Era de esperar. El 11 de octubre, la Dirección General de Seguridad Nacional de Argelia anunció el desmantelamiento de una «red criminal internacional marroquí» integrada por 61 personas, «extremadamente peligrosas», que supuestamente se disponían a cometer «actos de sabotaje».
Como señaló Le360 al día siguiente, el comunicado parecía sacado de una novela barata. Los sospechosos habrían llegado en avión a Túnez, entrado clandestinamente en Argelia por los escarpados senderos y los bosques de El Kala y atravesado después todo el país hasta llegar a Orán. No se precisó la fecha de las detenciones, más allá de «principios de octubre». Tampoco se identificaron objetivos ni se presentó un plan. No había ni una sola arma. Como únicas pruebas, pasaportes marroquíes y algunos billetes en dirhams y euros. Incluso la AFP señaló con sobriedad que la policía «no ha dado detalles sobre las acciones» supuestamente planeadas.
Imágenes de espaldas y pasaportes sobre una mesa
Faltaba ponerle rostro a la conspiración. Y fue entonces cuando el guion empezó a hacer aguas. La agencia de propaganda argelina APS publicó primero una fotografía en la que aparecían decenas de hombres de espaldas, rodeados por agentes de la Brigada de Investigación e Intervención, frente a una mesa cubierta de pasaportes y teléfonos. Después, la televisión pública difundió algo más de un minuto de imágenes similares. Según France 24, estas imágenes parecen auténticas. La cadena añade que reproducen una «puesta en escena utilizada habitualmente» por las autoridades argelinas para celebrar sus operaciones policiales. Sesenta y un hombres de espaldas y una mesa llena de pasaportes: esas eran las pruebas de una red internacional de sabotaje.
Después llegaron las otras imágenes, las que revelaban mucho más. Decenas de hombres arrodillados, con la cabeza agachada y las manos atadas a la espalda, rodeados por fuerzas especiales. En otra fotografía, tomada desde un ángulo diferente, aparecían la mesa, los pasaportes, los teléfonos y el dinero en efectivo. Según la investigación de RFI, difundida por France 24 en el programa «Info o intoxicación», las imágenes habían sido generadas mediante inteligencia artificial, tal como demostró la herramienta de detección SynthID de Google. Y no circularon únicamente por las redes sociales. Dos diarios nacionales argelinos, L’Écho d’Algérie y La Nouvelle République, las publicaron para ilustrar el caso, sin añadir siquiera un pie de foto.
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Conviene medir el alcance de esta confesión involuntaria. El relato oficial era tan pobre que quienes debían transmitirlo necesitaron adornarlo. Nadie fabrica fotografías falsas para ilustrar un caso sólido. Se recurre a ellas cuando las imágenes reales no muestran nada.
El dahduhismo, manual de instrucciones
Nada de esto es nuevo. En Argelia incluso existe una palabra para designar este tipo de montaje: el dahduhismo. El término procede de Abou Dahdouh, el «terrorista arrepentido» exhibido en la televisión pública en junio de 2021, pocos días antes de unas elecciones legislativas boicoteadas por los votantes. Ante las cámaras, confesó una conspiración del MAK y de Rachad contra el Hirak. Condenado a veinte años de prisión, fue absuelto en 2024. El mismo guion volvió a representarse en agosto de 2024, en vísperas de las elecciones presidenciales, con las «revelaciones» de otro terrorista que supuestamente pretendía sabotear la reelección de Tebboune. Y se repitió en julio de 2026, después de unas legislativas con una participación del 20,79%, según las cifras oficiales, con seis «miembros del MAK», cuatro de ellos marroquíes, cuyas «confesiones» se difundieron un mes más tarde.
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Los 61 detenidos en Orán se incorporan a esta misma serie, con un reparto más numeroso y un presupuesto para efectos especiales aún más reducido. Los ingredientes no cambian: un enemigo exterior, preferiblemente marroquí; una conspiración sin detalles; una puesta en escena televisiva y un calendario cuidadosamente elegido. Como ya señaló Le360, el Consejo de Seguridad debe pronunciarse en las próximas semanas sobre el Sáhara. El siguiente episodio ya está escrito: rostros difuminados, frases aprendidas de memoria y Marruecos señalado como responsable.
¿Migrantes en lugar de saboteadores?
Una fuente oficial en Rabat, consultada por Jeune Afrique, habla de «una invención». Según esta fuente, los detenidos serían migrantes que simplemente intentaban llegar a Europa, convertidos en miembros de un comando para satisfacer las necesidades propagandísticas del régimen. La hipótesis encaja con todos los elementos del comunicado: el paso por Túnez, los senderos de montaña, los pasaportes, los euros en los bolsillos y la ausencia total de armas. Pero tiene, sobre todo, un defecto insalvable a ojos de Argel: no sirve para obtener rédito político.
Lo más preocupante sigue siendo el destino de estas 61 personas, detenidas sobre la base de un relato que la propia prensa del régimen ha tenido que retocar. Tienen derecho a un abogado, a un juicio justo y a la protección consular de su país. Estos derechos no dependen de la calidad del guion ni de los efectos especiales.
El régimen argelino quería una película de guerra. Ha producido un telefilme mediocre que ni siquiera sus propios periódicos han considerado suficientemente convincente como para mostrarlo tal cual.
