Desarrollo económico. «Tenemos de todo, pero somos pobres»: en Rabat, África no deja de constatar sus incoherencias

La 4.ª edición del Simposio Económico Africano (AES) en Rabat

El 14/07/2026 a las 15h10

A las puertas de un proteccionismo mundial que se intensifica y de un endeudamiento africano cada vez más gravoso, la cuarta edición del Simposio Económico Africano (AES) analiza en Rabat las vías para una transformación estructural en una jornada de debates sin concesiones marcados por el voluntarismo industrial, las promesas de la ZLECAf y las debilidades macroeconómicas.

«Tenemos todo lo que el mundo necesita. Y, sin embargo, somos pobres». Con estas palabras del ministro marroquí de Industria y Comercio, Ryad Mezzour, se inauguraba un foro donde no hubo espacio para la complacencia. Y es que cabe preguntarse si el principal freno al desarrollo del continente es la falta de capitales y los choques externos, o bien una profunda pérdida de confianza de África en sus propias capacidades.

Esta ha sido la hipótesis que ha sobrevolado la cuarta edición del Simposio Económico Africano (AES, por sus siglas en francés), celebrado el pasado 13 de julio en Rabat, la capital marroquí. En la primera mesa de debate se recordó una realidad que los economistas locales llevan décadas señalando: el continente alberga un tercio de las reservas mundiales de minerales críticos y el 60% de las tierras arables sin explotar del planeta, además de contar con una población muy joven; aun así, sigue atrapado en la fragmentación comercial y las deficiencias de gobernanza.

En esta ocasión, el laboratorio de ideas Policy Center for the New South (PCNS) centró los debates en torno al lema «Transformar las transiciones en crecimiento» con un objetivo muy claro: dejar de limitarse a gestionar las crisis y apostar por un cambio de modelo de desarrollo.

En un contexto marcado por la inflación importada, la presión sobre las deudas soberanas y el resurgimiento del proteccionismo global, el simposio contrapuso dos realidades. Por un lado, la visión decidida de un Marruecos que acelera su industrialización a marcha forzada; por otro, las dificultades de una África rica en recursos que todavía busca la salida de su propio laberinto institucional.

Recursos naturales: la gran brecha de desarrollo

TrayectoriaPaís / RegiónRecurso claveAnálisis del simposio
Modelo de éxitoMarruecosFosfatos (68-70% de las reservas mundiales)Valorización a través de fertilizantes, integración en cadenas globales de valor e industrialización de sectores derivados.
Modelo de éxitoBotsuanaDiamantesSólida capacidad institucional, disciplina presupuestaria y un fondo soberano (Pula Fund).
Dependencia extremaRDCCobalto (más del 70% de la producción mundial)Oportunidad para la transición ecológica, pero acompañada de extrema vulnerabilidad, corrupción de las élites y acaparamiento de rentas.
Conflictos e informalidadMozambique (Cabo Delgado), Sahel (países de la Alianza de Estados del Sahel)OroEconomía de subsistencia, predominio de circuitos informales y penetración de grupos armados islamistas que actúan como reguladores y recaudadores de tasas.
Intento de control estatalTanzaniaRecursos minerosNacionalización asimétrica frente a multinacionales con resultados todavía desiguales.
Dependencia persistenteArgeliaHidrocarburos (Sonatrach)Diversificación económica insuficiente y continua dependencia de los ingresos del gas y el petróleo.

Fuente: Intervenciones de Marie-Louise Djigbenou-Kre, Larabi Jaïdi, Elisabeth Grâce Brya y Nicodemus Minde.

El ministro de Industria y Comercio, Ryad Mezzour, optó por la contundencia. Su discurso de apertura, que se asemejó más a una declaración de principios que a un balance de gestión, arremetió contra el discurso del «potencial» que suele condenar a África al inmovilismo. «Tenemos todo lo que el mundo necesita. Y, sin embargo, somos pobres», lamentó, citando a continuación al rey Mohamed VI: «África necesita confianza. No creemos en nosotros mismos, ni en nuestra capacidad para encontrar y aplicar nuestras propias soluciones».

Marruecos ha convertido precisamente esa confianza en el motor de sus decisiones estratégicas. Mezzour recordó el acuerdo de libre comercio firmado y aplicado con la Unión Europea, y rememoró la desmantelación de una emblemática fábrica de neumáticos entre Rabat y Casablanca (que supuso la pérdida de una producción de 150.000 neumáticos anuales y un prolongado plan de despido colectivo) para ilustrar el concepto de la «destrucción creativa» del economista Joseph Schumpeter.

Dos décadas después, el país produce 15 millones de neumáticos al año. La industria del automóvil se ha consolidado como el primer sector exportador del país, generando 260.000 empleos directos y, gracias al efecto multiplicador, cerca de un millón de puestos de trabajo indirectos, lo que representa entre el 8% y el 9% del empleo nacional.

Esta apuesta industrial se ha fundamentado en el desarrollo de infraestructuras, incluso cuando su rentabilidad inmediata era cuestionada. El puerto de Tánger Med, situado en el norte de Marruecos, se construyó en un momento en que el puerto de Casablanca registraba tiempos de espera medios de 38 días (una duración superior al trayecto marítimo entre Shanghái y Gibraltar), logrando transformar por completo la logística de la región.

«Nos decían que el coeficiente marginal de capital (ICOR) era de 8, 9 o 10, y que hacía falta invertir 10 unidades para lograr un punto de crecimiento», ironizó el ministro. «Pero sin este puerto, y sin la autopista Tánger-Rabat, que al principio estaba vacía, nunca habríamos podido crear este ecosistema».

El método marroquí también ha consistido en sortear la corrupción y las trabas burocráticas mediante la creación de «islas» de competitividad; zonas francas exentas de fricciones administrativas para atraer la inversión extranjera. Se trata de un enfoque pragmático que, según Mezzour, evita tener que esperar dos generaciones de reformas institucionales para activar el motor productivo.

La paradoja de las materias primas

El informe de 2026 del PCNS sobre la economía africana, presentado justo antes de la intervención ministerial, analiza con rigor la economía política de los recursos naturales. La principal conclusión es que poseer minerales críticos no garantiza por sí mismo la transformación estructural ni el bienestar social.

Marie-Louise Djigbenou-Kre, especialista principal de estudios y licencias del Banco Central de los Estados de África Occidental (BCEAO), recordó que, aunque el continente concentra más de un tercio de las reservas de minerales críticos del mundo, solo absorbe entre el 6% y el 7% del valor comercial de los intercambios globales. «El 90% de las materias primas se exportan en bruto», señaló.

No obstante, los datos demuestran que esta paradoja admite matices: algunos países consiguen evitar que la volatilidad de los precios internacionales afecte directamente a su economía real. Aquellos que apuestan por la integración regional, diversifican sus exportaciones y crean colchones fiscales logran amortiguar mejor los impactos externos.

La República Democrática del Congo (RDC), que produce más del 70% del cobalto mundial, es el ejemplo claro de las oportunidades que brinda la transición ecológica, pero también del riesgo que entraña la dependencia extrema. En el lado opuesto, Marruecos, que posee el 68% de las reservas mundiales de fosfatos, destaca como un caso de éxito gracias a la valorización del mineral a través de la producción de fertilizantes.

Larabi Jaïdi, investigador principal del PCNS, analizó en detalle la cadena de valor del oro en la provincia de Cabo Delgado, en Mozambique, y en la región del Sahel. «El oro representa una economía de subsistencia totalmente informal, donde el Estado apenas controla los canales oficiales», explicó. La fiebre del oro genera una competencia feroz entre agricultores, ganaderos, mineros artesanales y grupos armados no estatales.

En el sur de África, estas organizaciones armadas no crearon los conflictos originales, pero se han introducido en ellos actuando como fuerzas de regulación, fiscalización y reclutamiento. «Los mecanismos de control estatal se han desmantelado y las mediaciones tradicionales se han visto superadas. Los grupos radicales se imponen ofreciendo protección, arbitraje y financiación», detalló Jaïdi, describiendo lo que denomina «la paradoja del desarrollo africano: la abundancia de recursos frente a la incapacidad para utilizarlos adecuadamente».

La situación en África Central presenta desafíos similares. Elisabeth Grâce Brya, de la Universidad Católica de África Central, recordó las palabras del economista Paul Collier: «los recursos naturales se convierten en trampas cuando las instituciones son débiles». En la RDC, a pesar de la inmensa riqueza minera, la falta de gobernanza y de diálogo con las comunidades locales sigue alimentando los conflictos.

Por su parte, Nicodemus Minde, de la universidad USIU-Africa, insistió en que, en demasiados países, el clientelismo, la corrupción corporativa y el control por parte de las élites desvían los ingresos públicos. Sin embargo, destacó excepciones notables como Botsuana, que cuenta con una sólida capacidad institucional, disciplina fiscal y el fondo soberano Pula Fund, o Tanzania, que ha intentado nacionalizar sus recursos frente a las corporaciones multinacionales. En definitiva, el mensaje es claro: sin una gobernanza sólida y un contrato social transparente, las transiciones verde y digital corren el riesgo de agravar el expolio de recursos.

El Tratado de Libre Comercio, un refugio frente al proteccionismo

El secretario general de la Zona de Libre Comercio Continental Africana (ZLECAf), Wamkele Mene, aportó una perspectiva estratégica sobre la integración. «En África conviven 42 monedas distintas, lo que genera un coste anual de cerca de 5.000 millones de dólares en costes de conversión, pérdida de competitividad y destrucción de empleo enfocado a la exportación», advirtió. Sin embargo, 50 países ya han ratificado el acuerdo, lo que supone un hito político y jurídico hacia la creación de un mercado único de 1.400 millones de personas y un PIB conjunto de 3,4 billones de dólares.

Mene elogió el papel de Marruecos y Egipto como los principales impulsores de esta integración en el norte de África. En 2024, el comercio intraafricano creció un 12,4% hasta alcanzar los 220.000 millones de dólares, situando a la región como una de las pocas del mundo que supera la media global de crecimiento comercial.

Frente a la incertidumbre sobre el futuro de acuerdos comerciales como la Ley de Crecimiento y Oportunidades para África (AGOA), impulsada por Estados Unidos, que amenaza con dejar desprotegidos a exportadores de textil como Lesoto (con ventas de 280 millones de dólares al mercado estadounidense) o Kenia, la ZLECAf se perfila como «una hoja de ruta para las reformas estructurales», según defendió Mene.

Entre las herramientas puestas en marcha destacan el Sistema Panafricano de Pago y Liquidación (PAPSS), que facilita las transacciones en monedas locales; el Fondo de Ajuste de la ZLECAf, dotado con más de 1.000 millones de dólares aportados por el Banco Africano de Desarrollo; y la Iniciativa para la Industrialización Verde de África, que ha canalizado compromisos de inversión por valor de 100.000 millones de dólares a través de bancos comerciales e instituciones financieras de desarrollo.

Este impulso político contrasta, sin embargo, con el déficit crónico en infraestructuras de transporte y logística, cuyas necesidades de financiación anuales se estiman en 150.000 millones de dólares.

Integración regional: ¿quién avanza y quién retrocede?

GrupoPaís / RegiónPosicionamiento ante la ZLECAfPrincipales retos y amenazas externas
Líderes norteafricanosMarruecos, EgiptoPaíses que aprovechan de manera más activa las ventajas del mercado único continental.-
Exportadores expuestos a la AGOALesoto (280 M$ en textil), Nigeria, Angola, Sudáfrica, KeniaAlto riesgo de perder el acceso preferencial al mercado estadounidense; necesidad estratégica de reorientar sus exportaciones hacia el continente.Incertidumbre regulatoria sobre la AGOA y posibles barreras arancelarias.
Iniciativas estructuralesKeniaLiderazgo de la Iniciativa para la Industrialización Verde de África y movilización de 100.000 millones de dólares.-
Desafío común continentalTodo el continenteFragmentación de pagos (42 divisas con un coste de 5.000 millones de dólares anuales), altos costes logísticos y falta de financiación.Necesidad de inversión en infraestructuras estimada en 150.000 millones de dólares al año.

Fuente: Discurso de Wamkele Mene, secretario general de la ZLECAf.

La sesión plenaria dedicada a la gestión de precios, tipos de cambio e interés reflejó la tensión del continente entre el rigor técnico y la viabilidad política. Un sondeo interactivo realizado entre los asistentes reveló que la presión del servicio de la deuda externa se percibe como la mayor amenaza para la estabilidad macroeconómica, por delante de la inflación importada y de la volatilidad financiera.

Chukwuka Onyekwena, director ejecutivo del Centre for the Study of the Economies of Africa, rechazó la idea de analizar el continente como un bloque uniforme: «el principal canal de transmisión de las crisis externas es el tipo de cambio, que acaba trasladándose a la inflación. Aquellos países con ingresos exteriores diversificados, bancos centrales creíbles y reservas de divisas sólidas absorben mucho mejor los impactos».

Bajo su punto de vista, los países de la zona franco deben priorizar la credibilidad de su tipo de cambio fijo; las economías que aplican políticas de objetivos de inflación (como Uganda, Kenia o Tanzania) deben mantener el rumbo; los reformadores recientes en situación de crisis (como Nigeria, Egipto, Etiopía o Ghana) tienen que centrarse en estabilizar la inflación y reconstruir sus reservas; los Estados en situación de conflicto (como Sudán, Libia o Sudán del Sur) requieren estabilidad política antes de implementar cualquier política monetaria; y Botsuana se mantiene en una posición de solidez gracias a la fortaleza de sus instituciones.

Hassan Hachimi Alaoui, profesor de la Universidad Ibn Zohr, señaló que la inflación que afecta al continente es principalmente de costes e importada, estando cada vez menos vinculada a los ciclos económicos internos. A pesar de ello, muchos bancos centrales han optado por elevar los tipos de interés, en ocasiones por simple mimetismo con las economías occidentales.

Ante la resistencia de los gobiernos a asumir el coste social de un endurecimiento monetario estricto, la política fiscal ha asumido el control mediante subsidios financiados con deuda interna. «Esta estrategia ha provocado un incremento de las primas de riesgo soberano y, en la práctica, ha generado una restricción monetaria impuesta por los mercados financieros y no por el propio banco central», explicó, definiendo esta situación como una «dominancia fiscal encubierta». Asimismo, propuso aplicar una política monetaria «asimétricamente contracíclica», que sea rigurosa durante los periodos de sobrecalentamiento y expansiva en las fases de desaceleración para reactivar el crecimiento.

El ex vicegobernador del Banco Central de Nigeria, Kingsley Moghalu, aportó un testimonio directo sobre la gestión institucional: «la independencia de los bancos centrales ha mejorado sensiblemente desde la década de 1990, pero la presión de los ministerios de finanzas sigue siendo enorme. El principal problema de la gestión macroeconómica en África no reside en las autoridades monetarias, sino en las decisiones políticas que condicionan la gestión fiscal». Moghalu recordó cómo un gobernador del Banco Central de Nigeria fue cesado seis meses antes de concluir su mandato por discrepancias políticas, siendo sustituido por un perfil político que convirtió la entidad en una «máquina de emitir dinero» y en un instrumento de financiación estatal.

Entre los años 2015 y 2023, la economía nigeriana sufrió un grave retroceso. «Cuando los responsables políticos acudían a las reuniones, se referían a nosotros con ironía como la “República del Banco Central”», recordó. Para Moghalu, el desarrollo económico debe sostenerse sobre cuatro pilares fundamentales, donde las medidas macroeconómicas ocupan el último lugar: una filosofía clara de desarrollo, solidez institucional, formación de capital humano y, finalmente, política macroeconómica.

Pierre Nguimkeu, director de la iniciativa de crecimiento africano de Brookings, coincidió en la urgencia de transformar la estructura de financiación. «La volatilidad financiera no es solo un problema de flujos de capital; refleja un modelo de desarrollo muy expuesto a la deuda en moneda extranjera mientras se desatiende la financiación de los sectores productivos locales».

Abogó además por el desarrollo de mercados de capitales en moneda local, una mayor recaudación de recursos propios que vaya más allá de la presión fiscal tradicional y una integración financiera de carácter regional que sirva de apoyo a la ZLECAf. La flexibilidad cambiaria, advirtió, debe ser gestionada y no automática para proteger la inversión industrial.

El simposio de Rabat ha servido para delimitar con claridad las dos corrientes que conviven en el continente. Por un lado, países como Marruecos, Botsuana o Kenia, que apuestan por la planificación a largo plazo, la estabilidad institucional y la apertura comercial para convertir la transición económica en una ventaja competitiva. Por otro, grandes productores de materias primas como la RDC, Nigeria o los países del Sahel, donde la riqueza mineral sigue alimentando tensiones sociales, la inestabilidad macroeconómica y dinámicas de extracción debido a la debilidad de sus estructuras estatales para regular, recaudar y redistribuir la riqueza.

Como resumió el ministro Mezzour, «África necesita confianza». Los debates de este foro evidencian que esa credibilidad no se obtiene por decreto: se consolida con reformas estructurales sólidas, infraestructuras que miren más allá de la rentabilidad a corto plazo y bancos centrales cuya independencia sea respetada por los gobiernos. La hoja de ruta está trazada; la clave radica en qué países mantendrán la determinación para seguirla.

Dos velocidades ante la vulnerabilidad económica

CategoríaPaíses de referenciaDiagnóstico del simposioRecomendación estratégica
Casos institucionales de éxitoBotsuanaSólida capacidad institucional, disciplina fiscal y una gestión eficiente a través del fondo soberano Pula Fund.Preservar y potenciar las soluciones institucionales existentes.
Reformadores con objetivos de inflaciónUganda, Kenia, TanzaniaCredibilidad monetaria consolidada y marcos regulatorios estables.Mantener las políticas vigentes y resolver las ineficiencias estructurales.
Reformadores en situación de crisisNigeria, Egipto, Etiopía, GhanaFuerte devaluación de sus divisas, tensiones inflacionistas y presión sobre las reservas de moneda extranjera.Priorizar la estabilización de precios y recomponer las reservas internacionales.
Países de la zona francoEstados de la zona CFAEstabilidad del tipo de cambio fijo y credibilidad institucional en juego.Mantener la credibilidad del anclaje cambiario existente.
Estados en situación de conflictoSudán, Libia, Sudán del SurInestabilidad política e incapacidad de gestión por parte del aparato estatal.Restablecer la paz y la seguridad como condición previa a cualquier reforma monetaria.
Economías con fuerte devaluaciónNigeria, Egipto, Angola, Sudán del SurFuertes tensiones en los tipos de cambio y alta dependencia de la inflación importada.-

Fuente: Intervención de Chukwuka Onyekwena, director ejecutivo del Centre for the Study of the Economies of Africa.

Por Modeste Kouamé y Said Bouchrit
El 14/07/2026 a las 15h10