyección internacional. Desde entonces, el Reino intenta construir una imagen de estabilidad, modernización e innovación verde capaz de atraer inversiones y reforzar su peso diplomático.

Noor Ouarzazate se ha convertido precisamente en uno de los principales escaparates de esa narrativa. Marruecos quiere demostrar que un país emergente puede utilizar las energías renovables no solo para responder al desafío climático, sino también para acelerar su industrialización y redefinir su lugar en la economía mundial, explica el informe de Ernst & Young.

«Ningún mercado emergente se ha desarrollado usando energías renovables hasta ahora, pero eso podría estar a punto de cambiar», plantea EY.

Por la redacción
El 20/05/2026 a las 18h30