Según un análisis publicado por el diario británico Financial Times y retomado por varios medios españoles, compañías chinas han anunciado inversiones cercanas a los 6.000 millones de dólares en Marruecos desde el inicio de la pandemia, especialmente en sectores considerados estratégicos como las baterías para vehículos eléctricos, los componentes de automoción y las energías renovables.
La evolución está siendo observada con creciente atención desde Bruselas, donde las instituciones europeas temen que parte de la industria china utilice Marruecos para producir bienes destinados al mercado comunitario, reduciendo así el impacto de las restricciones comerciales europeas sobre determinados productos chinos.
Marruecos gana peso como plataforma industrial
El interés de los grupos chinos por Marruecos se explica en gran parte por la posición geográfica del Reino, situado a pocos kilómetros de Europa y conectado mediante múltiples acuerdos comerciales internacionales.
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A ello se suman unos costes laborales competitivos, incentivos fiscales y una infraestructura logística cada vez más potente, encabezada por Puerto Tanger Med, convertido ya en uno de los grandes hubs comerciales del Mediterráneo y África.
Para Rabat, la llegada de capital chino representa además una oportunidad estratégica para acelerar su industrialización y consolidarse como un actor clave dentro de las cadenas globales de suministro, especialmente en sectores ligados a la transición energética y la movilidad eléctrica.
Bruselas teme una nueva vía para eludir restricciones
Sin embargo, varios analistas citados por el Financial Times advierten de que el auge de estas inversiones podría convertirse en un nuevo desafío para la política industrial europea.
La principal preocupación reside en que productos respaldados por subvenciones estatales chinas puedan acceder al mercado europeo a través de terceros países como Marruecos, aumentando así la presión competitiva sobre los fabricantes europeos, particularmente en el sector del vehículo eléctrico.
El debate llega en un momento especialmente sensible para Europa, marcada por la creciente rivalidad económica entre China y Occidente y por la voluntad de la Comisión Europea, presidida por Ursula von der Leyen, de reforzar la autonomía industrial europea en sectores estratégicos.
Pese a ello, numerosos expertos consideran que el auge industrial marroquí también puede abrir nuevas dinámicas de cooperación económica entre ambas orillas del Mediterráneo, en un contexto en el que Europa busca igualmente acercar parte de sus cadenas de producción a mercados próximos y estables.
