La reutilización de fotografías sin permiso, la explotación de obras musicales sin remuneración, los trámites administrativos complejos y la piratería de contenidos digitales siguen siendo un desafío cotidiano para numerosos creadores marroquíes.
Aunque las industrias culturales y creativas tienen un importante potencial económico, su desarrollo continúa viéndose frenado por las dificultades de los artistas para hacer valer sus derechos y obtener ingresos por sus obras.
Estas cuestiones centraron los debates de la primera Cumbre marroquí-estadounidense sobre propiedad intelectual en las industrias creativas, inaugurada el jueves pasado en el Consulado General de Estados Unidos en Casablanca por la Misión de Estados Unidos en Marruecos y el Ministerio de Juventud, Cultura y Comunicación, en colaboración con la Asociación Cultural Estadounidense (ACA).
Más allá de los debates institucionales, los artistas se enfrentan a una cuestión muy concreta, hacer respetar sus derechos y recibir una remuneración justa por su trabajo.
During the first Moroccan-American Summit on Intellectual Property in the Creative Industries. (U.S. Mission Morocco)
Obras explotadas sin autorización
Para los fotógrafos, la circulación de imágenes en las redes sociales pone de manifiesto las limitaciones de la protección de los derechos de autor en el uso cotidiano. Ilyass Baha, fotógrafo especializado en fotografía urbana, lamenta la falta de asesoramiento jurídico que reciben los profesionales, especialmente en cuestiones relacionadas con las condiciones para tomar fotografías y las relaciones con las galerías.
«A menudo me pregunto cómo puedo proteger mis obras. Hago fotografía urbana y me falta información jurídica para saber si tengo derecho a fotografiar a las personas de esta manera», explica. Más allá de estas dudas, el fotógrafo denuncia que sus imágenes se reutilizan sin autorización en Instagram, con frecuencia sin mencionar su autoría ni pagarle por ello.
«Lo habitual es que descubra en Instagram que otras páginas utilizan mis fotografías sin mi permiso y sin citarme», lamenta. También advierte de las tensiones que estas prácticas pueden generar con las personas fotografiadas.
Charaf Lahlb comparte este diagnóstico. A lo largo de su carrera, asegura que solo en dos ocasiones se han puesto en contacto con él organizaciones interesadas en regularizar el uso de sus fotografías y remunerarlo. «Los conflictos relacionados con los derechos de autor son habituales y muy pocas personas toman la iniciativa de pedir autorización o comprar los derechos antes de utilizar una obra artística», señala.
Estos testimonios reflejan un problema que va más allá del desconocimiento de la normativa. Los creadores también necesitan poder detectar los usos ilícitos de sus obras, hacer valer sus derechos y obtener una remuneración acorde con el trabajo realizado.
En el sector musical, las dificultades afectan tanto al registro de las obras como al cobro de los derechos. Nada Azhari, cantante y compositora, denuncia unos procedimientos que considera complejos y poco adaptados a la realidad del sector. Entre ellos, menciona la exigencia de presentar un certificado de emisión radiofónica para registrar una canción ante la Oficina Marroquí de Derechos de Autor y Derechos Conexos (BMDA).
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Según explica, algunas emisoras que no pagan los derechos correspondientes se niegan a expedir este documento. Esto impide a los artistas registrar sus canciones en Marruecos y los lleva a recurrir a entidades extranjeras, como la Sociedad de Autores, Compositores y Editores de Música (SACEM).
La cantante también denuncia la difusión de canciones en cafeterías y restaurantes sin el pago de los derechos correspondientes. «La falta de rigor del sistema actual nos priva de una parte importante de nuestros ingresos», afirma, recordando que las liquidaciones de derechos deberían efectuarse varias veces al año.
La cuestión de fondo es la eficacia de los mecanismos de recaudación y distribución de los derechos, fundamentales para que los artistas puedan vivir de sus creaciones.
Reforzar la legislación y desarrollar la oferta legal
Para Elias Khrouz, abogado y doctor en Derecho de la Propiedad Intelectual, la cumbre permite intercambiar buenas prácticas entre Marruecos y Estados Unidos, especialmente en la lucha contra la piratería y en la estructuración de las industrias creativas. Aunque observa una creciente concienciación en Marruecos, considera necesario seguir avanzando. «Para continuar progresando, debemos reforzar las sanciones y, al mismo tiempo, desarrollar la oferta legal», subraya.
También defiende la necesidad de reformar la legislación, modernizar los procedimientos administrativos e implicar más al sector privado.
Dalal Mhamdi Alaoui, directora de la BMDA, considera igualmente que la piratería es el principal desafío al que se enfrentan los creadores. Destaca el refuerzo del marco legislativo y de las competencias de control e investigación de la Oficina, especialmente frente a las infracciones digitales.
Asimismo, subraya la participación de los operadores de telecomunicaciones y de las autoridades reguladoras en el bloqueo de contenidos difundidos ilegalmente. «En cuanto se detectan indicios de piratería digital, pueden adoptarse de inmediato medidas cautelares para bloquear la difusión ilegal de los contenidos», explica.
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Esta evolución cobra especial importancia ante el Mundial de Fútbol de 2030, que Marruecos organizará conjuntamente con España y Portugal. La protección de las retransmisiones deportivas constituye un reto fundamental para los operadores audiovisuales y los titulares de derechos, mientras las prácticas de piratería, especialmente a través de la televisión por protocolo de internet (IPTV), siguen planteando problemas.
Convertir la propiedad intelectual en un motor económico
Para Hicham Abkari, director de Artes del Ministerio de Juventud, Cultura y Comunicación, la protección de la propiedad intelectual debe ir más allá del ámbito jurídico y convertirse en un eje transversal de la estrategia nacional de apoyo a las industrias culturales y creativas. «Las industrias culturales constituyen un activo estratégico para la juventud marroquí, ya que generan empleo y riqueza», afirma.
El responsable insiste en la necesidad de estructurar mejor el sector, apoyándose en el patrimonio cultural nacional y dotando a los creadores de los medios necesarios para exportar su talento.
La propiedad intelectual también representa un ámbito de cooperación entre Marruecos y Estados Unidos. Rasha Abdelmagid, especialista en propiedad intelectual de la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos (USPTO) para Oriente Medio y el norte de África, considera que los vínculos históricos entre ambos países ofrecen una base favorable para compartir conocimientos y experiencia.
A su juicio, la prioridad consiste en sensibilizar a los creadores sobre el valor económico de sus derechos y ayudarlos a transformar sus obras en oportunidades de negocio sostenibles.
Christopher Deutsch defiende el mismo objetivo. Para el cónsul general de Estados Unidos en Casablanca, «una protección sólida de la propiedad intelectual permite transformar el talento creativo en valor económico duradero». Unos derechos claramente definidos, licencias seguras y sistemas fiables de pago de regalías permiten a los creadores rentabilizar sus obras, recibir una remuneración justa y desarrollar carreras profesionales sostenibles.
El diplomático destaca la riqueza del patrimonio creativo marroquí, que abarca desde la música y el cine hasta la artesanía, el diseño y la literatura. Proteger esta creatividad significa, en su opinión, preservar las oportunidades de desarrollo de los artistas y facilitar su acceso a los mercados internacionales.
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El reto ahora consiste en traducir estas ambiciones en cambios concretos para los profesionales. El refuerzo de la legislación, la lucha contra los usos ilícitos, la simplificación de los trámites y la mejora del pago de los derechos figuran entre las principales demandas planteadas durante la cumbre. Todas ellas recuerdan que la protección de la propiedad intelectual no puede medirse únicamente por la existencia de normas jurídicas.
También debe evaluarse por la capacidad de los creadores para hacer valer sus derechos, recibir una remuneración por su trabajo y vivir de forma sostenible de su arte.





